XI

1493 Words
La atracción se detuvo marcando el final de la magia, trazo en el rostro del chico una sombra de tristeza, Adara la identifico de inmediato comparándola con el día en que ambos se encontraron en casa de Einar. Pronto tendría que separarse de ella, aun no sabía con exactitud que compartían y ansiaba descubrirlo, irse sonaba impensable.  — ¿Estas decepcionado? — inquirió la chica preocupada.   Adara temía el haber actuado muy rápido, lo beso por impulso, sin considerar si era correcto. El negó entrelazando sus manos, sonrió de manera nostálgica, lentamente la guio a un lugar alejado donde los dejasen en paz, sin necesidad de ponerse el disfraz de nuevo. En el camino meditaba no tener idea de cómo Adara lo hacía, pero poseía esa capacidad de alejar esas fuerzas negativas que lo ahogaban, dejando en su lugar una calidez que hace mucho no sentía.  —Desearía tener más tiempo o al menos, haber prestado atención a mi alrededor antes, no ahora que debo marcharme — llevo su mano a sus propios cabellos desordenándolos frustrado — es injusto...  — ¿Dónde iras? — susurró ella, rompiendo hilera de palabras.  —Mi padre me enviara a un internado – detuvo sus palabras, dudando si continuar.  No quería ponerla en peligro, la sola revelación de su identidad secreta ya podía ponerla en apuros, sin embargo, la noche en que dejo la carta se hizo un juramento de sinceridad, no quería ser como su padre. Alejando a todos y generando una red de peligrosos secretos.  —Confía en mí – escuchó la dulce voz de Adara, como sabiendo lo que en ese momento lo aquejaba — prometo guardar tus secretos, y si puedo hacer algo para ayudarte lo are.  Einar asintió, con un sonido de afirmación, procesando las palabras de Adara. Revelar su identidad de héroe, había sido un voto de confianza en sí mismo, él quería hacer las cosas bien, de una manera que aún no estaba clara, lo único que lo impulsaba desde que tomó su decisión en esa tumultuosa noche, era que realmente, esperaba cambiar su relación con la chica, quizás hacerse amigos más cercanos. Nunca había esperado las reacciones de la pelinegra, tomando la iniciativa de todo o llevándolos a un punto mayor al que el esperaba.  En el interior de Adara las nuevas revelaciones, habían hecho surgir una especie de seguridad personal, Einar inconscientemente había dejado de ser el chico inalcanzable, a ser la unión del compañero, que siempre le brindaba fortaleza cuando más lo necesitaba y el tierno joven, con el que compartía una confección desconocida. El cariño que por años separo en dos personas distintas se unía en una sola persona, disponiendo ignorar cualquier duda que turbase su nuevo panorama.  —Veras, descubrí que mi padre es el responsable de muchas de las atrocidades que suceden en Pasítea Land, debo informarle a my de...— Einar mordió su lengua estaba a punto de llamar my dear ,a la heroína, ya no podía hacerlo. No frente a la joven que decidió por si misma tomar su corazón y unir los fragmentos, hacerlo le parecía una ignominia — Royal Red – corrigió con voluntad— no pude encontrarla por ninguna parte y eso me preocupa.    La chica cubrió su boca con sus manos ante una pequeña sonrisa, había notado la corrección por parte de su compañero. Sin embargo, no podía centrarse en las emociones de Adara, no, en ese momento debía pensar como Royal Red se pondría en contacto con Black Knight, sin parecer sospechoso, no estaba segura de querer revelar su identidad aún. Fue la heroína quien rompió el corazón de Black en repetidas ocasiones, temía pensar en lo que sucedería si Einar se enteraba, que Adara a quien acababa de confesarse y Red la persona que lo hirió eran la misma. Ante ese último pensamiento se paró en seco.    «¿Si lo sabe el me odiaría? No fue con intención de lastimarlo, sin embargo...» Pensó para sí, un escalofrío le recorrió de ninguna manera podía enterarse de su identidad.    — ¿Te encuentras bien? — Interrogó el más alto – te ves un poco pálida.  —Sí, no es nada, solo pensaba en todo lo que debes vivir como Black Knight. — mintió en parte. — y lo que esa persona hace, debe ser terrible si Royal Red debe intervenir.  —Ni lo imaginas – suspiró el chico abrazándola para sentir su calidez, fue correspondido de inmediato con un suspiro lleno de ternura. — no me sueltes – suplicó con temor.  — ¿Por qué lo haría? — quiso saber Adara.  —Porque cada vez que quiero a alguien, terminan marchándose, no quiero que al soltarme también lo hagas. — esa confesión hacía sentir culpable a la más baja, seguramente Royal Red era una de esas personas.  —Yo no me iré a ningún lado, estaré aquí siempre que lo necesites — un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, el océano que había entre ambos aún era mucho, pero trabajarían para resolverlo – ahora debes buscar a Royal Red, si de verdad es peligroso lo que sabes, es mejor encontrarla de inmediato.   Adara se separó limpiando sus lágrimas rápidamente para que Einar no las viera, no quería acongojar el corazón del castaño.  — ¿Puedo verte luego? — respiró resignado el chico.  —Sí estaré en casa para despedirte, prepararé más galletas quizás un pastel– guiño acariciando la mejilla del joven, provocando una sonrisa de este especialmente por la promesa de verse nuevamente – Lía me contó en una ocasión que Royal Red suele patrullar cerca de la torre astronómica, en las afueras de la ciudad por las mañanas.    La mano del joven detuvo la de Adara en su mejilla, para luego guiarla a sus labios dándole un pequeño beso, justo como el día en que le entrego las galletas.   —Gracias, Lía es grandiosa la besaría, pero ahora mismo creo mis besos pertenecen solo a una persona — el rubor apareció en las mejillas de Adara, aumentando al sentir los labios de su amado juntándose con los propios en un pequeño beso antes de que este corriese entre la gente, dejándola de pie aun sin creer lo que sucedía.  — ¡Adara! Black Knight te estará esperando – le recordó Réel entre susurros.  —Es verdad – respondió la joven regresando a la realidad, corrió a un lugar fuera del alcance de las personas para transformarse.    Llevó su mano derecha hasta el prendedor, el cual desprendió pequeños brillos que llegaron a su mano, continúo levantándola a su rostro al tiempo que daba unos pequeños pasos de tap. En un delicado movimiento de su mano, extendió las chispas a su alrededor iniciando la transformación.  — Es hora de soñar — pronunció dando un giro sobre su eje.    Las chispas volaron a su alrededor transformando las ropas de Adara, en el magnífico traje real de Royal Red. El vestido rojo cereza de falda acampanada, con hermosos encajes y mangas amplias con holanes ondeaba en el viento, los detalles dorados en forma de pequeñas constelaciones de rosas bailaban por la tela roja brillando al sol, en su pecho sobre un exquisito encaje blanco su prendedor en forma de corazón relucía por la magia, siendo acompañado de un delicado moño. Bajo la pomposa falda se dibujaban unas delicadas medias blancas, con pequeños trazos de hojas bordadas dispersas a lo largo de estas. Finalmente, las chispas llegaron a sus pies apareciendo en estos unos botines a juego con el vestido, siendo el rojo el color predominante, un pequeño colgante en forma de roza era lo más resaltante entre los listones que servían de cintas para asegurarlos.  Sacudió su cabello sintiendo el peso extra ya conocido, para Adara aún era confuso como este se rizaba en la parte de atrás ganando tanto volumen, estaba segura que todo ese cabello no podía pertenecerle. Debía darle puntos extra a la magia de Fantazja por esa maravillosa melena.   Réel  voló alrededor de Adara dividiéndose en tres luces que tomaron forma de la pequeña tiara acomodada sobre el esponjoso cabello de Royal Red, los guantes que protegían sus manos y finalmente en sus dos armas. El látigo borgoña acomodado alrededor de su cintura y su cetro real que colgaba a un costado de su falda.  La joven sonrió colocando su mano sobre su rostro, se alegraba que con la transformación una leve capa de maquillaje tiñera sus labios de rojo y delineará sus ojos, sumado a la magia de distorsión de Réel, sin duda su identidad siempre estaría oculta. Aun no estaba lista para dar el salto que Einer dio, no es que desconfiase o eso pensaba ella, temía más bien que la confesión generara una repentina ruptura en la psique del joven, ya la magia del abismo lo había atrapado una vez. Sopesó por última vez sus opciones, afirmando su posición, ya tendría tiempo luego para sentarse y hablar todo con más calma.   
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