Bastian se metió en la boca un pedazo de empanadilla sin dejar de mirar enfadado a su hermana.
Ella trataba de comer sin prestarle atención pero empezaba a ponerla nerviosa.
—Vale ya, Bastian. No sé a qué viene esto.
Su hermano levantó las cejas sorprendido.
—¿No sabes? ¿Desde cuándo invitas a entrar a un tipo al que conoces... ¿Cuántas veces has dicho?
—Tres con esta. Y sí, en realidad fue la segunda vez que entró porque la otra estaba dormida y me subió al apartamento desde su coche.
—¡Por Dios, Carlie! ¿Y si fuera un acosador? ¿Y si te violó?
—Bueno, supongo que cualquiera de esas cosas podría pasar. Pero no soy tonta. ¿Quieres dejar de tratarme como si fuera tu hermana pequeña? ¡Soy mayor que tú!
—Tú necesitas que te proteja las veinticuatro horas. Los tíos son unos pulpos.
—Habló el macho aquí sentado...
—Ya sabes que yo no soy así.
—Sí. Tú eres sobreprotector. Si por ti fuera, ni siquiera saldría a la calle.
—¿Puedo hacer eso? —le preguntó con ironía.
Carlie suspiró al techo y siguió comiendo. Raven hacía tiempo que se había marchado, aunque esa palabra no definía exactamente lo ocurrido. Había sido Bastian quien lo acabó echando nada más llegar de comprar la cena empujándolo hasta la puerta. Un detalle por parte de Raven no devolverle los atropellos, aunque suponía que, entre ellos, hubo algo más.
Cuando salió del baño, Bastian estaba solo y al preguntarle por Raven sólo le dijo que lo había invitado a marcharse. Conocía bien esas invitaciones...
—¿Ese tipo te gusta? —le preguntó.
—Es un cliente, Bastian. No tiene por qué gustarme.
—Lo dejaste entrar al baño... —puntualizó.
—Él entró al baño. Y yo lo eché. ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?
—Nunca te has comportado con otro hombre igual.
—¿Atizándole con el cepillo de la ducha? No, así no. Pero recuerdo un par de casos...
—No cambies de tema, Carlie. Te lo noto en la cara. Éste es diferente.
Ella bajó su rostro y se quedó mirando la mesa. Diferente... Sí, tenía razón. Con él no veía que sus ojos fueran hacia los pechos o hacia otras partes del cuerpo. Raven la miraba a ella, la tocaba y le hacía experimentar un estremecimiento que mucho distaba del que otros tipos le habían dado.
—Da igual, Bastian. Se supone que no tenemos relaciones con clientes.
—¿Por qué no dejas ese trabajo? No me gusta saber que ese jefe tuyo te tiene allí tantas horas y puede hacer lo que quiera.
—La última vez se lo dejé claro.
—Sí, y si es hombre volverá a intentarlo. Y esa vez dudo que tengas tanta suerte para escapar.
Carlie hizo una mueca con la boca y apartó la mirada. Bastian tenía razón; pero los trabajos no salían de cualquier parte y, aun a pesar de tener una titulación en traducción, estaba trabajando en una inmobiliaria, en lo único donde habían querido contratarla.
—Si eso pasa iré directamente a la policía y todo se acabará.
****************
Raven se dirigió en su coche hacia casa bastante molesto por la presencia de Bastian en el apartamento de Carlie. Si él no hubiera estado podría haberse quedado y sucumbir a la tentación que estaba volviéndose imposible de evitar.
No iba a esperar nada de ella, sólo una noche, recordar el tiempo cuando permitía que una mujer lo tocara y disfrutar del suave calor desprendido de su cuerpo, la sensación de tenerla cerca de él, de fundirse con ella.
Golpeó el volante por tales pensamientos. No volvería a caer; tenía que dejar que siguiera su vida, no involucrarse en ella y menos sucumbir a pasar horas a su lado. Había tenido su oportunidad con Claire y se acabó. No cometería el mismo error con Carlie.
Pero antes, se ocuparía de la relación entre el jefe de la inmobiliaria y ella. Y si las cosas no estaban bien, tomaría cartas en el asunto.
****************
Carlie estaba guardando unos papeles en los archivadores cuando sintió detrás de ella la presencia de alguien. Se dio la vuelta para ver a su jefe mirándole con descaro el trasero. Se enfrentó a él de frente tapándose con la carpeta sus pechos.
—¿Quiere algo, señor?
—Tenemos que hablar en mi despacho.
Echó un vistazo alrededor. Sus compañeros ya se habían marchado y ella estaba sola con ese salido.
—Si no le importa, podríamos dejarlo para mañana —se disculpó—. Mi hora de trabajo ya ha acabado.
—Quiero hablar ahora. Ven a mi despacho —le ordenó.
