Una mañana, como todos los días Julia se dirigió con sus padres a las terapias, cuando estaba a punto de comenzar, vio llegar a Valeria con Julio, por un momento creyó que Julio se iba a ir, que solo vendría a dejar a Val, sin embargo, en está vez, él parecía decidido a quedarse. Julia suspiró y se centró en las terapias. Le emocionaba que él estuviera ahí, pero sentía algo de vergüenza que la viera en ese estado, siendo una completa inútil. Cuando sus miradas se encontraban, había una fuerza que la impulsaba a hacerlo mejor. Las terapias terminaron, y Julio se acercó a ayudar a Julia. —No pensé que te quedarías —los otros días había dejado a Val en la entrada de la puerta. —¿Te molesta que haya venido? —No —sonrío—, solo que —humedeció los labios—, ¿tú novia no se enoja que este

