La flor más bonita del jardín

582 Words
Primavera, 1961. La última vez que la vi, fue en aquella desierta calle en Broadway, le dije que no la quería volver a ver, hasta hoy. Hoy la necesitaba más que nunca, uno de sus abrazos o sus intentos de consuelo. —Lo siento mucho—había escuchado esas tres palabras más de veinte veces en el día mientras me daban suaves palmadas en la espalda o el hombro, ya no lo podría tolerar otra vez. Mi madre murió un día de primavera, hasta pareciera que lo planeó todo, así era ella. Aunque tal vez no la conocía tan bien, la gente cambia en diez años, hace diez años le dije que la odiaba y se olvidara de mí. Sin embargo, intenté volver tantas veces, pero como podría tocar su puerta y pedirle disculpas por haberle hecho tanto daño. El orgullo me ganó, ahora el peso del dolor cayó en mí. —Susanne era una buena amiga, siempre fue muy atenta con todos en el vecindario, le gustaba dar sin recibir nada a cambio. Fue una amada hija, amada esposa y madre, así la recordaremos por siempre—Julie, una de las mejores amigas de mi madre termino su discurso de despedida y entonces volvió a sentarse en su asiento, dándole lugar a otra persona de expresar lo que había significado mi madre para ella. Ya no quería oír más, quería volver a Nueva York y estar sola. —Cuando era pequeña, Susanne estuvo a mi lado en el funeral de mi abuelita. Yo me sentía muy mal, fue una situación muy traumática para mí, recuerdo haberme preguntado una y otra vez ¿Por qué a ella? ¿Por qué le pasaba eso a ella, si era tan buena con todos? Entonces Susanne tomó mi mano y me pregunto, ¿Qué flores arrancaba cuando salía al jardín? Contesté que las más bonitas, y no lo había entendido entonces, pero hoy, de la peor manera me tocó entenderlo mejor. Arrancaron la flor más bonita, y ahora el cielo tiene el placer de conocerla—cuando creí que no podría tolerar otro golpe en mi vida, allí estaba uno de los más fuertes que me golpearon, parada frente a mí con su atuendo n***o, su voz rota y su maquillaje corrido, mirándome a los ojos. No pude hacer otra cosa que correr, solo debía salir de entre toda la gente y correr sin parar. Intenté hacerlo lo más rápido que pude, pero mis zapatos eran incomodos y caí al suelo. —Solo quiero a mi mamá—intenté que ese Dios del que todos hablan me escuchara. Necesito a mi madre, necesito su perdón. —Ella lo sabe—su voz se unió a la mía, al igual que nuestros cuerpos formaron uno en tanto ella me abrazó. —Se fue en paz porque ella sabía el amor que se tenían a pesar de todo. No se lo agradecí, pero todas sus palabras me habían servido, amaba a mi madre y ella me amaba a mí, no hacía falta decírnoslo. La muerte le daba el comienzo a la vida, todo lo malo que haya pasado debía ser olvidado y reemplazado solo por los recuerdos felices. Los minutos pasaban como horas en sus brazos, no quería que me soltara nunca jamás. —¿Qué haces aquí? —Las flores me guiaron a casa. Sin embargo, una vez hicimos una promesa, estaríamos allí para rescatarnos, ahora tu corazón está roto y aquí estoy yo para rescatarlo.
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