14.

1330 Words
Se sienta en la figura más pequeña de mármol que tiene como función sostener un búcaro. Esa sería su tarea, pero se encuentra vacía, así como las otras dos de tamaños diferentes. Al sentarse, Anya siente como la figura baja un poco. Se levanta de pronto pensando en que la había roto, sin embargo, está vuelve a su sitio. Atiende el movimiento y en su mente se alumbra la respuesta. Sube sus dos pies a la primera figura y eleva el otro hasta subirse sobre la segunda. También baja su altura ligeramente y Anya debe tener equilibrio para no caer. No lo duda y pasa a la última esperando que baje un poco, pero no lo hace. Mira al frente y busca, como en la estancia anterior, algun botón que permita abrirse una puerta, pero tras prestar gran atención a palpar no encuentra nada. A cada lado de la pared hay dos velas. No tiene idea de que puede contribuir, pero no da nada por insignificante. Toma la vela y mueve el soporte. Sigue sin descubrir nada. Lleva con su mano zurda la vela a su soporte mientras que con la otra mano intenta indagar en la vela que no ha revisado. Pierde un poco el equilibrio, intenta no caer y a la vez no perder las velas, pero sus manos han hecho un movimiento brusco que les ha dejado caer cera sobre los soportes. Un sonido bajito la distrae y delante de ella se muestra un pequeño cuadrado. Anya suelta las velas en su sitio para tomar el acceso y pegarlo al fondo del cuadrado. Cinco segundos y la puerta invisible ante los ojos, se abre. Anya no duda en entrar. Grandes computadoras se desplazaban a simple vista y un hombre las atendía a todas. No era cualquier persona de fácil dominación, se trata de un tío de dos metros. El hombre se mueve con agilidad mientras Anya procura evadir cuando le lanza la navaja. Las clases que le ha dado Kai de Krav Maga empezaba a ponerlas en práctica. Sus manos se movían por sí solas, por instinto. La navaja se movía cerca, pero no podía tocarla. Repite el mismo movimiento que Kai le enseñó y lograr desestabilizar los actos del hombre y tomar el arma. Entiende que tiene dos opciones: morir o matar y ya había probado la segunda. No había espacio para la primera opción. La misma habilidad para protegerse del ataque la demuestra cuando pasa de su defensa y pasa la navaja bruscamente por su cuello, eliminándolo. Había seguido la enseñanza de Kai a la perfección y mientras el hombre cae al suelo sin vida, Anya piensa en que merece una recompensa. «Castigos y recompensas», empieza a dominar términos. Se acerca a las computadoras y teclea en ellas códigos que le muestren todo lo que el monasterio tiene para mostrar. Las imágenes rebelan como hay hombres en todo el piso inferior. Las habitaciones no son las únicas, la bóveda está repleta de ellos y se están guiando por un tiempo que dominan en pantalla. Quedan diez minutos. La camara veinte se encuentra en n***o y Anya se apresura en desbloquearla. Una puerta a su espalda cruje y Anya gira son rostro con rapidez encontrándose miles de millones de pesos ubicados unos sobre otros sobre una superficie de metal. Ocho minutos. Anya entra a la habitación y toma uno de los maletines negros que le ganan en tamaño. No piensa en nada más que echar pacos de billetes en el maletín. Parece loca. No descansa ni un segundo. Sus movimientos son rápidos y mecánicos, tratando de echar en el maletín todo el dinero posible. Cinco minutos. No quedaba mucho tiempo, pero Anya no se ponía nerviosa. Tal vez, ese era el principal aspecto que le permitía hacer las cosas bien. Le quedaba aún por recoger y ella no lo dejaría. Seguía mandando dinero al maletín, con la decisión de llevarla con ella. Ya no trabajaba para nadie, ahora lo hacía para ella. Dos minutos. Sudaba, sus brazos se movían por instinto, pero también llegaban a doler de tanto movimiento brusco. Uno... Anya lograba tomar el último paquete y guardarlo en el maletín. Una ola de disparos se desata abajo y Anya arrastra el bolso hasta la puerta. Los disparos no paran debajo y Anya no se asoma. Toma la navaja del hombre que ha matado y se queda justo al lado de la puerta, pegada a la pared mientras percibe una sombra acercándose. Lo deja subir e ir directo al maletín a revisar. Le encaja la navaja certera y con rapidez, enviándolo al más allá. Toma la ropa de él y se apresura en cambiarse. Se recoge el pelo y lo acomoda debajo de la gorra. No es lenta y ahora menos. Incluso los guantes que lleva le da tiempo acomodarlos. Guarda la navaja en uno de los guantes. Mueve la mano desde arriba como si fuese uno de los soldados indicando que el sitio está despejado y él grupo que se concentra debajo sigue. Anya lo verifica en pantalla. Deja que bajen y los sigue por las pantallas. Son alrededor de treinta hombres y ninguno es Kai Sokolov. Lanza el maletín provocando una rotura en el mármol que sirve como escalera. Ella se lanza sin tener cuidado y se lastima el hombro. Aún así, no es capaz de detenerse. Jala el maletín hasta las próximas escaleras y lo arrastra bajando los escalones hasta que... La toman del cabello, justo como hace él: del nacimiento en su nuca. Da un rápido movimiento para incrustarle la navaja, pero la bloquean a medio intento y termina perdiendo el poder de la navaja. —Aún el alumno no supera a su maestro, pero lo has hecho excelente —susurra en su oído alterando su cuerpo—. Mereces la recompensa. Su sangre ebulle. Ella no lo entiende, pero sabe perfectamente que le gusta lo que escucha. Independientemente de su carácter, ha empezado a encontrar satisfacción en las muestras de poder de Kai. Aunque no ha sido testigo de nada. Se separa de ella, acercándose al último escalón y observando los movimientos de los demás. Kai se había hecho pasar por uno de ellos y sus hombres se habían infiltrado con los guardias del monasterio. Todo fue un teatro y Anya se alegraba haberle prestado atención al dinero y no a los guardias, a fin de cuentas Kai y su gente estaba jugando en el mismo sitio que los guardias del monasterio mientras esos imbéciles esperaban que los Volki Sibiri aparecieran. Ahora se matan unos a otros mientras Kai y Anya se unen a combate con una navaja cada uno. No la tienen facil y en cada movimiento libran las balas, pero vuelven a arriesgarse. Anya no sabe quién forma parte del grupo de Kai y quién va a la contra por eso, lanza la navaja sin cuidado. Kai en reiteradas ocasiones le grita un «no» y ella entiende que es su gente. Una bala se pierde en dirección a Anya. Ella intenta moverse, pero no había tiempo, Kai la había empujado recibiéndola él. El ruso toca su abdomen mientras sigue repartiendo la muerte sin compasión. La pelinegra se apresura en exterminar con ello rápido, pero quedan aún varios hombres que no identifica. Ellos con navajas, los demás con armas. Algunos hombres de Kai los protegen mientras ellos siguen matando. Poco a poco son menos los guardias y Anya termina de acabar con ellos juntos a Kai y Viktor. El líder de los Volki Sibiri se mantiene de pie, demostrando que los cortes y disparos son algo común y sin importancia. En el suelo yacían montones de cuerpos cubiertos de sangre y Anya toma el maletín repleto de dinero, arrastrándolo mientras todos los hombres incluído Kai la observan. —Me pertenece y no comparto. Así que pueden dejar de echarle el ojo —deja claro ella mientras el hombro le está soltando sangre porque se le ha abierto la herida.
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