Capitulo 5

2519 Words
Miró hacia arriba al joven de unos dieciocho o diecinueve años que sostenía entre sus manos una tabla de madera. Era alto y delgado, no demasiado fuerte y se intuía un inicio de barba en el mentón. Los ojos los tenía del mismo color que los de Carlie y había algunas facciones en la cara que lo delataban como pariente. El pelo, sin embargo, era más oscuro que el de ella, cayéndole en mechones rizados hasta la nuca sin llegar a tocar sus hombros. —Carlie, llama a la policía. Lo mantendremos aquí hasta que vengan. —¿Y cómo demonios quieres que llame si sigo atada, Bastian? Además, él fue el que me salvó de los verdaderos pervertidos. Bastian miró a su hermana. —¿Y por eso te estaba metiendo la lengua hasta la campanilla? —preguntó con ironía. —Desátame que te voy a enseñar yo a hablarle bien a tu hermana. —Perdonad pero creo... —Tú estate quietecito ahí, tío. No te atrevas a tocar a mi hermana —amenazó Bastian ondeando la madera para golpearle de nuevo si se le ocurría acercarse. Raven se puso de pie y miró a Carlie. Seguía atada de manos y su ropa dejaba a la vista bastante de su piel. No era de extrañar que lo hubiera confundido con un violador. —Bastian, deja de apuntarle con eso. Ya te he dicho que me salvó, además, lo conozco. —¿Conoces a este tipo? —Sí... de la inmobiliaria. Me ocupé de recoger los datos de su casa. —¿Éste es por el cual aguantaste que tu jefe te sobara? —¿Tu jefe? —inquirió Raven. Su sangre empezaba a hervir por la situación en la que se veía Carlie en todo momento. —¡Bastian! No hace falta que lo proclames a los cuatro vientos. Y ahora, ¿quiere alguien desatarme? O voy a tener que quedarme así más tiempo, me estoy helando. Los dos se miraron como si estuvieran echando un pulso y finalmente Bastian tiró su arma y se acercó a su hermana para desatarla. Ella se frotó las muñecas mientras su hermano le examinaba la rozadura. —Hay que limpiarla Carlie, parece que se va a infectar. —Sí, empieza a escocerme bastante —respondió ella. —Toma —dijo Raven ofreciéndole su chaqueta—. Póntela mientras llegamos a tu casa. —Gracias —aceptó rozando las manos un instante. Se la puso moviendo con cuidado el brazo herido y pronto empezó a sentir calor que disipó el frío que había tenido antes. Ella le dio la vuelta a Raven y trató de verle la herida pero él la detuvo antes de que lo tocara. Ya estaba curado y no quería que lo descubriera en ese momento. —¿Cómo sabe dónde vives? —acusó Bastian. —Me ha llevado un par de veces a casa. —¿Te lo estás follando? Carlie le dio un buen coscorrón y Bastian huyó de su lado. —¡Usa otra vez ese lenguaje conmigo y te diré lo que voy a cortarte cuando te quedes dormido! Como si se compadeciera de él, Raven sintió un tirón en sus pelotas y se apartó un poco de ella, no fuera que también la tomara con él. —Y ahora, ¿podemos irnos de aquí? No es que me guste mucho estar en el escenario de un intento de robo, violación o lo que fuera. —Ya te tengo dicho que te vistas de otra forma —replicó Bastian. —¿Y cómo quieres que lo haga? ¿De monja? —Por lo menos podrías esconderlas algo más... —masculló mirando sus pechos. —Como no quieras que me los corte... —murmuró ella, desesperada por esa conversación. —Ni te atrevas... —gruñó Raven. —¿Ves? A éste también le gustan —dijo Bastian bajito. Carlie salió corriendo a por su hermano y Raven tuvo que detenerla antes de que le asestara un golpe con una piedra que encontró por el camino. Sonrió divertido por la escena pero, más, por esa personalidad que no conocía de Carlie. Claire no tenía hermanos y no sabía si se hubiera comportado del mismo modo pero Carlie sin duda era una hermana a tener en cuenta, tanto para lo bueno como para lo malo. —¿Tenéis coche para llegar? —No... Bastian aún no se ha sacado el carné. Podemos coger un taxi. —Tengo mi coche aquí cerca. Puedo llevaros. —No, gracias —dijo Bastian tirando de Carlie y robándosela de sus brazos—. Mi hermana y yo estaremos bien. Gracias por salvarla y adiós. —¡Bastian! —No me fío. ¿Quién te dice que no fue él quien metió a esos tipos y ahora lo que quiere es meterse en tus bragas? Carlie le cogió una oreja y tiró con fuerza de él. —¡Por Dios, Carlie! ¡Suelta! —Te lo advertí. Te dije que no me hablaras así. ¿Te crees que voy detrás de todos los tíos que se me