Anastasia se sentía un poco abrumada por la cantidad de personas que coexistían en esa ciudad, el castillo no estaba muy lejos de la misma y los guardias reales patrullaban constantemente el lugar. La chica para conocer la ciudad empezó a vendar flores en la entrada del callejón en el cual habitaba Theodor, había dejado un pequeño espacio para que las personas pasarán a la tienda de juguetes e increíblemente si tenían compradores, llegaban a cada media hora. Mientras la chica vendía hermosa flores, fingía ser ciega y Luca la ayudaba. —Esta ciudad es completamente diferente a donde vivíamos—Soltó Anastasia. Luca la miró de reojo mientras acomodaba algunas cestas de flores. Sabía que a la chica le incomodaba un poco el lugar. —Si Ana, es más grande...hay más personas—Aseguro Luca al so

