Recuerdos de aquella vez

1083 Words
Recuerdo que me llamaste para irte a recoger y estar contigo un rato a solas, tuvimos ese encuentro que yo ansiaba y tu me cediste para conocer más, estuvimos juntos viendo como las olas del mar chocaban contra un muro y en un abrazo, tu cabeza fue a mi pecho para escuchar lo que te tenía que decir mi corazón. Todo fue un momento hermoso tu y yo y solo nos acompañaba el agua, la brisa que hacia ondear tu pelo rojizo, refrescando tu piel morena. Nos fuimos en besos, deseos, pasiones e intentábamos jugar con el tiempo, tus historias mis payasadas, - mi vida yo te quiero - se me va esa frase y tu mirada, compenetra la mía.  Punto muerto de un silencio inesperado, tu mirada acude a la mía en busca de una respuesta furtiva que haga sentir rechazo, pero solo encuentra el deseo de que esas palabras se vuelvan hechos, ahí estabas tú sedienta por otro beso, dispuesta a querer más en un abrazo, distanciamiento social no separaba nuestros cuerpos, las medidas de una pandemia eran reglas pasadas, querías lo mismo que yo, no solo un momento querías consumir cada segundo en besos, de esos que te mojan la piel, te sudan los labios, te abren el corazón y se cuela un corsario, de eso en los que quieres montar en un corcel, mojando los pies en agua de mar y sentir solo placer, de esos en los que vas corriendo a los brazos de otros, por toda la arena, saltando en ellos y que las miradas terminen en eso y ya que esto está demasiado intenso. No querías, pero pasó terminamos los dos de la mano caminando hacia un nuevo destino, tu cuerpo y el mío caminando a la par tus pies andaban más rápido para coger el paso, nos esperaba una pequeña habitación, no lo sabía pero ya la imaginaba, sábanas tendidas una cama sencilla, tu, yo las paredes, el momento, el tiempo cálido con matices gélidos, estamos en el punto del deseo, queremos, ya es hora de que de nuestros cuerpos se extingan las prendas que lo cubren, te agarro de la mano estábamos solos, te robo un beso, sorpresa, agarro tus nalgas, tu cuello, mis manos, mi pene erecto, tu cuerpo prendido en fuego, tus manos me la sacan, no estábamos apurados pero si desesperados, tanto nos hemos visto, que solo quieres que te penetre como estaca en vampiro para que te quedes quieta mientras que te doy como clavo recibe de martillo, como quiera en cuatro, sin manos, con fuerza agarrándote el pelo, poniendo tu cara en la almohada, quieres v***a lo grita tu mirada, pero no aún no, aprovechemos el momento, apenas empezamos y solo estamos al borde de lo que se conoce como una habitación en llamas en pleno apogeo. En ese momento nos daba lo mismo la ropa que teníamos puesta, yo con una camisa, la cual de una sola me desgarras dejando todo mi pecho al descubierto y tus manos recubriendolo,  con un solo botón en pie, a tu blusa le pasa lo mismo, lo que yo soy aún más tosco, quitándotela completa, te tiro sobre la cama, tus ojos expresan la mirada de que me van a meter lo último sin derecho a reclamación, sin pedir mi consentimiento, te dispones solo a dejarme seguir y ver que llego a hacer. Me ubico sobre la abertura de tu zaya, separando el tanga de tu voluptuoso y delicioso clítoris, dándole unas mordidas suavecitas para ver tu reacción, totalmente favorable al tacto de mis dientes, pasando a introducir mi lengua en tus ya mojados labios, una mano pasa a tu pecho la otra, a mi pene pajeandome rico mientras disfruto del sabor de tu deliciosa v****a, la cual saboreo desde sus inicios hasta su trasfondo y mmmm qué rico aún tengo su sabor en cada porción de mi lengua. Tu boca no pide más que -metela, no aguanto más quiero toda tu v***a dentro de mi, deseo bailar en ese tubo recto lleno de venas que te tocas con las manos, la quiero puto dentro, quiero pinga no quiero más manos ni lengua-. Acudiendo yo a los placeres de mi reina la empotro y emputo en un misionero recorriendo toda la lengua por los pezones, cuello y boca, ya preparada me escupo la mano en lubricante salivar y la rozo por esos deliciosos labios, dándole a tu cuerpo una mayor excitación y sentir como todo mi gran carnoso te vuelve loca. Rico que se siente pero hasta yo me desespero y me muerde la curiosidad de sentir la calentura de tu cuerpo por dentro metiéndola de un sopetón, sintiendo como los gritos de placer se escapan de tu boca en un hay tito que rico más adentro quiero sentirla toda. Escapándose el primer orgasmo de tu vientre y ahí estás mojada encharcada y temblando, aún yo loco por volverte a sacar otro y no parar hasta haberte arrancados todos.  No paro de recordar esos momentos tanto así que aún se me erecta cada vez que pienso en aquel momento pero voy a seguir para que recuerdes como fue que conmigo te volviste loca porque fui el que te la dio toda. Una vez que tú cuerpo se deja de estremecer entro a tu cuerpo de lado agarrándote el pelo, mi aliento en el cuello y mi otra mano sobre tu clítoris, haciendo función de masajeador, tanto así que estás a punto de correrte pero te digo aguanta, lo haces y te pongo en un perro delicioso ensalivandote el ano e introduciendola lentamente, la sientes, te gusta, las paredes de tu firme recto la degustan, aguantando hasta que está toda dentro, agarro nuevamente tu pelo te doy duro mientras agarro tu cuello además, loca por correrte ya yo en la punta, te ordeno que te corras primero, el chorro da contra mi muslo, caes completa sobre la cama tendida, sigo detrás tuyo retorciendote la saco, haciéndome una deliciosa y me corro sobre tus pechos, hechando toda el fluido blanco, caliente sobre ti.  Estabamo apurados y nos vestimos rápido habíamos sentido todo súper rico, tus piernas temblaban en cada paso que dabas, pero de esa forma me abriste las puertas, te miro, beso tus labios de nuevo y me voy recordando en cada segundo que eras la primera mujer que me hace correr súper rico y yo al fin me convierto en el rey de tu cama, porque nadie te hizo venirte tan rico
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