Capítulo 5: Complicaciones al llegar
POV MAGALÍ
Todo el vuelo fue un viaje aparte en mis pensamientos. Trayendo todo lo de mi pasado a mi memoria, bueno, casi todo.
Escucho el altavoz en el avión anunciando que hay que abrocharse los cinturones ya que éste está por aterrizar.
¡¡Genial!!
Ya está próximo mi destino.
Hago lo que dicen, no sea cosa que me pase algo por no acatar órdenes. Me persigno, aunque no soy muy devota, pero en algo hay que confiar en este momento.
Desciendo del avión cuando lo indican y con mi bolso en mano camino por el pasillo donde las perdonas levantan la maleta, una que yo no traje, porque no tenía que poner en ella.
Aprieto la manija de mi bolso y levantó la cabeza en busca de quien según Viky, vendría por mi. Pero algo me detiene
- Disculpe señorita, hay que hacerle unas preguntas antes de que ingrese a éste país. - Levanté la mirada y me encontré con un hombre vestido en un uniforme azul y una presencia intimidante. Empiezo a temblar ¿Y ahora qué? ¿Qué está pasando?. Lo quedo mirando en silencio y estoy segura de que notó el estado en el que me encuentro. - Pase con el oficial de migración que la debe interrogar - Vuelve a hablar.
No puede ser.
¿Por qué a mi?
¿Entre ciento de personas que venían en este vuelo y las otras miles que entran al aeropuerto, me tienen que interrogar a mi?
- Por aquí - Me señala un pasillo con el brazo, por el cual empiezo a caminar.
Mis nervios me van a traicionar en cualquier momento y voy a terminar colapsando si no me tranquilizo. - Es aquí - Abrió una puerta y se puso de costado para que yo entrara primero que él.
Me ofrece sentarme en una silla, pero de los nervios que tengo no lo puedo hacer.
- En un momento viene mi compañero. - Dijo y con eso se retiró del lugar, cerrando la puerta cuando salió.
¡Mierda!
Creo que estoy en problemas.
Pasa un tiempo que a mi parecer fue un siglo. Yo miro para todos lados, inspeccionando el lugar, solo hay una mesa, dos sillas y paredes blancas, muy blancas.
- Buenas tardes - Una voz ronca y calmada me saca de mi observación
- Buenas tardes - Respondí
- Puede tomar asiento - Asentí en su dirección y me senté - ¿Usted sabe por qué está aquí? - Lo pensé un momento
- Porque su compañero me dijo que viniera - Es lo que es
- Si, eso sí, pero sabe la razón
- La verdad es que no lo sé oficial. -
- Bien. - Se enderezó y sentí que crecía una enormidad, sintiéndome muy intimidada. Él hombre ya es grande y ancho, más esa postura lo hizo ver enorme. - ¿Qué la trae a este país? - Al ver que yo no contestaba siguió - ¿A qué viene? - Nada no me salían las palabras - ¿Con cuanto dinero ingresa? - ¿Es en serio? No tengo ni un peso, pero siento que si digo eso me hundiría. - ¿Cuánto trae? - Siento que me está preguntando dos veces lo mismo. - ¿Hacia donde se dirige? - Nuevamente silencio, estoy como en shock y siento que éste señor me está intentando presionar por mi mudez. - ¿A dónde se va a alojar? - definitivamente todas sus preguntas son dobles - No me convence la tengo que deportar - ¿Qué? ¿Qué es lo que no le convenció de mi? ¿Mi silencio?.
De repente me surge la convicción de que no me puedo volver a mi país, no puedo permitir que me deporten. Estoy mentalizada, y aunque siento que las lágrimas se me acumulan detrás de los ojos, no me puedo poner a llorar. Me pongo de pie y lo miro a los ojos, con una confianza que no sé de dónde me salió
- Soy turista - Dije y le sonreí de forma muy natural. Me observó por un eterno instante. Mientras él pensaba yo me encomendaba a todos los dioses habidos y por haber.
- Está bien - Silencio - Puede usted pasar. - Agradecí y salí de allí como alma que lleva el diablo.
¡¡ Carajo!!
Eso estuvo cerca
Camino apresurada nuevamente hasta la salida, cruzandome con el agente que me llevó hacia la habitación donde me interrogaron, éste me mira con un asentimiento de cabeza y una sonrisa.
No lo entendí y tampoco me importa. Lo único que necesito es salir de aquí.
Camino tan rápido que no noto cuando alguien me llama
- Magalí, Magalí, ¿Eres tú? - Giré cuando sentí una mano sobre mi hombro. No otra vez no, pensé - Magalí, soy Isabella - ¿Isabella?. A si la amiga de Vicky. La miré y es realmente bonita, tiene una cabellera negra azabache, unos ojos tan oscuros como su pelo, una piel blanquecina y un cuerpo de infarto, definitivamente muy bella.
