Llega un momento en que ya no te importa lo que te depara el futuro. Llegas a un nivel de ira que apaga todas las partes de tu cerebro que te advierten. La parte que te dice que no juegues con fuego, que no bajes por una cuesta empinada llena de baches en patineta, que no enciendas fuegos artificiales dentro de tu casa. Y claro, puede que yo hiciera las tres cosas de niño, porque la rabia y el dolor me llevaron a tomar decisiones tan estúpidas. Y yo sentía que iba por el mismo camino. Uno sin pensar mucho en las consecuencias. Solo imágenes de golpear a ese idiota engreído de Laurence Royal en su cara de engreído una y otra vez. El coche se llenó de pensamientos asesinos mientras imaginaba una estrategia llena de dramatismo. Derribar las puertas de su oficina antes de blandir mi bate en u

