Capítulo 8. Penumbra

1620 Words
Hablaron bastante y la intimidad pareció intensificarse. Ya para esa noche, luego de una cena que había sido exquisita, y a medida que la última copa de vino desaparecía en sus labios, la tensión en el aire parecía intensificarse. Cómo si un hilo delgado de deseo los uniera de forma invisible. Él parecía por primera vez coincidir con ella, saber lo que quería y desear dárselo. Sin decir una palabra más, solo la miró. Y un deseo profundo y genuino, más allá de la atracción física, podía notarse en su mirada. Era como si, por fin, él la estuviera viendo realmente, no como la esposa que le habían impuesto, sino como la mujer que había llegado a ocupar un espacio en su vida. Miranda no podía evitar sentir un nudo en el estómago mientras Seven se acercaba lentamente, sus pasos apenas audibles sobre la alfombra. La cercanía de su cuerpo le provocó una sensación extraña de calor en el pecho. Su mirada era penetrante, casi como si pudiera leer cada uno de sus pensamientos, cada inseguridad, cada anhelo. Ella no estaba segura de qué hacer, pero no quería apartarse, no quería huir. —¿Esto es lo que quieres? —preguntó Seven intuitivamente, su voz baja, como un susurro que vibró en el aire. Su tono era serio, pero con una vulnerabilidad que Miranda no había notado antes. Parecía buscar algo más allá de una simple respuesta en ella Miranda respiró hondo, sintiendo el peso de la pregunta en su pecho. Sabía que no solo estaba dando un paso físico, sino emocional, entregándose a él de una manera que no había hecho nunca antes con nadie. Todo lo que había vivido la había llevado hasta este momento, y, a pesar del miedo que aún se aferraba a su cuerpo, sabía que era lo que realmente deseaba. —Sí —respondió, su voz casi un susurro, pero firme en su convicción. A pesar de su vulnerabilidad, sentía que no había vuelta atrás, que no podía dejar escapar lo que había entre ellos. Seven no dijo nada más. En lugar de palabras, fue su movimiento el que habló: sus manos tomaron con suavidad el rostro de Miranda, acariciando sus mejillas con la yema de los dedos, como si necesitara asegurarse de que estaba allí, de que era real. Sus ojos recorrieron su rostro, buscando algo que Miranda no podía identificar, pero que estaba allí, tan palpable como el aire que los rodeaba. La respiración de Miranda se entrecortó cuando Seven la besó. Fue un beso suave al principio, lento, como si el tiempo se detuviera entre sus labios. Pero a medida que sus cuerpos se acercaban más, la suavidad se transformó en una pasión contenida. Las manos de Seven comenzaron a recorrer su espalda, deslizándose por debajo de la tela del vestido, buscando el calor de su piel. Ella no se apartó. No pensó en lo que podría salir mal, ni en las inseguridades que normalmente la habrían invadido. En ese momento, su mundo se redujo a él, a la forma en que sus cuerpos parecían hablarse en silencio, a la electricidad que se desbordaba cada vez que sus cuerpos se encontraban. Él la alzó en brazos con facilidad y la llevó al cuarto. Y cuando la desvistió, lo hizo con una delicadeza inesperada. Sus movimientos eran cuidadosos, como si tuviera miedo de romper algo frágil. Miranda se sintió vulnerable, sí, pero también increíblemente viva, como si este momento le perteneciera solo a ella, como si su cuerpo finalmente pudiera contar su propia historia. Él la observó, y en su mirada había una mezcla de deseo y admiración. Los ojos de Seven no se apartaban de ella, buscando siempre un permiso que Miranda ya le había dado con su entrega silenciosa. La temperatura de la habitación subió con cada uno de sus gestos, y ella, nerviosa pero decidida, le correspondió con la misma intensidad. Sus dedos recorrieron el torso de Seven, explorando su piel, buscando la conexión que sentía brotar con cada toque mientras los labios de él la recorrieron comenzando por su cuello y bajando hasta sus pechos, dónde se detuvo a lamer y succionar sus pezones mientras ella murmuraba su nombre. —Sí, dí mi nombre, soy y seré tú único hombre— murmuró él con voz ronca y por alguna razón el pensamiento de ser su primero hizo que su v***a se pusiera más dura mientras acariciaba ese cuerpo curvilíneo con suavidad. Él acarició suavemente sus pechos mientras ella se estremecía, masajeó y pellizcó sus pezones. —Por favor Seven— murmuró ella mirándolo con los ojos entornados. Ella lo miraba con ansias levantando su pelvis y él con suavidad fue bajando dejando besos húmedos por su vientre hasta llegar a su monte de Venus. Seven la obvervó levantando su