La tormenta arreciaba con fuerza, la adversidad parecía impasible, pero la fuerza con la que se agitaban las olas podría describirse que era el odio del mar. Enchantres sonreía entusiasmada finalmente cumpliría el sueño de su amor, el matar al feroz dragón en la isla desconocida que Ingritt creía que había matado a Jerome. Deseos egoístas y poco prudentes eran los que el rey albergaba en el interior de sí misma. — ¡Lady Enchantres la marea empeora conforme nos acercamos a la isla!—Exclamo un marinero. La bruja sonrió levemente y alzó una mano, entonces el barco se alzó junto con su movida. Los marineros se sujetaron con fuerza a la madera del barco, el agua salada cercenaba las heridas que se habían provocado al mantener al barco a flote. — ¡No se preocupen caballeros!—Grito al desl

