James entró en la casa de su madre sin anunciarse, usando la llave que aún guardaba. La residencia era amplia, con muebles que recordaban una época más estable, pero él no se detuvo a observarlos. Margaret estaba en la sala, revisando unos documentos en la mesa del comedor. Al verlo, dejó los papeles a un lado y se levantó. —James, no te esperaba tan pronto —dijo ella, acercándose para un abrazo breve—. ¿Todo bien? Él negó con la cabeza, sentándose en el sofá sin quitarse la chaqueta. La carpeta del investigador estaba bajo su brazo, y la colocó sobre la mesa baja. —Necesito hablar contigo sobre esto —dijo, abriendo la carpeta y señalando los primeros documentos—. Es sobre Richard Lancaster y una mujer llamada Claudia. Falsificaciones de arte, tratos sucios que involucran a nuestra empr