- ¿La amiga de Vicky? - pregunté para asegurarme
- La misma - Me habló con una sonrisa sincera. - Te tardaste mucho - Me aclaró, dándome un beso en la mejilla, no le pongo dudas a mi demora, la verdad es que no controlé el tiempo
- Si supieras - Suspiré, está mujer ya me cae bien y eso que es la primera vez que la veo.
- El camino hasta nuestro destino es bastante largo, así que tengo todo el tiempo para escucharte
- OK, te cuento entonces - Dije y comenzamos a caminar hasta llegar a un taxi. Nos subimos, y ahí empecé mi relato.
Le conté porque demoré en salir de la zona de desembarque y ella negaba ante mis palabras. Tal parece que no estaba sorprendida.
- Hace mucho te dedicas a esto? - Pregunté después de un rato de silencio
- Esto tiene nombre. - Dijo - Si, hace bastante tiempo que me prostituyo - No me gusta esa palabra, a pesar de que estoy consciente de que eso es exactamente a lo que vengo.
- ¿Por qué lo haces?
- Al principio necesidad y luego - Pareció pensarlo - Me acostumbré
- Yo no quiero acostumbrarme - dije negando con la cabeza
- Tu situación es distinta, tienes por quien volver - La miré con los ojos agrandados. No quiero que nadie nunca nombre a mis pequeños
- ¿Qué es lo que sabes?
- Oh, nada, solo que tienes por quien volver. Eso fue lo único que dijo Vicky - La miré de manera inquisitiva, pero parece que estaba diciendo la verdad
- Está bien. - Dije y miré por la ventana para notar que el auto se estaba deteniendo
- Llegamos - Nos bajamos, no sin antes de que Isabella le pagara al taxista - Bienvenida a tu nuevo hogar - A pesar de que voy a vivir aquí, no lo quiero sentir como mi hogar, ese está en mi pequeño país, junto a mis niños.
La casa es muy linda por fuera, parece bastante antigua.
Al entrar visualicé varias habitaciones y una escalera, lo que indica que hay más habitaciones en la segunda planta
- ¿Quiénes viven aquí? - Pregunté
- Las que trabajan para Javier y no tienen donde quedarse - Contestó con obviedad
- ¿Quién es Javier?
- El jefe - Dijo sonrojandose. ¡¡¡Raro!!!
- ¿Tú vives aquí?
- Generalmente no, pero igual tengo mi habitación. - Asentí - Estos días me quedaré por ti. Vicky me pidió que no te dejara sola - Volví a asentir
- ¿Cuándo comienza el trabajo? - No quería comenzar nunca, pero a su vez deseaba hacerlo ya.
- Mañana te llevaré con Javier y él te lo dirá - Eso me dejó un poco tranquila, ésta noche dormiré sin inquietarme.
Me acompañó hasta una puerta marrón oscura y la abrió mostrándome su interior. Era de un buen tamaño, tenía una cama supongo de una plaza y media, con dos mesas de luz, una a cada costado y un ropero.
- Ésta es tu habitación - Asentí y di un paso al frente - Hay cuatro baños, dos en este piso y dos en el de arriba, nos turnamos para bañarnos - volví a asentir.
- ¿Dónde están las demás? - Pregunté cuando ya estaba dentro y con la puerta cerrada, me pareció extraño no ver a nadie
- Están trabajando
- ¿Es que no trabajan solamente en la noche?
- Ah, si que no hay un horario fijo. Pero no te preocupes por eso mañana te lo explico bien. Hoy solo acomoda tus cosas y descansa. - Apoyé mi bolso sobre la cama y ella me miró con una seña alzada
- ¿Dónde está tu maleta? - Al ver mi cara agregó - ¿No me digas que eso es lo único que trajiste?
- No te lo digo entonces. - Me encogí de hombros. Se sonrió y negó con la cabeza.
- Bien, eso lo vamos a tener que arreglar
- No tengo como - Dije suponiendo a que se refería
- De eso me encargo yo. - Se dio la vuelta para salir
- Vamos que te voy a mostrar la cocina. - Caminé detrás de ella, hasta llegar a una muy amplia cocina. - Aquí cada quien se cocina, así que ésta noche ya empezarás a preparar tu propia comida - Si supiera que no tengo ni con que comparar lo necesario para comer.
- Como te tengo confianza, aunque no te conozco. Entre nosotras dos compartiremos los gastos y las comidas. - Asentí sin pensarlo dos veces. - Mis cosas están aquí- Dijo abriendo un mueble con víveres y señalando una parte de la heladera, donde habían más. - Hoy cocina lo que tu quieras y solo para ti - le iba a preguntar ¿por qué?, pero ella agregó - Hoy no vuelvo, pero prometo que será la última vez, por lo menos hasta que te adaptes.
Después de un rato, nos despedimos, ella se fue a trabajar y yo me dispuse a cocinar y a llamar a mis pequeños y mi mamá, para avisarles que ya había llegado y que estaba bien.
Luego de una extensa charla con los míos, comí lo que preparé y luego me fui a la cama, muy cómoda por cierto.
Hoy será mi única noche de descanso, pensé y con eso me quedé dormida.