Vientos de promesas
**JACK**
No recuerdo la última vez que me sentí tan impotente. Los días se arrastraban desde el accidente, el dolor y la soledad se habían convertido en mi única compañía constante. Me sentía atrapado en un cuerpo que ya no respondía como antes, y cada día era una lucha no solo contra la inmovilidad física, sino contra el remordimiento que me corroía desde dentro. Había perdido mucho más que la habilidad para surfear; había perdido la esperanza de construir la vida que tanto había soñado.
Y entonces todo cambio, hace unos días, cuando la nueva fisioterapeuta entró por esa puerta. La reconocí al instante, aunque sus ojos ya no brillaban con la misma intensidad que recordaba. Había una brecha distante entre nosotros que parecía insalvable. Ella fingió no conocerme, mientras que mi mayordomo le explicaba la situación y aunque cada vez que me miraba sentía un dolor agudo en mi pecho, lo acepté como un castigo merecido por mis acciones pasadas.
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Hoy estaba en la sala de estar de mi casa, un espacio tranquilo que usualmente me servía para alejarme de todos. Sumido en mis pensamientos mientras el tiempo parecía moverse a un ritmo diferente al mío.
Mire el reloj mientras hacia el tic tac, esperaba pacientemente a que ella llegara para nuestra sesión de fisioterapia, así mismo indicarle que se vaya como todos los días. No quería que ella viera en el hombre en que me había convertido.
Fue entonces cuando escuché unos pasos rápidos y ligeros, seguidos por risitas llenas de alegría. Giré la silla de rueda y fue cuando la puerta se abrió de par en par y entró una niña pequeña, con mechones de cabello castaño claro y rizado que recordaban a los de mi madre. Su risa era tan contagiosa que no pude evitar sentir un destello de sonrisa en mi rostro cansado.
La pequeña se detuvo frente a mí, con ojos grandes y brillantes, llenos de curiosidad y un entusiasmo que me sorprendió.
- ¡Oa! Yo soy Azul. ¿Tú eyes él? me preguntó con una inocencia desarmante, mientras señalaba con su pequeño dedo a una foto ampliada del último campeonato de surf que había ganado
Asentí con timidez, sintiéndome un torpe y fuera de lugar ante la espontaneidad de la niña. Me recordó a como era yo de niño.
- Todos dicen que eyes el mejor del mundo. ¿Es vedad?
Su pregunta me tomo desprevenido, recordándome quién solía ser antes de que todo se volviera oscuro y complicado. Intenté encontrar las palabras adecuadas para responderle, luchando contra la emoción que amenazaba con abrumarme.
- Bueno, solía serlo - respondí, tratando de sonar despreocupado.
Azul frunció el ceño, pensando. "¿Y po qué ya no lo eyes?"
Antes de que pudiera formular una respuesta, escuché su voz llamando a la pequeña desde el otro lado de la casa.
- ¡Mami! - gritó Azul con entusiasmo.
“Mami”, susurre para mí mismo, con una mezcla de incredulidad y sorpresa. ¿Acaso esta pequeña es hija de ella? En ese momento, ella ingresó en la sala y un gesto de sorpresa se dibujó en su rostro al vernos juntos.
- ¡Aquí toy, mami! - gritó nuevamente Azul.
Su rostro se iluminó con una mezcla de amor y ternura al ver a la pequeña.
- ¿Qué haces aquí, cariño? ¿Acaso estás jugando con el paciente de mamá? - preguntó con una sonrisa cálida mientras se acercaba.
- “Ño” dijo azul moviendo su cabecita. - Solo quieyo conochelo
Observe la interacción entre madre e hija, sintiéndome como un extraño en una escena que parecía tan natural y llena de amor.
Ella me miró y se disculpó, diciendo: Perdón por la presencia de mi hija. Ya hablaré con la niñera para que tenga más cuidado. Lamento que te esté molestando."
En un impulso que no podría explicar y a su vez sintiendo una calidez que no había experimentado en mucho tiempo respondí automáticamente: No me está molestando, de hecho, su presencia me hace sentir bien.
- Comprendo, dijo ella con suavidad. Si me das unos minutos, me la llevaré y regresaré para comenzar con las terapias.
Tomo la mano de Azul con ternura y le dijo con voz dulce:
- Vamos, cariño, es hora de tomar tu leche.
Mientras observaba cómo hablaban, noté que Azul no se movía. En cambio, se giró hacia mí con una pregunta que me tomó por sorpresa, mientras percibía la preocupación en los ojos de su madre.
- ¿Podías algún día enseñame? Para che la mejol
Su solicitud choca en mí de una manera que no esperaba. Me hizo reconsidera mis propias limitaciones y el deseo de conectar más profundamente con esta pequeña.
Una chispa de determinación nació en mi interior al ver la esperanza en los ojos de Azul. Decidí en ese momento que era hora de intentarlo de nuevo, de superar mis propios obstáculos por ella y por su madre.
- Claro, respondí sinceramente, cuando esté mejor, te enseñaré a surfear.
- “Es una pomesa”, dijo la pequeña alzando su meñique a lo cual yo también lo enlacé y respondí si es una promesa.
Cuando nuestros dedos se enlazaron una conexión recorrió todo mi cuerpo, como si tratará de indicarme algo. Así que mire a su madre.
En ese momento, levantó a Azul en sus brazos y susurro: No hagas promesas que no puedas cumplir.
Y comenzó a caminar hacia la salida. Fue entonces cuando me atreví a comentar lo que me había estado consumiendo desde que las vi juntas.
- Veo que has seguido con tu vida y ¿eres feliz?, pregunte con una mezcla de dolor y curiosidad.
Ella se detuvo por un momento, sin girarse para enfrentarme directamente, sus palabras palparon claramente en el aire.
- Al mes de volver de lo que ocurrio en Australia, descubrí una felicidad que jamás pensé que volvería a sentir de nuevo. fue todo lo que dijo mientras miraba Azul, pero su tono transmitía más de lo que sus palabras revelaban.
Continué con la pregunta que me quemaba por dentro:
- Y puedo saber, ¿Quién es el padre?
Antes de que pudiera responder, la pequeña Azul intervino con una dulzura inocente que hizo que mi corazón se estremeciera.
- Mi papá es un campeón y es el mejol.
La sorpresa me invadió de nuevo, y mis pensamientos se agitaron en un torbellino de emociones mientras intentaba comprender el significado detrás de las palabras de Azul.