13.

1331 Words
Anya se apresura en llegar a su habitación. Mueve los dedos sobre el teclado con gran agilidad, procurando infiltrarse en el sistema de Vozmezdie. Ser una mujer que no habla, que no demuestra lo que siente no significa que sea inmune a todo. La situación con Kai Sokolov está siendo rara, pero, ella está en ese territorio por una razón. “Van a atacar ahora” Escribe en un mensaje en el propio sistema. Espera respuesta de su jefe. Otra vez pasan los segundos y no recibe respuesta. “Agente Zero, deme la información y déjenos a cargo” Recibe un mensaje de él. “En instantes en el monasterio” Cierra el sistema y apago las computadoras. Su personalidad le impide esperar a los resultados. Ella quiere participar, apoyar a su gente, así que toma las escaleras para salir de su habitación. Escucha pasos de los hombres de Kai, así que se esconde dentro de su habitación creyendo que la vendrán a buscar. Le toma casi veinte minutos esperando, notando que es mucho tiempo sale con cautela. Abre la puerta y observa, asegurándose que no haya ningún servidor. A pasos acelerados avanza hasta la salida, esquivando a los guardias. —El jefe ha dado órdenes que descanse —manifiesta unos de los hombres a su espalda y ella se siente ridícula de parecer una ladrona de puntillas por la casa. —Quiero ir al monasterio y espero que no me den problemas —deja claro Anya—. Vayamos ahora. Tengo una misión importante. —Pero... —O lo hago por mi cuenta o me acompañan. Decidan ahora —impone la pelinegra y uno de ellos asiente. Anya se pregunta porque nunca la detallan, es decir, por qué jamás le prestan atención. La hacker da pasos firmes hasta la salida seguida por dos hombres de Kai. No tuvo tiempo de ponerse las botas, pero sin dudas, los zapatos que lleva no le benefician, así que se los quita y los lanza al césped sin remordimientos, subiéndose a uno de los autos descalza. Los hombres ubican los asientos de piloto y copiloto, poniendo en marcha el auto. Anya no tiene un plan redactado, pero su actividad en el monasterio le permitió aprenderse ese sitio de memoria, así que tenía ventajas sobre los demás. Al llegar se apresura en tomar la entrada haciéndole una seña a los hombres para que permanezcan fuera. Al cruzar el umbral de la entrada, el jefe de Vozmezdie iba a paso acelerado caminando delante. Ella apresura el paso para alcanzarlo, pero su jefe entra a través de una jodida pared. Anya corre, sin hacer el mínimo ruido por estar descalza quedándose frente a la pared por la que extrañamente ha desaparecido el hombre. Palpa, intentando tomar calma. No encuentra nada, ningún botón que permita descubrir la entrada. Ella asegura verlo visto perderse por aquí, así que, tiene que aparecer. No se rinde y sigue tocando. Vuelve a revisar con detalle por el sitio que le queda en altura a su pecho. Sus cuatro dedos tocan pared, pero el pulgar percibe algo distinto. Mueve su mano con cuidado y vuelve a oprimir encontrándose con lo que busca. La puerta va abriendose despacio y Anya no lo duda antes de entrar. Es un pequeño túnel que sigue diez pasos y luego dobla a la izquierda cinco. —Primera misión resuelta. Una vez concluida eliminar los rastros —dice una voz gruesa. —Ella no está al tanto, puede servir para las próximas misiones... —Reconoció la voz de su jefe. —Limpio para la próxima misión. De aquí no quedará nada. Tenemos la candidata para la próxima tarea —vuelve aquella voz gruesa. Anya no necesita escuchar más. No es una chica que debe darse bofetadas mentales para espabilarse. Serio problema tenía quien creía que la única capacidad que tenía de controlar era las computadoras. Se apresura hasta salir por el túnel y cierra la puerta a su paso. Corre prácticamente hasta la salida, haciéndole una seña a los hombres de Kai. Ellos corren porque su jefe ha demostrado que en su organización tiene peso. No saben por qué, pero el jefe la protege y eso, los hace tratarla como si fuese importante. Anya no espera órdenes de su parte, toma sus pistolas y vuelve a ir con prisas hasta el sitio que descubrió. Hasta el momento ella solo vivía encerrada en su burbuja informática, pero hoy la movía una corriente diferente. Las sombras se cernían sobre ella y aunque no determinara que le pasaba, entendía que el miedo que nunca tuvo se vuelve un estado temerario hoy: el de acabar con lo que implicara para ella peligro. Avanza en el túnel, seis pies. Pasos pesados dominan el ambiente y ella se detiene esperando que los hombres doblen por el pasillo. Los pies es lo primero que identifica. Espera en silencio que los cuerpos paralelos se puedan detallar completos y desata la ola de disparos que les impide actuar. Su jefe es el primero que cae, pero ella no se detiene hasta procurar que ambos yazcan en el suelo sin posibilidad de levantarse. Se acerca a ambos mientras las balas siguen perforando su cuerpo, acabando con un mal de raíz. O eso cree. Revisa sus bolsillos y en uno de ellos encuentra un acceso a algo que no comprende, pero que lo guarda en su vestido para averiguar próximamente para que sirve. No encuentra nada más, así que decide tomar sus armas y salir del túnel. Los hombres de Kai también estaban muertos y ella entiende que ahora mismo todos son enemigos. Se mueve con prisas por el pasillo. Dejar sus zapatos fue la mejor idea porque no se escuchan sus pasos. No sé confía en la cantidad de habitaciones que se disponen a continuación. Improvisando como le ha tocado hacer procura tocar las primeras dos puertas, una sobre otra, a la vez. No tenía la certeza de que había alguien, pero tenía que descartar la duda. Las dos puertas se abren a la vez desencadenando una ola de disparos. Anya permanece detrás esperando que ellos se despreocupen y den la cara, pero, como si fuese el plan de los que están dentro, alternativamente se desata una revolución de disparos entre las siguientes puertas. Pensaban tomar por sorpresa a los Volki Sibiri en plena entrada. Tenían sensores de sonidos para identificar las botas del grupo criminal, sin embargo, coger a Kai Sokolov de imprevisto era difícil. A Anya le toca analizar el ritmo de los disparos. Lo tenían planificado para que no pudiesen fallar. Contaban con una precisión envidiable, por tal motivo, le es muy difícil encontrar una forma de estudiarlo. Toma el pase que le ha robado al hombre que no conoce y lo analiza. Es de aquí, de un área restringida. Camina con sigilo por el medio de las puertas. Una nueva ola de disparos se desencadenan y a ella no le queda otra opción que lanzarse al suelo. Aprovecha que los primeros son los que están en auge y avanza hasta la mitad. El control ahora lo tienen los últimos. Anya se queda quieta sobre el suelo mientras se alternan los disparos hasta que le toca al primer grupo y entonces se apresura hasta salir del área. Sube a la segunda área. La bóveda está cerrada, pero no debe estar ahí lo que busca. Ella revisó todo el monasterio y no había un área que restringiera el acceso al no ser que... Cómo la sección secreta que descubrió acceder a su jefe y otro hombre. El pase debe ser para otro sitio de gran importancia. Detalla todo el perímetro de encima y no nota nada que pudiera resultar llamativo. La cabeza quiere explotarle pensando en la manera de descubrir el caos que está ocurriendo aquí. Kai y sus hombres están aquí, los guardias del monasterio no han aparecido. El sitio es grande, pero no lo suficiente para que todos estén perdidos y que nadie se encuentre.
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