mirada, y ella lo miró tímida a su vez y cerró un poco sus piernas que él abrió con expertise, aunque ella no lo detuvo. Entonces agachó la cabeza y comenzó a lamerla mientras ella gemía con suavidad. — Oh Sevennn...Por Dios... Él acarició su clítoris con sus dedos mientras con su lengua la lamía por dentro y fuera de sus labios vaginales simulando el acto s****l. Perdida en ese maremoto de sensaciones y ya con menos vergüenza, Miranda enredó sus dedos en el corto cabello rubio y empujó su cabeza hacia abajo mientras levantaba su pelvis hacia él, muy excitada, de hecho nunca había sentido algo igual. El hizo ir y volver a su lengua mientras seguía esta vez metiendo dos dedos dentro de ella mientras succionaba su clítoris que era como un hermoso c*****o de carne rosa. Su pubis y sus labios eran completamente lampiños lo que lo calentaba aún más. Nunca hubiera imaginado que ella fuera así en la cama sino eso hubiera pasado mucho antes pensó sorprendido por desear así a Miranda. El fervor y la conexión que tenían eclipsaba a todas las amantes que había tenido antes, hasta Selena...Aparte saber que era el primero, porque sabía a ciencia cierta que no había estado con nadie más lo encendía de un modo en que nada lo había hecho antes. — Oh sí, así... Ahí...ahiiiii— murmuró ella y clavó sus talones en el lecho mientras levantaba más su cuerpo, y así llegó su primer orgasmo con él. Y para completa sorpresa de Seven ella mojó toda la cama con un glorioso squirt. Nunca le había pasado pero se sintió en las nubes y sin perder el tiempo, lamió ansioso el líquido transparente que salía de la v****a lampiña de su virginal esposa. —Por Dios Miranda, eres tan dulce, amo tu sabor...— dijo con voz ronca. Y mientras continuaban sus espasmos, él puso sus piernas mucho más abiertas y estiradas a los costados, las sostuvo con sus manos y frotó el tronco de su pene entre sus labios vaginales mientras ella lo.miraba con ojos brillantes aún temblando. "Es tan hermoso como un Dios del Olimpo" pensó ella fugazmente. —Esto quizá duela un poco pero te prometo que será momentáneo... —E.. está bien... Con cuidado, Seven guio la punta de su v***a hasta la entrada de su v****a. Empezó a meterla de a poco pero Miranda estaba tan excitada y ansiosa que en un momento ya no le importó nada. — Por favor hazlo — rogó la muchacha y él con un gruñido se la metió entera de una estocada. Comenzó a moverse a un ritmo al principio pausado. —Por amor de Dios Miranda, eres tan estrecha aghhh... —Sevenn...—murmuró ella extasiada. Al no ver resistencia en ella, él empezó a penetrarla más fuerte y hondo. Sus huevos hacían un sonido al golpear en su unión. — Así, ¿así te gusta? Por Dios Mir... eras virgen y parece que hayamos hecho esto toda la vida...Eres mía — gruñó él posesivo, sin dejar de moverse dentro y fuera de ella como poseso. — Siii...— respondió ella de forma entrecortada, feliz, tan feliz como no se había sentido en toda su vida. Tanto que apenas le ardía. — Dilo, quiero escucharlo...di que eres mía — Por favor...yo... te necesito...— suplicó ella pues se sentía tan cerca de su climax y él parecía estar queriendo dilatarlo. Ella lloriqueó —. Por favor...— gimió suplicante, y así era, estaba tan excitada que sentía como un dolor punzante en su v****a. — ¿Eres mía??? — Soy tuya... sí soy tuyaaaaa, toda tuyaaa — exclamó con voz chillona ella. Él sonrió satisfecho y volvió a acelerar el ritmo mientras ella hundía sus uñas en los musculosos hombros. La imagen de su enorme v***a entrando y saliendo de la v****a casi lampiña de la joven era una de las cosas más eróticas que había visto en su vida... Su orgasmo fue completamente arrollador y pudo sentir como las paredes estrechas de la v****a de Mir, apretujaban hasta drenar su v***a mientras liberaba su semen dentro de ella. Y cuando todo terminó,y los temblores pasaron, ambos quedaron tumbados juntos en la cama, en silencio, por un buen rato. El cuerpo de Miranda aún vibraba con la intensidad de lo vivido, y Seven la abrazó con una suavidad que, aunque breve, fue suficiente para darle la certeza de que algo entre ellos había cambiado. No sabía qué sucedería al día siguiente, pero en ese instante, sabía que había dado un paso hacia un nuevo capítulo de su vida. Uno en el que, tal vez, ambos pudieran encontrar lo que tanto habían anhelado, incluso si no era lo que imaginaban al principio. Especialmente él. La penumbra de la noche los envolvió, y por primera vez, Miranda se sintió realmente parte de la vida de Seven.
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