Luego de aquel conmovedor abrazo, ambos continuamos nuestro camino entre pequeñas platicas sin importancia. El ambiente era más liviano ahora, como si un misterioso peso se hubiese retirado de nuestro alrededor.
Sin darnos cuenta llegamos a la habitación de Einar, donde una conversación trivial sobre si un mono gigante, podría ganarle a un dinosaurio nuclear se desarrolló entre risas y afirmaciones tontas, todo trascurría como un sueño ajeno a este mundo. En mis adentros, quería preguntar acerca de por qué había encontrado a Einar en plena caída libre, sin embargo, algo me decía que él no necesitaba eso en ese momento, además tener que romper la atmosfera de paz creada en este momento sería una pena.
Nuestras charlas continuaron un par de horas más, hasta la hora de marcharme de casa de Einar, en cuanto Réel, me recordó que nuestra energía podría agotarse y que si no me apresuraba mis padres podrían darse cuenta de mi ausencia, aun no quería dejarlo. Parecía un poco más animado, sin embargo, en su mirada aun podía ver algo más, ¿Eso era? las sombras de la desesperación, por mi aflicción inicial, no lo había notado antes pero que tonta. Por supuesto que la magia de Los Abulias tenía que ver en esto. Rèel me recordó nuevamente la hora, no tenía más tiempo, tampoco podía hacer mucho como Royal Red, mientras la magia del despair no se presentase por completo mi poder era inútil.
Me despedí de mi querido castaño, con un último abrazo, deseando que la magia del despair no siguiese con su avance.
¿Qué podía hacer para ayudarlo? No tenía ni la más mínima idea, al llegar a casa me deje caer rendida en mi almohada tratando de buscar alguna respuesta.
Supongo que lo más sensato sería informar sobre el suceso en la mansión, para que alguien pudiese estar alerta. Era una buena idea con un solo problema en contra ¿A quién contactar?, El padre de Einar no era la persona más accesible, no estaba segura de que los trabajadores de aquella gran casa, mansión o castillo, tuviesen mucho interés en involucrarse en los asuntos familiares de los Iquelo.
Resople totalmente frustrada, no recordaba conocer a nadie que tuviese un contacto particular con Einar, buscar ayuda por fuera de la situación tampoco era una opción, podría ser peligroso para mi identidad. Finalmente cerré los ojos decidida a despejar mis pensamientos y buscar una solución por la mañana.
No logre conciliar el sueño, mi mente seguía enfrascada en esos ojos verdes manchados por la sombra del despair, por suerte eso me dio la oportunidad de pensar en algo, quien lo diría el insomnio puede ser fuente de inspiración. Me deslice en silencio a la parte trasera de la tienda de mis padres, tomando algunos recipientes e ingredientes, pensé en cocinarle algo dulce y delicioso que lo hiciese sentir mejor, que lo llenase de paz y tranquilidad, aunque sea por unos instantes.
Busque revolviendo los recetarios de mi madre, estudiando algunas recetas buscando la indicada; pasteles, cup cake, repostería francesa…
No nada de eso me parecía lo indicado, todo era apetecible y delicioso, aun así carente del significado necesario.
— ¿Cariño te encuentras bien? — escuché una dulce y suave voz conocida, claro que eso no evito que diera un pequeño salto sorprendida, me tomó por sorpresa.
—M-ma-ma- mamá — tome aire tranquilizándome— sí, es solo que busco algo especial para alguien.
—Mmm especial ¿Es acaso algún novio secreto? –sus ojos centellaron de felicidad rápidamente ante esas palabras.
— ¡N-no, No! ¡mamá como crees! — me queje plantándome firme frente a ella.
Mi madre es una romántica de primera, le encanta soñar con romances y bellos cuentos de amor, así que siempre está armando ideas sobre posibles relaciones y amoríos. Cosa que para mi padre es muy divertido, él siempre es feliz contando como esa chispa de romanticismo los junto, recuerda sus cabellos rojizos ondeando al aire y sus ojos azules tan profundos como el mismo océano, centelleantes de amor, lo había cautivado completamente desde el primer instante que la vio montando esa bicicleta, con flores silvestres en la canasta y ese olor a galletas recién horneadas que la rodeaba, excelso había comentado mi padre con cariño.
Una suave risita salió de los labios de mi madre, regresándome al presente. La contemple por unos minutos, con esos rizos rojizos cayendo libremente en cascada, los cuales mi padre tanto amaba, sus ojos seguían siendo de ese azul profundo, relucientes como un par de hermosas joyas, aún centellantes de amor, aunque ahora unas pequeñas marcas de edad los acompañaban, esto solo les brindaba la dulzura proveniente de la edad, su cuerpo delgado y alto estaba ataviado en su bata de lana violeta, esa que mi padre le había regalado el día en que abrieron la tienda, símbolo de su promesa que cosas mejores vendrían para ellos. Observándola como si fuese la primera vez que la veía, sentí un pinchazo en el corazón, baje la mirada pensando en que era afortunada al tener a mi madre, aunque en momentos sus comentarios me avergonzaban, aun la tenía, podía verla todos los días en el desayuno, al regresar de la escuela o simplemente al correr a sus brazos en busca de apoyo.
