Santiago me detiene antes de que logre entrar. Matti, por su parte, pasa como una bala y entra al departamento. —Pero ¿qué te pasa? —Quito sus manos de encima de mí. —Deja que Mateo revise —me responde sin inmutarse. —¿Que revise qué? ¿Crees que él aún está aquí? ¿Con el tiempo que hemos perdido discutiendo aquí afuera? —No sabes de lo que él puede ser capaz. Me río ante la burrada e incongruencia de sus palabras. —¡¿Crees que no sé de qué es capaz?! —Estoy fuera de mí—. ¿Crees que no lo sé? ¿Que está completamente demente? —Entonces sí sabes quién es. Esta mañana solo me pintaste un maldito cuento, Thea. Lo ignoro. No seguiré perdiendo tiempo mientras Sophie pasa un calvario por mi culpa. Me mando a la habitación y no me detengo para escuchar las maldiciones de Santiago. Me pa

