VIII

1751 Words
Para sorpresa de Adara, Oberón Iquelo era mucho más intimidante en persona. Estudiando sus rasgos, noto las diferencias entre padre e hijo, los había visto juntos en fotografías y el retrato en casa del joven, pero ver a padre e hijo de frente era una cosa muy distinta. Lo primero que noto, es su cabello n***o delineado entre líneas blanquecinas, este había sido delicadamente acomodado para enmarcar su rostro. En su cara facciones profundas predominaban, su piel no mostraba marcas típicas de la edad, libre de manchas y arrugas, eso no lograba ocultar lo que ella creía cansancio por vejes en sus ojos grisáceos.  El único punto de comparación entre ambos era el porte gallardo, con el que se erguían.      —¿Bien? — insistió Oberón en su gélido tono.   Einar trago con dificultad, perdiendo el aliento por completo. ¿De todos los lugares donde su padre podría encontrarlo, Porque aquí?  El nunca visitaba este tipo de lugares.  —Yo— se giró el joven con una mescla de sentimientos.   Tenía un gran resentimiento hacia él, por ser la persona que ponía en peligro su vida y la de todos en Pasitea Land. Quería gritarle, amenazarlo con exponerlo si no paraba, el de verdad quería eso, pero algo muy dentro de él lo detenía.  —Señor nosotros solo paseábamos – trataba de explicar al mayor sin éxito.   Oberón ignoraba cruelmente a la joven, sin aparta la vista de su hijo que no mostraba ningún signo de querer responder. Adara por su parte continuaba tratando de pacificar la situación, al sentirse responsable por llevar al chico a ese sitio. Einar solo lograba escuchar todo, totalmente paralizado, no encontraba su hilo de pensamiento, para responder a su padre. Para Oberón todo eso era ridículo, una pérdida de tiempo ocasionada por su hijo, al escaparse de su agenda y peor aún al dejarse fotografiar por cualquier fulano. ¿No se daba cuenta del peso que eso tendría en las redes? La situación fatigosa impuesta por los menores termino desatando el hastió del mayor.  —Einar al auto ¡ahora! — ordenó contundente.  Tras el grito de su padre, la mente de Einar había logrado procesar la situación, llegando a una conclusión, si el realmente era el mayor supervillano no quería hacer peligrar la vida de Adara, que en esas horas logro ganarse una parte de su corazón, el joven automáticamente bajo la cabeza caminando al Mercedes, transporte habitual de Oberòn. Entrando en este sin despedidas o crucé de palabras con la morena, si su padre desidia ignorarla, el continuaría con esto para no hacerla peligrar.    Todo el camino a la mansión Iquelo fue recorrido en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el ruido de la respiración en él pequeño espacio que ambos ocupaban en la parte trasera del Mercedes, la tensión del entrono podía casi t*****e, pese a que el rostro del famoso empresario no parecía mostrar emoción alguna, su hijo estaba seguro de la molestia que debía tener internamente.  Sin cortar aquel ambiente, entraron rápidamente a la mansión, sin dirigirse mirada alguna.  —Sabes muy bien lo que has hecho – dictaminó el padre fríamente.  — ¡¿Y tú sabes lo que haces?!— estalló finalmente el menor, consumido por la rabia que guardaba.   Einar solo podía ver en rojo, recordando toda aquella noche en la que descubrió el gran secreto de su padre.  —No oses replicarme – arqueó apenas una ceja el mayor.   Einar le conocía muy bien lo estaba llevando al límite de su paciencia, lo sabía por apenas aquel movimiento facial, que para cualquier otro habría pasado desapercibido.  — ¡¿Que harás padres?! ¡Castigarme sin salir de esta casa, mandar a una de tus pesadillas a poseerme! — El dueño de Kosmos, camino hacia su hijo tomándolo por el cuello de su camisa.  —Así que fuiste tú — gruñó mirándole fijamente— esa noche ¡Lo has arruinado todo! — aquel último grito tomo por sorpresa al joven, que no recordaba a su padre demostrando tal desparramo de emociones.  No solo era eso, ni siquiera le estaba negando la existencia de aquel sitio, o ser el villano que acosa Pasitea Land, el descaro por esto solo lograba aumentar aún más la furia del menor.  — ¡Tú lo has arruinado todo! Con tus maquinaciones, amenazando la vida de todos, manchando los sueños de la gente de Pasitea Land con tu sucia desesperación, destruyes todo lo que tocas sin piedad alguna– unas lágrimas escapaban de su control, en el fondo aun le quería después de todo era su padre, compartían una historia pasada no tan mala.    Lo que realmente le molestaba, era que no negara siquiera ser Dreamlike , no podía perdonarle lastimar a tantas personas en la ciudad.  — ¡Se acabó! – su padre le estrelló furioso contra la pared aun sosteniéndolo por el cuello de la camisa — jamás comprenderías, eres un niño malcriado, encaprichado por no conocer realmente como es el mundo ahí afuera, te e consentido demasiado protegiéndote de la realidad.  «¡¿Consentido!?» pensó irónico Einar. Una corriente de dolor lo golpeo repentinamente, recorriendo su cuerpo, como Black ese golpe contra la pared no sería nada, como Einar era otra historia.  —Ojalá acaben contigo – dijo en un simple susurro irónico – que Royal Red termine todos tus planes y jamás permita que tus deseos se cumplan.   Esas palabras parecieron certeros cuchillos que herían a Oberón, una bofetada resonó por el salón, marcando el clímax. Einar llevo su mano a la mejilla tocándola, un pequeño hilo de sangre se hizo presente desde su boca.  —Mañana mismo iras a un internado en Londres – sin soltarle comenzó a arrastrarle a su habitación, dejándolo dentro cerro con la llave maestra que siempre cargaba. — No saldrás de esta habitación hasta que sea hora de irte. — finalizo alejándose de la puerta.  El castaño corrió a la puerta golpeándola con sus puños, peleando desesperadamente con la manija, nada, la puerta seguía firme en su lugar, agotado dejó deslizar por la barrera que lo contenía en su nueva prisión, mientras las lágrimas salían sin control.  — ¿Einar? – hablo su acompañante mágico preocupado por este, no quería que la magia del Despair apareciese de nuevo.   El boku preocupado comenzó a frotarse contra el joven, simulando los movimientos de un gato real, subió a las piernas del chico comenzando a ronronear, al tiempo que frotaba su cara contra la propia.  — ¿Por qué no te transformaste? Podrías haber escapado de él, yo te habría protegido sin dudarlo — prosiguió la criatura negra acercándose más al rostro del joven.  —N-no puede e-él es mi padre – hablo finalmente entre sollozos abrazando al minino – ¿Por qué el Mauvais? ¿Por qué tuvo que ser él?     Acariciando con suavidad el pelaje n***o, un pensamiento llego a su mente; debía informarle a Royal Red, aunque él no pudiera pelear con su padre. Ella debía saberlo para estar preparada, en especial ahora que su padre estaba tan molesto, algo le decía que este regresaría con más fuerza. Se puso de pie transformándose rápidamente, escabulléndose por la ventana, fue en busca de la heroína.   Mientras tanto en uno de los pasillos de la mansión, Oberón contemplaba en silencio el retrato de su amada esposa.  —Aun así, Einar me odie un día entenderá por qué hago todo esto …— susurro con calma, contraria a lo que su rostro reflejaba, el cansancio y la pena acumulados era notable en sus facciones avejentadas por el peso de sus decisiones.               Oberón salió de la mansión, ordenando a sus guardaespaldas el vigilar a su hijo. Entre más rápido terminase con los arreglos para su plan final, más rápido podrían regresar a ser una familia.     Acompañado de las sombras de la noche, la figura de Oberón Iquelo entro al edificio que albergaba el corazón de su industria, nadie imaginaria que debajo de una de las corporaciones más grandes de la cosmética, se ocultaría la peor pesadilla de Pasítea Land.  — Mesdemet — Llamó el empresario, entrando en el ahora destrozado salón que era su guarida, observó el desastre preguntándose como su hijo podría haber causado tal daño.  — ¡Si maestro! — contestó emocionado una voz femenina.  — ¿Cómo van nuestros planes?  —Todo como lo esperábamos, la energía de pesadilla recolectada ente sus batallas con Red Royal y el Ruin Nigth comienza a tomar forma.  ­  Oberòn asintió observando la evitación de paredes grises, los tapices antiguos que colgaban de estas, ahora hechos jirones contaban antiguas leyendas. Por el suelo manchado con distintos líquidos, rodaban artículos que antes habían estado dentro de jarrones, sobre los estantes libros de magia antigua totalmente destrozados.  — ¿El responsable de esta destrucción, no daño nada importante? — cuestionó, sin dar mucha importancia a las cosas destrozadas.  — No señor, aunque…— la voz tomo un instante, pensaba en si sería bueno reportar los pequeños cambios en el experimento a su jefe.  Ya le habían reñido suficiente por no proteger la cámara, además no eran cambios malos, ella podría calificarlos incluso de algo benéfico para sus cambios.  — ¿Aunque? — insistió el hombre, por la pausa prolongada.  —Nada — rio restando importancia — Ese chico sí que desato su furia por aquí.     Bromeo causando un bufido molesto de Oberón.  — Si eso es todo creo podemos proseguir, mi hijo saldrá por la mañana de Pasítea Land. Lo que suceda con el resto no me importa.  — ¡Por supuesto señor! Yo me encargare del resto.  La necesidad de la mujer en complacer a Oberón podía notarse en su tono de voz, Mesdemet estaba total mente segada por el amor que profesaba. Queriendo que Oberón siempre estuviese complacido con su servicio, su búsqueda de aprobación por parte del otro era tal “esconder cosas debajo del tapete” formaba parte de su rutina, deseando tener todo en armonía entre ambos. Ocultaba información, como el hecho que su hijo era uno de sus rivales, o que cuando este había intentado destruir el orbe contenedor de su nueva criatura, la magia oscura que por naturaleza poseía gracias a los sentimientos de abandono, se había mesclado con este entregándole más fuerza de la pensada.  —Gracias Mesdemet ­— un chillido de felicidad abandono a la criatura, escondida entre las sutiles sombras que apenas dejaban dibujar un cuerpo femenino — Muy pronto nos veremos de nuevo mi querida Nix. 
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