Engañar a mi esposa con su amiga sale mal

1939 Words
Esta noche, como todas las noches hacía un mes, Linda, mi esposa, toma su pastilla para dormir, y en menos de diez minutos ya está perdida entre sus sueños. Llevamos ya un mes sin tocarnos, sin hacer el amor. Linda está muy alterada por la situación que estamos pasando y por eso tiene que medicarse para conciliar el sueño. Sus celos enfermizos la están llevando al borde de la locura. Durante tres años de matrimonio no ha habido día en que no me arme una escena de celos, acusándome de que si me gusta esta o aquella y demás lindezas. Su última ocurrencia era que seguramente me estaba acostando con Juana, su amiga que vive en el departamento que queda justo encima del nuestro, pero en esta ocasión no estaba equivocada. Y no es que yo fuese un marido proclive a engañar a su esposa, pero es que tanto me la estuvo dando a desear, que un día miré a Juana, no como amiga de Linda sino como mujer, y ahí fue donde se jodió el asunto. Al principio me daba pena abordar a Juana. Mis acercamientos eran más de un púber que de un hombre, ya saben, las miraditas, las sonrisas, el roce de las manos. Poco a poco el convivio diario dio paso a roces "accidentales" de sus nalgas. Para este entonces Juana ya sabía que me traía loco, por lo que un día, cuando Linda estaba en la cocina me lo soltó a bocajarro. -Tu quieres acostarte conmigo ¿verdad? – dijo sin más, poniendo una sonrisa entre pícara y seductora -¿Yo?- pregunté cínicamente -Sí, no te hagas pendejo ¿quieres que cojamos? – me preguntó viéndome a los ojos -Pues la verdad sí – me sinceré y le toqué las piernas -Está bien, te espero en mi departamento hoy a las ocho -¿Qué pasa? – preguntó Linda que acababa de entrar a la sala -Nada – contesté nervioso y tratando de guardar compostura- es que la computadora de Juana está fallando y me pidió que si la podía ir a revisar. Aunque Linda trató de mantener la calma y fingió que me creía, yo pude ver que estaba bastante agitada, por eso, como a las siete y media que se fue Juana, se tuvo que tomar su pastilla para calmarse, y ya para las ocho llevaba un buen rato en el país de los sueños. Antes de salir me cercioré de que no fuera a despertar, pero por más que le hablaba ni se inmutaba, por lo que decidí que podía irme tranquilo. Apenas toqué la puerta de su departamento y Juana ya me estaba abriendo. Con una mano me jaló para adentro y me plantó un beso en la boca. Yo estaba nervioso. Nunca había engañado a mi mujer y no estaba seguro de que ahora quisiera hacerlo, pero al separarnos del beso cambié de opinión. Juana estaba enfundada en una minúscula y transparente bata y nada más. Podía ver sus pechos, bien rellenos y sus rosados pezones. Una pequeña y bien recortada mata de pelo adornaba su pubis, y cuando se volteó para que la siguiera vi unas nalgas hermosas, redonditas y respingadas. Seguí a Juana hasta su habitación, donde se despojó de su ropa. -Soy toda tuya, hazme lo que quieras – me dijo con sugerente voz Yo me despojé rápidamente de toda mi ropa, y sin pensarlo mucho, me lancé a mamar esos sugerentes pechos. Aunque Linda nunca mostró mayor entusiasmo, yo siempre he creído que mi lengua, en los pechos de una mujer, hace maravillas, aunque nunca para arrancar esos grititos que Juana pegaba. Mi lengua jugaba con sus pezones, daba mordiditas aquí, un jaloncito por allá, en fin, que me despaché con la cuchara grande con los pechos de esta hembra. Juana me tumbó de espaldas, y bajó hasta mi pubis, donde se metió mi polla en la boca. Su lengua recorría de arriba abajo el cuerpo de mi masculinidad. Sus labios apretaban mi pene y lo soltaban para que la lengua jugara con mi glande. Yo hacía enormes esfuerzos por contenerme, me estaban dando la mejor mamada de mi vida. De vez en cuando ella dejaba escapar pequeños gemidos de placer, lo que provocaba que yo me excitara aun más. Porque una cosa es que te lo chupen, casi por obligación, y otra muy distinta que lo disfruten. Su boca seguía recorriendo mi pene. Yo ya estaba que no podía más, sentía que las venas de mi pene crecían y engordaban, y cuando estaba a punto de alcanzar el orgasmo, ella me dio un apretón y se lo sacó de la boca. -Tranquilo, que quiero que acabes en mi v****a – me dijo -¿Y cómo sabes que no puedo acabar en tu boca y después llenarte de leche el coño? – pregunté indignado -Me lo dijo tu mujer – se limitó a contestar con una sonrisa Y lo peor del caso era que estaba en lo cierto. Se sentó en mi cara y yo le empecé a chupar su almejita -Ay, esa lengua es maravillosa, papito- me dijo Yo no podía contestar nada, pero me limité a seguir dándole placer. Mi lengua le chupó cada rincón de su cuevita, entrando y saliendo una y otra vez. Yo chupaba con avidez, esperando sus jugos en mi boca, pero luego de un rato se bajó de mi cara y se puso a cuatro sobre la cama -Dame por el culo, que quiero sentir tu polla en mi hoyito – me dijo cachonda Yo estaba que no me lo creía. Toda mi vida intentando darle a una mujer por el culo y todas lo rechazaban, incluso Linda, que por ser gringa, se supone que era muy liberal. Y heme aquí que esta preciosidad me lo estaba, no pidiendo, suplicando. Mi polla se acercó a su ano y