Era un excelente jugador de póker. Disfrutaba analizando las expresiones faciales, leyendo las señales de la gente cuando intentaban esconderse tras sus cartas. Todos tenían un tic que te decía cuándo mentían o cuándo faroleaban en una partida. Había cursado la secundaria y ganaba dinero extra leyendo a la gente durante las partidas de póker. Gané una buena cantidad de dinero, pero me hizo perder la ingenuidad ante la cantidad de mentiras que la gente suele tener. Se me hizo imposible fingir que no las veía. Las mentiras eran demasiado obvias. Era tan fácil ver la verdad tras las sonrisas falsas y las palabras falsas. Podía saber cuándo otros mentían sobre su estado civil, mentían con falsos cumplidos y mentían sobre sus sentimientos. Tate Dalton me miró fijamente, mintiendo y no mintie