Camine hacia ella dándole un fuerte y cálido abrazo, quería hacerle sentir todo lo que le agradecía de estar ahí, de inmediato me correspondió dándome un pequeño beso en la frente al separarnos.
— ¿Necesitas ayuda? — me dedicó una mirada de cariño, de esas que solo las madres pueden dar, un nudo subía por mi garganta al pensar en Einar sin su madre, sin un apoyo, sin nadie que le brinde consuelo.
—Es para un amigo — le dije — la pasa muy mal estos días – hice una breve pausa pensando si debía contarle, después de todo me enteré de aquello siendo Royal Red. La miré fijamente tomando confianza, si en alguien podía confiar esa era mi madre — Gracias debido a una conocida me enteré, que este amigo en particular la está pasando muy mal.
Su madre falleció por estas fechas y su padre parece no ser de mucha ayuda últimamente, quisiera de ser posible darle un poco de ese cariño que comparto con ustedes. Transmitirle que no se encuentra solo– finalicé mirando cómo la pena inundaba la mirada de mi madre.
Aun así, siendo mi madre la romántica que es, rápidamente la pena cambio por una chispa de complicidad. Caminó fijamente buscando su recetario especial, tomo una pequeña tarjeta extendiéndomela con tal decisión.
—Esta es la receta de mis galletas especiales, es un poco simple, pero echas con la cantidad de amor adecuado ¡son mágicas!
Mi madre extendió el recuadro de papel con un pequeño giño confiado, tome la receta reconociéndola de inmediato, era la misma que mi madre preparaba para mí, en esos malos días en que necesitaba consuelo.
— ¡Mamá! Eres un genio, estas son las indicadas – le agradecí depositando un beso en su mejilla y corriendo a preparar todo.
—Deberías invitar a ese amigo a una cena en familia algún día, estoy segura que a Einar le encantaría probar mi comida casera – decía divertida saliendo de la cocina.
— ¡Si! —Mascullé distraída, esperen ¿qué dijo? “Einar” ¿Cómo lo supo?
— ¡Mamá! — grité completamente sonrojada, obteniendo como respuesta solo otra serie de risitas que se escuchaban a lo lejos. No dudaba que mi madre ya tuviese todo un escenario en su mente, con sinceridad yo también imaginaba como seria salir con mi querido castaño, ir a sus recitales, bailar con él en alguna fiesta elegante, quizás hasta tenía un par de ideas sobre ambos adoptando un pequeño hurón llamado Henrry.
Como resultado de mi cocina nocturna, no dormí nada en toda la noche, pero el ánimo por entregar las galletas no me permitía estar cansada, llegue a la escuela mucho antes que las clases comenzaran, cosa que desato varias bromas por parte de mi amiga Lia, quien no podía creerlo.
Algunas horas pasaron y Einar no llegaba, la preocupación apareció de nuevo agobiando mi corazón ¿Qué tal si algo le hubiese pasado cuando lo dejé?, Decidí caminar para preguntarle a Agust, mi amigo y compañero si sabía algo de Einar, como su mejor amigo, seguramente sería el primero en ser informado si algo le sucediera, mis pensamientos quedaron totalmente al aire, cuando el auto que aparecía en ese momento, era el, Einar un suspiro contenido escapo de mis labios sin darme cuenta. Igual que cada mañana, el auto hizo presencia parando justo a la entrada de la escuela. Entonces una nueva preocupación cruzo mi mente ¿Qué le diría para darle las galletas? Él no me contó lo de su madre, bueno no exactamente, Einar solo se había abierto con mi alter ego Royal Red. ¿Cómo acercarme sin verme realmente sospechosa?
Observe como se acercaba a Agust sonriendo, mis ojos subieron hacia los suyos queriendo buscar su mirada, de nuevo este nerviosismo que me paraliza y hace tartamudear ¿Cómo pude pensar si quiera en hacer esto?
«Eres una tonta Adara» me regañe mentalmente.
Sentí una mirada fijarse en mí, la busqué rápidamente encontrándome con Einar, aquellos ojos verdes cruzaron mirada con los míos, por un momento pensé correr, mudarme de la ciudad, cambiar de nombre y abrir un pequeño local de artesanías, con buenas ofertas los días miércoles.
«¡No!» Exclamé mentalmente, golpeteando el suelo con mucha fuerza y decisión con el pie derecho, al ver un poco de nostalgia inundando esos orbes esmeraldas, supe que esto era lo correcto.
Recurrí a la firmeza que tenía como heroína caminando hacia él.
—Einar ¿Podría hablar contigo? – Solté de manera casi autoritaria, sonrojándome de inmediato al percatarme de mi tono de voz, solo salió así sin quererlo
— bu-eno s-si es que puedes p-pero creo estas ocupado así que mejor no—tartamudeando a sí nunca podré cumplir mi objetivo, deseaba tener el valor que poseía como Royal Red en este momento.
—Claro – respondió dedicándome una sonrisa.
—Nosotros los dejamos, Agust prometió ayudarme con mi blog – intervino Lia apareciendo de repente en la conversación, entonces en ese momento agradecí el tener una amiga así.
—¡Yo no prometí eso! — se quejó Agust siendo arrastrado por Lia.
—Oh, sí que lo hiciste anoche, debes aprender a leer entre líneas cariño –sentenció mi amiga desapareciendo con su acompañante.
¡Ahora todo dependía de mí!