Dos días en cautiverio. Tengo que agradecer a todo lo sagrado que Naraku por lo menos tenga la decencia de dejarme ir al baño. Aunque lo que más agradezco es que no me haya tocado. Hitomiko lo ha estado evitando haciendo uno que otro alboroto, esa niña me ha caído como un ángel y al parecer es cierto lo que dice. Parece invisible. Ella me visita cuando Naraku y Midoriko salen para hacer cualquier cosa, me da de comer y me ayuda. Justo ahora no hay cuerdas en mis muñecas y Midoriko me mira con aires de grandeza y asco al verme orinar. Me duelen las manos y sé que esas marcas en mis muñecas procreadas por las cuerdas tardarán muchísimo tiempo en desaparecer. Eso si no me matan antes. —No entiendo que te vio Inuyasha y Naraku. Eres fea, tienes mal cuerpo, vistes horrible — me lavo las manos