poco a poco la fui metiendo, muy despacito para no lastimarla -Quiero que me la metas toda – me dijo La metí más adentro hasta que vi que su culo se había tragado todo mi instrumento, y fue cuando empecé a bombear. Mi pene se deslizaba por su culo, entrando y saliendo, mientras mis huevos chocaban contra sus nalgas. Yo acerqué una mano a su v****a e introduje mis dedos en ella, masturbándola. Juana movía las nalgas con rapidez mientras gritaba de placer -¿Te está gustando, papito? – me preguntó -Mucho. Eres una zorra caliente – le contesté -Sí, empala a tu zorra, que tanto desea tu pene. Hazme correrme como la cerda que soy – me gritaba extasiada Mi pene y mi mano se movían con rapidez dentro de sus agujeros, hasta que no pude más y eyaculé, llenándole de leche su culito Ambos caímos de espaldas en su cama. -¿Vas a venir diario, mi vida? – me preguntó - Si preciosa, todos los días – le contesté Pasamos un rato más conversando y acariciándonos el cuerpo. Después me vestí y salí. Desde entonces todas las noches, después de que Linda se pierde en sus sueños, he subido al departamento de la caliente Juana. Con ella he encontrado lo que buscaba en casa y no pude hallar. Hoy, como siempre, y aunque me remuerda la conciencia, he subido con mi amante. Cuando regreso Linda sigue plácidamente dormida, inocente, sin pensar siquiera que sus sospechas son fundadas. El verla así, tan tranquila e ignorante de la realidad, me parte el corazón. He decidido terminar con esta farsa mañana mismo. Sí, mañana en la mañana hablaré con Linda y le pediré el divorcio. Decidido me acuesto e intento vanamente conciliar el sueño. Después de toda una noche de mal dormir, de dar vueltas para uno y otro lado de la cama, de estar pensando sólo en lo que voy a decir y en cómo lo voy a decir, de imaginar una y mil veces las distintas reacciones de Linda, después de esa noche infernal por fin amanece. Me meto a bañar y me arreglo para ir al trabajo, alargando el momento decisivo. Cuando salgo del baño Linda ya me tiene el desayuno listo. Me lo como sin ganas, intentando eludir este encuentro que ya me resulta ineludible, por lo que antes de salir al trabajo la tomo de los hombros, y viéndola a los ojos le digo -Linda, quiero el divorcio- Lo digo frío y directo, sin tantos enredos, como los que había pensado para no lastimarla. -¿Qué? – exclamó Linda en inglés, que cuando se pone nerviosa se le olvida el español. -Quiero el divorcio – le contesto en inglés para asegurarme que me entienda -¿Estás loco? – me grita enojada -No, estoy enamorado de Juana – le contesto con lo primero que se me viene a la mente Ella suelta una carcajada amarga. Después corre a la recámara y se encierra. Por más que le toco no me abre. Me voy al trabajo y paso todo el día llamándola por teléfono pero no me contesta. Terminado el trabajo corro hasta nuestro departamento, imaginándome lo peor. Abro la puerta y todo está tranquilo y en silencio. Corro a la cocina, pensando que quizás abrió el gas para suicidarse, pero nada, la cocina está impecable y en orden. Entro a la recámara, esperando encontrarme con su cuerpo sin vida, y lo único que noto es que faltan algunas cosas, las cosas de Linda. Me asomo al baño para descartar que se haya colgado en la regadera o cortado las venas, pero nada. Todo está en orden pero vacío. Linda se ha ido, se ha ido del departamento y quizás de mi vida. Lejos de alegrarme me deprimo. Esta noche no subiré con Juana. He pasado otra noche terrible sin dormir. Todos sus recuerdos llegan a mi mente, su cara, su risa e incluso sus histéricos gritos celosos, todo. Apenas amanece y suena el teléfono. Contesto. -Hola David – dice la voz al otro lado. Mi corazón da un vuelco, es ella. -Hola Linda, te extraño – me sinceré -Y yo a ti. Disculpa que no te haya esperado para despedirme de ti pero no te quiero ver. Pensé que escribirte una nota era muy frío y duro, así que te estoy llamando – me dijo con voz temblorosa -Amor, perdóname. No volverá a pasar – dije al borde de las lágrimas. Nunca, hasta ahora, había comprendido lo importante que Linda era para mi, con todo y sus estúpidos celos. -Ojalá no vuelva a pasar. Escúchame bien lo que tengo que decirte. Hace como mes y medio Juana llegó desconsolada a conversar sobre su vida. Me comentó cómo su marido le ponía el cuerno con cuanto ser se cruzara en su vida, ya fuera hombre, mujer o demonio. Cuando ella se enteró lo dejó y por las dudas se fue a hacer un análisis de HIV/SIDA. Ya te imaginarás lo que sufrió cuando se enteró que estaba infectada. Desde entonces juró que iba a transmitir el virus entre todos los maridos que engañaran a su esposa con ella- hizo una pausa para llorar. Yo me quedé helado conforme escuchaba sus palabras. -Linda– titubeé- ¿Y tu crees que yo...? -Seguramente. Lo más importante ahora es que te hagas la prueba. Llámame a casa de mis papás en cuanto tengas los resultados y ya hablaremos – me dijo llorando -Sí – contesté con la voz quebrada -Te amo, David, suerte – me dijo -Yo también te amo y perdóname – le contesté Ella colgó y me quedé con el auricular en la mano, viendo fijamente al teléfono. Mi mente estaba en blanco.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD