Kleo apenas durmió esa noche. Las palabras de James Kim, su esposo, resonaban como un eco cruel en su mente. “¿Eso es lo que quieres que te diga?” El beso que habían compartido, cargado de pasión y amargura, la había dejado rota, pero también encendida con una rabia que no podía ignorar. La humillación en la gala, los rumores de infidelidad orquestados por Brittany, y ahora la confesión implícita de James de que sabía de las maniobras de Brittany… todo se arremolinaba en su pecho como una tormenta. Eran tantas cosas a la vez que no sabía cómo lograría gestionarlas. No entendía como podía continuar cuando lo único que deseaba era rendirse. Pero ya no era la misma mujer sumisa y enamorada que siempre esperaba porque su esposo intercediera por ella. Algo que prácticamente nunca ha