presentan? —¡Tú no, pero ellos sí! ¡Siempre ha pasado lo mismo! —Sé defenderme yo solita —soltó la oreja y Bastian se alejó de ella frotándosela. —Sí, como esta noche. ¿Se te ha ocurrido lo preocupado que estaba cuando no has aparecido? —¿Y yo qué culpa tengo? —No es por nada pero esta discusión no os lleva a ninguna parte —intervino Raven algo cansado de verlos pelear en la calle. —Es la misma discusión de todos los días, así que no se preocupe. —Preocupes —corrigió él. —¿Qué? —Que dejes de tratarme con educación. Creo que después de esto, la relación entre nosotros ya es más que profesional. Carlie lo miró como si hubiera dicho algo que tuviera que rebatir. Estaba lidiando consigo misma para darle argumentos en contra de lo dicho. —Está bien. Estoy cansada, me duele el brazo y sólo quiero llegar a casa. Bastian, vámonos. —Déjame que os lleve. Me quedaré más tranquilo. —¿No tienes planes? Supongo que habrás salido por algo. Y no deberías conducir con esa herida en la cabeza. También habría que verla. —Ya no tengo planes. Estaba de camino al coche cuando te oí gritar. —Ah... —Carlie miró a su hermano que ponía cara de malhumor—. Está bien, gracias. Antes de que Bastian abriera la boca, ella le dirigió una mirada que decía que era mejor que mantuviera el cierre y no hablara, sobre todo si quería seguir entero al día siguiente. Raven los llevó hasta su coche y abrió la puerta del copiloto para Carlie pero el que se sentó en el asiento fue Bastian ante la atónita mirada de ambos. Así, ella tuvo que subirse en el asiento trasero mientras Raven daba la vuelta al coche con los puños apretados y se situaba en el lado del conductor. Empezaba a ser fastidioso tener hermanos por medio. Cuando llegaron al apartamento de Carlie ésta estaba incómoda con la herida del brazo. Le estaba quemando y en el coche había sido incapaz de mantenerse quieta o de no producir ningún sonido. Bastian la miraba de reojo de vez en cuando igual que Raven que apretaba el volante a punto de arrancarlo. —¿Dónde están las llaves? —En el bolsillo del bolso —respondió Carlie. Iba detrás de Bastian mientras que Raven estaba más atrás. Carlie llevó su mano hacia la herida del brazo para intentar aliviar el dolor pero Raven le cogió la muñeca antes de que pudiera tocarla. —No. Eso te producirá mayor malestar. Aguanta un poco y me encargaré de curártela. —Sólo quería tocarla... —Lo sé. Pero está infectada; lo único que conseguirás es que la tela de la chaqueta te raspe y después te duela más. —¿Cómo está tu herida? —inquirió entonces ella. —Sobreviviré —respondió torciendo los labios. —Ya está abierta —anunció Bastian. Miró a Raven con cara de pocos amigos—. Tú ya te puedes ir. —Bastian, por favor... Sé amable. —¿Con otro tío que quiere tirarse a mi hermana? —Te lo juro, una palabra más y no respondo. Además, ¿no deberías estar ya en la residencia? —Yo no te dejo sola hoy. Me quedo a dormir aquí. Carlie cerró los ojos. —Estoy agotada. Se suponía que íbamos a ir a cenar y después a casa. Bastian, ¿puedes preparar algo de cena? —¿Qué quieres? —Lo que sea... —Vale. ¿Y ése? —Ése tiene nombre, Bastian. Se llama Raven y ha salvado a tu hermana de ser violada así que empieza a respetarlo. —Sí, sí... —masculló entrando en el apartamento y desapareciendo por la cocina. Carlie y Raven entraron y éste se encargó de cerrar la puerta. —Lo siento. Mi hermano es demasiado protector conmigo y tiene muy mala boca. —¡Te he oído! —gritaron desde la cocina. —¡Pues aprende modales! —replicó ella—. Lo siento. Siempre nos estamos peleando. En el fondo nos queremos pero digamos que tenemos discrepancias. —Tranquila. Ahora me gustaría ver esa herida. —Tengo que darme antes una ducha. Aún siento las grasientas manos de esos tipos sobre mi cuerpo —dijo estremeciéndose. Raven apretó los dientes. Si hubiera llegado antes… —Carlie. Voy a bajar a comprar algunas cosas, tienes la nevera vacía, con eso no se puede hacer una cena decente. —¿Cómo puedes decirme que no tengo nada? Yo como con eso. —Por eso mismo, una cena decente no se compone de yogures, galletas y pizzas. —Me gustan... — replicó con enojo. —Sí... Menos mal que por las mañanas comes algo mejor... Carlie le sacó la lengua y él hizo lo mismo. Verlos era como ver a dos críos. Bastian abrió la puerta de la calle pero