V

1532 Words
Aun no tenía una idea clara de cómo entregaría el regalo a Einar, no podía dar marcha atrás, no soportaba la idea de que Einar se sintiese tan solo, menos que sus sentimientos negativos fueran tan grandes como para que la magia del despair  tomase posesión de él, llevándolo a saltar del balcón y acabar con su vida.  Sé que un regalo no lo aliviará todo, pero como Adara no tengo magia o poder alguno para luchar con el vacío, solo puedo demostrarle que tendrá mi apoyo en cualquier momento.  —Yo — comencé llamando mi valor — noté que ayer te veías un poco triste en la escuela — mentí a medias, si lo había visto, aunque no como Adara — quería brindarte ánimos.  Una mirada muy confusa apareció en esos ojos verdes que me distraían siempre que los miraba.  —Lo siento — su voz sonó bajo.  — ¿Por qué? — no comprendía sus palabras.  —Por preocuparte. Seguro fue una molestia.     Aunque sonreía, esto no llegaba a sus ojos, los cuales eran opacados por una capa de melancolía. Necesitaba hacer algo, no podía dejar que se hundiese en esas emociones, la magia oscura aria su aparición nuevamente, no podía tolerar la idea de que el fuera una víctima más del Despair.     El rostro de Adara si contrajo en una expresión de firmeza, por nada del mundo permitiría que una persona tan cercana a ella fuera tragada por El Vacío.  —Einar, deberías ser más sincero contigo mismo – escapó de los labios de Adara antes de poder pensarlo mejor. En el momento su mente solo procesaba como la heroína que era, su deseo de querer ayudarlo tomo absoluta posesión de ella,    —Ya veo – musitó el castaño, haciendo regresar de inmediato a la chica y no a la heroína, está por su parte pensaba que había dicho algo malo de golpe.  «Perfecto Adara, lo has arruinado todo, querías animarlo recuerdas, no hacerlo sentir peor» se regañó a si misma mentalmente.     —Y- yo no quise decir eso – trató de disculparse, siendo interrumpida por la voz del otro.    —No, relájate, me alegra que ahora puedas expresarte libremente ¿Eso es lo que te desagrada de mí?   Einar la observaba con incertidumbre, todo el escenario le parecía muy extraño.     — ¡NO! — Adara se apresuró a negar totalmente sorprendida – Tú no me desagradas en nada.    ¿Qué tan mal tuvo que estarlo haciendo antes? Ella en ningún momento había querido darle a Einar la impresión de que le desagradaba, está bien el primer contacto que tuvieron fue un poco desastroso, con ella interrumpiendo uno de sus recítales por accidente y después de eso tenía la vaga idea de haber protestado en contra de una iniciativa de la empresa de su padre. Claro que eso había quedado en el pasado desde ese momento ellos habían compartido muchos momentos, quizás indirectamente por sus dos amigos, pero las habían compartido.    —Creí que nunca me hablabas porque algo te desagradaba de mí, es decir mi familia no es la más amada por aquí – los ojos azules se abrieron de par en par ante esa confesión. — Y tu pareces una chica dulce con todos, incluso tienes paciencia para tratar con Margot, si yo fuese chica quizás la golpearía. – bromeo con lo último, causando una risa sorprendida de su compañera.  Las risas de Adara maravillaron totalmente al castaño, incitándolo a reír junto a ella, era una risa tan cálida y sincera como ella.    —Einar, no harías eso – decía entre risas.    —No lo sé, no soy una chica – rio junto a ella. Al terminar de reír, Einar, tomo aire para cambiar a un tono solemne, quería transmitir correctamente su idea, ahora Adara parecía más receptiva de sus palabras — Veras, si alguien con una personalidad dulce como la tuya no te habla, es porque algo anda mal — finalizó su explicación esperando respuestas.    —Lo siento nunca pensé que te diera esa impresión. —Adara suspiró notando como su cuerpo se sentía extrañamente relajado, las cosas marchaban mejor de lo que pensaba en un inicio.    «Bien hecho, ahora entrégale el paquete y podrás cantar tu victoria» se felicitaba internamente la de cabellos negros, justo cuando una campana rompía el ambiente tranquilo que ambos tenían.    — ¡Oh no se ha hecho tarde!  —  exclamó el castaño mirando a todos lados, percatándose que todos habían entrado a clases.     —Perdóname, creo que por mi culpa ahora nos reñirán a ambos.    Einar negó sonriendo, se puso de pie sacudiendo con suavidad sus pantalones negros.    —Fue divertido, hace mucho no reía tanto.  La sonrisa de Adara apareció en ese instante reluciendo como nunca antes, provocando un tenue rubor en las mejillas del chico de ojos verdes. El poder ver esta otra parte de ella, para él era simplemente una nueva maravilla en su lista.  —Me alegra que pudiésemos compartir este momento – aseguro ella sonrojándose, ladeo la cabeza recordando las galletas — Casi lo olvido hice estas para ti, es una receta especial mi madre solía hacerlas cada vez que de niña me pasaba algo malo.    —Gracias – el sonrojo más notable hasta el momento apareció en las mejillas de Einar, era el primer regalo así que recibía de una chica. Siempre le daban muchos obsequios, pero todos carentes de un valor emocional.  Se puso de pie, tomando una de las manos de Adara con la propia, la levantó, inclinándose levemente para poder acercarla a su rostro y brindarle un delicado beso en el dorso de la mano, una corriente eléctrica recorrió todo el cuerpo de Adara con el contacto. Los labios de Einar le habían tocado no podía creerlo, ese era uno de los mejores momentos de su semana. Era maravilloso.      Ambos habían terminado castigados después de clases por la tardanza, para la joven de ojos azules eso era perfecto ya que estaba junto a Einar, el dueño de sus pensamientos juveniles, luego de su logro matutino entregando las galletas se sentía más segura de sí misma que nunca.  La profesora salió del salón dejándolos a solas. Dándole oportunidad al castaño de abrir aquel paquete que contenía las galletas, al abrirlo sintió nuevamente el delicioso aroma que despedían. Adara no lo sabía, pero aquel regalo era perfecto, con el ánimo que le ataco en la mañana había olvidado por completo llevar alimentos para el día.  «¡Dios mío!» grito Adara en su mente, feliz pero nerviosa al ver que el otro tenía el regalo entre sus manos.    — Adara ¿Quieres una? — Ofreció sintiendo la mirada de la chica — Sé que las hiciste para mí, pero es mejor si se comen con compañía ¿Verdad? — dijo este girándose en su asiento para poder verla ya que esta se encontraba en la banca justo detrás de él, Adara siempre se sentaba en ese lugar soñando hablar con Einar, contemplándole con una tierna mirada sin que él lo supiera.    — ¡Si! — escapo de sus labios en un pequeño grito, de inmediato el rubor se pintó en sus mejillas no esperaba sonar tan desesperada.  Una pequeña risa por parte del contrario le hizo relajarse de nuevo, aun sí Adara pareciese más animada de lo normal. Einar no era el mejor para juzgarla, solo conocía pequeños fragmentos del caleidoscopio que parecían conformarla, así que cualquier acción exagerada por parte de la joven simplemente seria atribuida a su personalidad normal.     —Creo nos salvaste de morir de hambre – tomó una de las galletas mordiéndola, el sabor le sorprendió mucho haciéndole abrir los ojos de par en par. Estaba acostumbrado a comer platillos elaborados por grandes chefs; pero nada se parecía al sabor casero y armonioso de aquel regalo.    — ¡¿Saben mal?! ¡¿Su consistencia es dura?! — asustada por la reacción del chico, tomo una de las galletas probándola ella misma. — pues saben cómo las de mi madre ¿Es qué no te agradan?  Obtuvo como respuesta un ademan con la cabeza negando a todo, el siendo un tanto más alto bajo un poco la cabeza, para contemplar mejor el rostro de Adara, sonrió nostálgicamente recordando como su madre trataba de cocinar para él, aunque esto siempre terminaba en un fracaso a él no le importaba, era feliz de solo pasar tiempo con ella.    —¡Son muy buenas!, gracias – suspiró tratando de ahogar sus sentimientos. De nuevo aparecía una pequeña barrera entre ellos y esta vez no era su nerviosismo, no podía rendirse ahora que empezaba a tener confianza en sí misma.    —Einar... — sus palabras quedaron sin terminar, debido a que la profesora regreso al salón lanzándoles una mirada no muy feliz, por lo que estaban haciendo, se aclaró la garganta indicándole que aquel era un castigo, no un momento de socializar, el objetivo era reflexionar sobre sus acciones.  Luego de unas horas, la profesora les libero tras una serie de regaños sobre el futuro, que esto era por su bien, etc. Adara apenas prestaba atención un nuevo problema se cernía frente a ella ¿Qué pasaría cuando Einar se fuese a casa? 
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