La conversación murió. Cayó de bruces al olvido. Dejando atrás un silencio ensordecedor que llenó la habitación hasta que cada respiración se sentía fuerte e incómoda. Algunos silencios son apacibles y fáciles. Y hasta que los posibles sentimientos de Tate por Laliana surgieron en la conversación, el silencio había sido fácil. Familiar. Pero ahora era intenso, incómodo y ruidoso. Había puesto a Iz en un aprieto. Le pedía un secreto que quizá no le correspondía compartir. ¿Cómo lograba eso el silencio? Era el mismo sonido, pero la energía que contenía era completamente diferente. Uno era tranquilo y suave. El otro, salvaje y peligroso. ¡ Un silencio estúpido e incómodo, de estrés crepitante! Iz continuó trabajando, deteniéndose el tiempo suficiente para hacerme un gesto para que me girara