se volvió. Raven lo miró desafiando la mirada que él le echaba. —No toques a mi hermana —le advirtió. —¡Por el amor de Dios, Bastian, vete ya! —gritó Carlie. —Vuelvo en cinco minutos —dijo, más para avisarles de que no podrían hacer nada en ese tiempo, que para no preocuparlos. Raven se volvió hacia Carlie, de pie, observándole a él. —Voy a ducharme —le informó dándose la vuelta y cogiendo la manivela de la puerta. Raven puso su mano sobre la de ella y empujó para abrirla. —¿Qué crees que haces? —le preguntó nerviosa. —Necesitas curarte esa herida. —Sí, y voy a ducharme. Después me curaré. —Me parece bien. La impulsó hacia dentro y entró con ella cerrando y echando el cerrojo. —Sal ahora mismo de aquí. No pienso desnudarme contigo delante. —No lo harás... Lo haré yo —replicó cogiendo la chaqueta y deslizándosela por los hombros. Carlie se apartó de él y agarró con fuerza la ropa para evitar que la dejara más descubierta. —Si no te largas de aquí, gritaré. Raven cruzó los brazos sobre su pecho. Ella abrió la boca para chillar cuando él se cernió sobre ella bebiéndose el grito. Su lengua comenzó a juguetear en la boca mientras los labios quedaban sellados entre los dos. El agua fría hizo que Carlie se apartara de él y jadeara. Se fijó que estaba en la ducha vestida y Raven tenía la mano sobre los grifos. —¿Cómo has hecho eso? —¿Cómo he hecho qué? —Traerme hasta aquí sin que me dé cuenta. —No he hecho nada. Estabas demasiado concentrada en otra cosa para fijarte en nada —dijo con una sonrisa. Le retiró la chaqueta y la sacó de la ducha antes de que se mojara más—. ¿Está demasiado fría? —Sí... Te vas a mojar... —No. No te muevas. —¿Cómo no voy a moverme si me estás desnudando? —saltó y su piel comenzó a enrojecerse. Raven contempló la zona expuesta de sus hombros y brazos y su cuerpo se tensó. Quería besarla, enterrarse en ella y sostenerla cuando explotara. Vio cómo Carlie se agachaba y cogía algo, algo con lo que estaba apuntándolo en este momento. Arqueó las cejas asombrado porque ella quisiera defenderse con un cepillo. —Te lo advierto, sal de aquí o... —¿O qué? —¿Te tengo que recordar que mi hermano te pegó en la cabeza? Bueno, pues puedo rematar el trabajo de él —puntualizó ella—. Por cierto, ¿cómo estás? —Ya te he dicho antes que estoy bien. No ha sido nada. —Sí, claro, por eso sangrabas. Vale... Hagamos una cosa. Tú sales de aquí, me ducho y te curo la herida. —Antes una cosa. —¿Qué? —¿Dónde te tocaron? —¿Eh? —¿Dónde te tocaron esos hombres? —No lo sé. Por todas partes, me rompieron la ropa en su intento... —Raven le tapó los labios con sus dedos mientras con su otra mano la afianzaba cerca de él, tocándose el uno al otro. —Te mojas... —dijo en un susurro. —No me importa. Raven le besó el lóbulo de la oreja izquierda y siguió bajando dejando un camino de besos por su cuello hasta llegar a la vena. Palpitaba con fuerza y podía sentir la sangre corriendo a través de ella. Sus.colmillos hicieron acto de presencia aun cuando él no lo deseó y tuvo que contenerse para no clavárselos. A cambio, siguió besándola en el lado derecho del mismo modo. —Te... te lo advierto... te voy a atizar... —murmuró ella. Se giró para ver que aún tenía el cepillo cogido en su mano pero temblaba ligeramente. Le hizo reír su intento por mantener la calma y seguir tratando de alejarlo. —¿Dónde te tocaron? Dime dónde y me iré... —Los pechos... Raven apartó los brazos de ella de sus senos y los observó con hambre. Debería haberlos matado.por rozar su piel. Acercó su boca a ellos y el golpe que recibió en las costillas le hizo salir de la ducha. Carlie cerró la puerta con un sonido seco. —¿Te crees que voy a dejar a un desconocido hacerme cualquier cosa? Será mejor que salgas de aquí antes de que mi hermano llegue. Porque si no te mata él, lo hago yo. Él se echó a reír a carcajadas y se pasó la mano por el pelo. Su ropa se había mojado aunque no lo suficiente como para estar molesto. En cambio, si le incomodaba la protuberancia que sobresalía de entre sus piernas. Se dio la vuelta y descorrió el cerrojo de la puerta para salir de allí. Unos minutos después, Bastian volvía con varias bolsas en las manos. Miró hacia él y Raven sonrió como un zorro. —Desgraciado... La has tocado.
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