Sus ojos le pesan, pero como no es de dejar que las molestias le venzan, lucha por determinar el sitio.
La luz le encandila y ella hace el intento por colocar su mano como escudo, pero una cadena cruje y su mano no logra el cometido que ella quiere. Se mueve bruscamente intentando soltarse, pero se entera de que todo su cuerpo se encuentra inmóvil y el sonido tosco de las cadenas le advierten lo que ya sabe.
Está atada.
Pasea sus ojos por el sitio y el corazón le late de prisa al recordarlo. Sabe perfectamente donde está, porque ella ya vio ese sitio antes. La escena de Kai torturando a una chica se revive en su mente y saliva al sentirse inmovilizada.
Las luces se apagan de pronto, negándole la visión. No grita, no se queja, no llora porque su sangre no da para ello.
Prenden una vela delante que ilumina el rostro del lobo, el líder de los Volki Sibiri. El tono acero de sus ojos parecían que llamaban al demonio. Sus rasgos fuertes, contraídos, dominados por la oscuridad gritaban solo una cosa: él es el amo.
La llama de la vela cambia de posición y Anya la sigue con la mirada. Una gota de cera cae sobre su abdomen, provocando que cierre los ojos ante el calor que emana.
Al abrir los ojos se encuentra con el tono gris que enloquece. El cuerpo le tiembla y no quiere demostrarlo, pero él lo siente, su temor lo percibe.
La vela se apaga y Anya no observa nada. La situación aumenta su desesperación, al no tener control visual de los pasos de Kai. Sus pezones son comprimidos por pinzas. Ella no ve, solo siente. El corazón le late de prisa y el sitio atendido ahora la hace desesperarse. No sabe qué se trata, tampoco entiende, pero su cuerpo es movido por sensaciones nuevas.
Las pinzas se quedan dominando sus pezones mientras Kai se desplaza una pluma por su pelvis. Se pone nerviosa al percibirlo indagando por el lugar que no merodea ni siquiera ella con sus dedos.
La pluma empieza a despertar placeres, a dejar la necesidad de seguir jugando, a querer más. Sin controlarlo, sin poder detenerse, va creando una curiosidad en su cuerpo que le impide cerrarse a sensaciones. La pluma es solo un incentivo para adentrarla en el tormento de desear tanto esto que no puedes pedir que frenen.
La punta de un vibrador se mueve por todo su coño. Tampoco sabe lo que es, tampoco lo ha probado. Se deja envolver por el simple contacto, que no es nada comparado con el instante donde lo enciende.
El objeto prende y Kai lo deja encima de su clítoris. Ella da un respingo al sentir tal cosa moviéndose con una velocidad pasmosa encima de su coño. Aprieta sus labios y cierra los ojos, procurando no manifestar lo mucho que le gusta, sin embargo, se aísla más del mundo exterior: sintiendo, pensando y escuchando como el vibrador magrea con brutalidad ese lugar tan sensible.
Su respiración se vuelve más rápida, su cuerpo es dominado por una corriente de placer, que se dispone a concentrarse en el sitio que le hará explotar y sus labios se separan cuando da rienda suelta a los sonidos bajitos de placer que no puede retener más.
Kai retira la primera pinza haciéndola gemir. El vibrador no se detiene mientras el ruso azota el pezón disponible. Un jadeo más alto hace eco en la oscura habitación y él acaricia el sitio vulnerable aumentando en ella el placer, la desesperación por liberarse de algo dentro que no sabe que es.
La corriente arrasa llevándola a lo exquisito y Kai retira con fuerza la otra pinza, lanzándola a cualquier sitio y azotándola, apresurando aún más la liberación, haciéndola disfrutar como nunca antes de la sensación de saber que estás llegando.
Un gemido altamente placentero para los oídos de ambos inunda la habitación y Anya va a…
Ella no conocía la palabra vulnerable, pero la está percibiendo ahora. El limitarse a un orgasmo que aviva corrientes en el cuerpo que provocan el más alto placer. Que te retengan el instante es un maldito castigo, el peor, y Anya se siente tan mal, tan indefensa, tan sensible que solo quiere correr hacia su habitación y encerrarse en ese sitio.
Las luces prenden. Kai desata a Anya y ella se apresura en vestirse. El líder sale de la habitación dando órdenes en ruso a uno de sus servidores para que llevase a Anya de vuelta a la fortaleza de Kai. La pelinegra no habla, no hace más que esperar llegar a su rincón, porque ya lo sentía.
Las imágenes de antes se proyectan en su cuerpo y quiere mantenerse firme a su carácter, pero ahora mismo no es capaz de hacer nada más que pensar en lo que ha pasado.
Al llegar a la mansión se mueve directo a su habitación. Da vueltas en el mismo sitio dándose bofetadas mentales. En sus veintiún años jamás había parecido tan indefensa, tan vulnerable, tan perdida.
Intenta distraerse ocupando sitio frente a las computadoras. Ha dejado la ventana del monasterio abierta. La pantalla se inunda con la foto de ella como monja, incluso había en ropa interior. Descubren el fraude en la lista de candidatas y se emite la búsqueda. De huir ella conoce, pero ahora tiene dos grupos persiguiéndola.
Intenta entrar al sistema de Vozmezdie y localizar al jefe. Mensaje tras mensaje sin recibir respuesta. Debe desconectarlo, pero antes de cerrar la pestaña recibe un mensaje.
Explique Agente.
He tenido que actuar y he ganado enemigos. Mi identidad ha sido revelada.
No hay cambios. No hay vuelta atrás. Si está ahí es por su capacidad. Lidie con los problemas y cumpla con la misión. Evite contacto para no afectar la tarea.
Sabía que al entrar aquí estaba sola, que solo había un punto de conexión y luego, debía salir por su cuenta; pero el líder de Vozmezdie estaba demostrando ahora que lo más importante no era ella, era la misión. Y estaba bien, era así, pero podía haber demostrado menos desinterés en lo que respecta su vida.