CAPÍTULO 6
ALLIE
—¡Están todos vetados de mi bar!. — dijo Ed Junior cuando estábamos encerrados en una celda todos juntos, y cuando digo todos, quiero decir, todos, incluyendo a Maximiliano, el grandulón de la puerta, mis primos, 4 hombres y 2 mujeres mas que no conozco, pero que terminaron involucradas en la trifulca y por supuesto yo.
—¡Es muy injusto Ed!, el grandote comenzó la pelea. — se defendió Henry lloriqueando, no se si fue por que estaba muy ebria pero comencé a reír histéricamente, los chicos Marshall parecían matones, pero realmente eran los seres más dulces del planeta.
—No vivo aquí así que no me importa. — respondí con zalamería, acostada en el piso con mi cabeza sobre las piernas de Maxi, al parecer seguía con ganas de pelea.
—Eres tan mala como tu madre. — respondió el hombre mirándome con rabia y luego soltó con odio: — Todos aquí están vetados, hasta que esta rubia de farmacia se disculpe como se debe. — solté una gran carcajada, no iba a disculparme con nadie, porque esto simplemente no fue mi culpa.
—Sigue soñando idiota. — respondí y luego cerré los ojos tratando de calmarme, Maximiliano estaba muy callado, no me gustaba verlo tan serio, si decidía no hablarme más, se echarían a perder todos mis planes, así que decidí tantear el terreno — Maxi, ¿estás enojado conmigo? — pregunté con vocecita dulce, levantándome y quedando sentada a su lado, mirando sus hermosas facciones.
—No, solo tuve un déjà vu, días como este, realmente desearía poder ver. — dijo con tristeza. Se me hizo un nudo en la garganta, pasé años enojada con él, maldiciéndolo, guardando su recuerdo en lo más profundo de mi alma y olvidé por completo que para él, debió ser muy difícil perder la vista y tener que armar de nuevo su vida, no se si es por el alcohol o la adrenalina, pero no pude aguantar las ganas de abrazarlo así que simplemente lo hice , ¡Dios! como he extrañado su olor, no me resisto y pongo mis labios sobre los suyos; al principio, supongo que por la sorpresa se queda rígido sin reaccionar, pero luego me corresponde tomándome por la parte trasera del cuello con ambas manos como si quisiera evitar que me fuera. Nos besamos por lo que pareció una eternidad, hasta que una voz conocida que no escuché por años se burló de mí al otro lado de los barrotes.
—¡Allie Rose Black!, como en los viejos tiempos. — ¡oh! el sargento Martín, cuando era una chiquilla y me atrapaban, solíamos jugar cartas mientras mi padre llegaba por nosotros, esta era la primera vez que puedo decir que estuve realmente detrás de los barrotes. — Veo que no perdiste el tiempo y de inmediato arrastraste a mi hijo a tus locuras, Maxi, no aguantaste ni 12 horas ¿en serio?— le di la espalda y traté de ignorarlo.
—No te hablo viejo alcahuete. — se que soy súper infantil, pero no se me olvida que el fue cómplice de su hijo aquella mañana que mi frágil corazón se rompió.
—¿Sigo en tu lista negra? — pregunta riéndose de mí.
—La encabezas anciano.
*** **
Son poco más de las 6:00 de la mañana, cuando el sargento viene de nuevo y abre la celda gritando fuerte y claro:
—¡Todo el mundo fuera! — mientras salíamos de la celda, tuve que lidiar con las miradas de odio de todos incluyendo mis primos que no superaban el veto de su bar favorito, ya que me negué rotundamente a disculparme con el gordo Ed. Salimos de la estación y para mi sorpresa, afuera se encontraban mis padres muy serios esperándonos.
—Jack, Henry, gracias por cuidar de esta problemática. — dijo mi madre abrazándolos y besuqueándolos como si fueran unos chiquillos, ellos realmente no son mis primos de sangre, pero son hijos de la tía Camila, que es una de las mejores amigas de mi madre de toda la vida, a la que llamo tía desde que comencé a hablar así que no necesitamos un lazo genético para considerarnos familia.
—Sabes que si se meten con uno, se meten con todos tía Emm. — no mienten, nuestra familia es muy unida, son muchísimos, y están muy locos.
—¡Debería darte vergüenza Allie Rose!, mira que arrastrar a estos pobres chicos a tus desmadres. — voy a refutar eso, pero de repente sus ojos se apartan de mí y se dirigen a donde está saliendo Maximiliano, entonces su actitud cambia totalmente. —Ohww ¡Maxi!, Mira Ben, como en los viejos tiempos. — mi padre nos mira con fastidio y dice casi gruñendo:
—Estoy muy viejo para esta mierda. — lo miro con ojos inocentes mordiéndome el labio inferior para evitar descojonarme de risa. — Maximiliano, gracias por cuidar a Allie. — le dice cuando este está cerca.
—No les pedí que vinieran y les recuerdo que yo me cuido sola desde hace mucho tiempo — pude haber llamado y no lo hice, vinieron por voluntad propia, no pueden culparme por molestarlos o enojarse por algo que no les pedí que hicieran.
—¡Cállate y sube al auto mocosa!, tenemos mucho de que hablar. — miro mal a mi madre que me trata como si fuera una adolescente.
—Debo ir al hotel a cambiarme primero. — que ni crean que van a decirme que hacer sin discutir un poco primero.
—Tu hermano ya fue por tus cosas, ahora te quedarás en casa con nosotros, está visto que no has cambiado nada. — estoy indignada, soy una profesional responsable y exitosa, lo que pasó anoche fue un evento aleatorio.
—No te hagas la enojada madre, te encanta solucionarle la vida a la gente. — ella me mira entornando los ojos y se que debo parar o va a hacerme daño. —Gracias mamita te amo. — digo como disculpa, hasta le lanzo un beso, pero ella sólo tiene ojos para Maximiliano.
—Vamos, Maxi, sube al auto te llevaremos a tu casa. — ofrece tomándolo del brazo, la miro curiosa, que haya venido tan temprano a la estación es súper sospechoso y sumado a que estaba muy enojada conmigo y no me hablaba... no comprendo el cambio tan repentino.
—Gracias señora Black. — responde el idiota sonriéndole con todos sus dientes y ahí está de nuevo esa sensación que revuelve todo en mis pantaletas.
—Para ti, sabes que es solo Emm. — “ñaña ti toy Emm”, me mofo mentalmente haciendo una mueca, pero no lo digo en voz alta, puedo ser una adulta, pero mi madre no dudaría en resetearme de un solo golpe si la molesto y debo ganármela de nuevo.
Luego que papá estrechó la mano de todo el mundo en la comisaría y agradeció al sargento y al gordo Ed por no presentar cargos, nos pusimos en marcha, Maxi y yo no volvimos a hablar, pero tenía tantas cosas que decirle que no podía dejarlo así.
—¿Podemos hablar luego? — dije cuando papá estacionó frente a su casa.
—Ven a verme en la noche. — se bajó del auto y desplegó su bastón, que creo debió recuperarlo cuando nos dejaron en libertad. Sonreí recordando todo lo sucedido mientras lo vi irse, aún tengo esperanzas de seducirlo y voy a aprovechar el poco tiempo que me queda para lograr que siembre si simiente en mi.
—Tu, deja de reírte, tienes muchas explicaciones que dar.