Casualidades

632 Words
En una mañana fría de otoño, bajo un cedro casi al final de su forraje, estaba en sus pies una bella dama de pelo rojo, nariz respingada, no muy ancha tampoco muy delgada, estatura casi promedio, le faltaban unos cm, tierna mirada, alma encerrada gritando a capela, leyendo su libro “El banco y sus cuentas” mirando el capítulo “Fajos, Alpargatas y Monedas”. Frente a ella pasa un muchacho, lejos de ser rudo y fuerte parecía un fantasma delgado, carácter explosivo, autoestima en los cielos, sonrisa encantadora, pues nada una persona fuera de su época.   Era tarde en la mañana casi llegando al mediodía, allí estaba sola ella, él se acerca –por favor hermosa dama me puede decir que hora lleva-, lo mira completo –hay niño que intenso te pones-, le dijo ella. Falla la estrategia pero no se rinde y mediante una reflexión logra cambiar esa primera impresión tan fea. Comienzan juntos un debate, se entiende y comprenden, puntos de vistas resuenan, ellas con sus malas experiencias el entendiendo por donde llegar más rápido al ojo de la tormenta. Caminan juntos, llega la sorpresa, lo que no se espera que la hagan siempre caminar por dentro de la acera. Todo un caballero y siempre atento a un detalle, como sacar la sonrisa de la reina y folla su corazón en cada latir de su mirada tierna. En un bar tarde en la noche después de tanto caminar, terminan los dos de conocer los despechos que enfrentan, confianza de poco tiempo, destiempo en segmentos, fluye en alcohol las sonrisas y los sentimientos, provoca el baile, dándole el toque de perversidad al momento. No se planificó esa noche, ambos sedientos de placer y tocando las notas de sus cuerpos llegan envueltos de deseos a la habitación de un motel. Entran por la puerta abrazados en besos y miradas, los dos se ponen de acuerdo, cosa de una noche y de un momento, algo lindo en la casualidad entre los dos aclaran. Cogen el vino de la neverita, brindan a su salud en copas de cristal templada, música romántica de fondo y ambientada, dos cuerpos locos por placer, el recto y ella toda mojada, un cuerpo hermoso, no perfecto, pocas curvas, pocos pechos, nada extraordinario ni fuera de lo común, pero es única, tan sencilla como pervertida, descerebrada, ella está ahí sentada sobre la cama esperando con mirada de querer ser penetrada, con el calor de las manos y el tacto de su mirada. Su mente adicta, comienza con los ojos a vacilarla, ella ardiente en deseos, lo agarra por el cuello y pone su v****a y nalgas casi desnudas en su cara, reina en la calle, dama en un bar, pero en la cama la peor de las diablas.  -venimos a hacer el amor- dice ella en tono calmada y el relaja sus demonios que casi le arrancan a mordidas el alma. Miradas tan pervertidas como serena, la boca en venus y ahí se queda, labios húmedos, sin recubrimiento, cerradito, parece de virgen, aprecian la mirada y el cerebro, siendo los labios los que hablan con el estrecho. Las manos sobre su cabeza, agarra con fuerza, al punto de introducir hasta la nariz, casi en el orgasmo, gime pero no grita, se retuerce pero no chilla, está en el punto llegando al clímax, se corre…. y él la mira.  Sube poco a poco, su cara yace llena de un orgasmo en fluidos, la lengua hasta los montes, las manos a los lados de la cara, ella con sábanas limpia, se enfoca en sus ojos, lo toca, lo palpa, lo siente y mirándolo fijamente le dice, -amor quiero ser penetrada-. Demonios, chispas y centellas, salieron hasta lágrimas, pero usted querido lector imagínese lo que paso en esa cama.
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