El día en el cual Tobías fue junto a Koran y un equipo de alrededor de tres hombres más a ver a su madre según la ubicación establecida de esta, el primero no salía de su trance. Desde las líneas en la carta que le envió, que ni siquiera fue capaz de hacerle una llamada para confirmarle lo acontecido, su estado de ánimo había decaído lo suficiente como para no querer hacer nada más que pensar en qué haría luego para salir de la depresión tan grande en la que se adentró desde la adolescencia cuando comprendió que su madre no volvería, aunque lo deseara todas las noches a un mismo Dios del cual no estaba aseguro de su existencia. Las pistas entonces que halló en la cafetería no eran suficientes como para moverlo, ni siquiera cuando Margaret no lo contactó los días siguientes. Tampoco tenía