Espero hasta que ella empezó a andar y la siguió. Percibía su lasciva mirada sobre su trasero y toda ella se tensó. Hoy no iba a recogerla Bastian así que no se preocuparía si tardaba. Se maldijo a sí misma por no haber estado atenta cuando los demás se marcharon, todo por culpa de Raven y de lo que había logrado hacerle la noche anterior en la ducha.
—Señor Carlson, espero que sea rápido. He quedado con alguien.
—¿Tú?
—Sí, señor. Por si quiere saberlo, tengo otra vida aparte del trabajo.
—Lo supongo —contestó mirándola de arriba a abajo.
No sabía por qué pero se sentía expuesta ante esa mirada que le echaba. Quería taparse de ella, pero se resistió a hacerlo.
—¿Qué quería?
—Hablarte de los contratos que has realizado. Los clientes me han felicitado por tener una empleada tan capaz. Dicen que te has preocupado bastante de ellos —comentó cerrando la puerta de su despacho —. Les mostraste lo que ellos buscaban y, si no lo tenías, lo hallabas aunque fueran de otro compañero y cedías el contrato.
—Gracias, señor. Me halaga que le digan que han quedado satisfechos —dijo retrocediendo fuera del alcance de él.
—También dicen que les gustaría recomendarnos con sus amigos y familiares lo que hace que vayamos a tener más trabajo.
—Es bueno saberlo.
El sonido al cerrar con llave la puerta del despacho disparó la adrenalina de Carlie. Miró asustada a su jefe y cómo este se guardaba la llave en el bolsillo. Carlson se relamió.
—Señor Carlson...
—No hay nadie, Carlie. Nadie que te oiga, nadie que te ayude. Quiero agradecerte personalmente tu eficiencia en el trabajo.
—Me doy por complacida —replicó ella retrocediendo hasta que sus nalgas chocaron contra el escritorio.
—Quedarás más feliz cuando me ocupe de ese maldito cuerpo que tienes. ¿Crees que un hombre es de piedra cuando te exhibes de esa manera?
—¡Yo no me exhibo! —gritó desesperada.
—Sí que lo haces. Como una perra en celo. Nos tienes a todos babeando por ti y tú ni siquiera te das cuenta.
—Señor Carlson, esto está yendo demasiado lejos. Abra la puerta.
—¿Quieres la llave? Cógela. Sabes en qué bolsillo la he metido.
Carlie se mordió el labio inferior tratando de pensar algo para salir de allí. Definitivamente iba a ir directa a la policía a denunciarlo... Pero tenía que escapar antes.
—Me muero por probar esas tetas en mi boca. Seguro que se desbordan en mi mano.
Ella empezó a temblar y su respiración se aceleró. Lo vio avanzar y trató de escapar poniendo entre medias el escritorio pero fue demasiado rápido y la tumbó encima en unos segundos. Le agarró las manos y las levantó por encima de la cabeza atándolas con el cordón del teléfono.
Carlie se resistía lo que podía, que quería decir dando patadas; sin embargo, su jefe había aprendido a estar alejado de sus piernas y sólo cuando las manos estuvieron bien sujetas se ocupó de las piernas. En cuanto notó que sus palmas la recorrían cerró con fuerza para evitar que pudiera conseguir lo que quería.
Eso le impedía darle una patada y sintió cómo soltaba el cinturón de sus pantalones y la inmovilizaba con él.
—Así te portarás bien, ¿verdad, Carlie? Pero tranquila, cuando me aceptes te desataré para que también puedas disfrutar de mí.
—¡Lo voy a denunciar a la policía! ¡Esto no va a quedar así! ¡Maldito degenerado!
—No harán nada, Carlie. Será tu palabra contra la mía. Y todos pueden ver que lo estabas buscando.
Lágrimas de rabia se acumularon detrás de sus ojos. Ella no buscaba nada; sólo quería un hombre que mirara más allá de su físico, uno que la quisiera por quien era, no por cómo era.
Carlson le arrancó la camisa dejándola expuesta sobre la mesa mientras ella trataba de separarse de él. Estaba subido encima, a horcajadas, y su m*****o, ya erecto y presionando los pantalones, estaba muy cerca de sus pechos.
—Primero gozaré yo —dijo abriéndose los pantalones y dejando salir su pene. Carlie giró la cabeza para no verlo y cerró los ojos.
Un potente golpe le hizo abrirlos de nuevo y una sombra se cernió sobre Carlson apartándolo de ella y golpeándolo contra la pared. Cayó al suelo sin conocimiento, con los pantalones bajados y sus partes al aire.
—¿Estás bien? —le preguntó una voz. Ella no podía hablar, estaba demasiado asustada—. Carlie, ¿estás bien?
Raven rompió el cinturón de las piernas y el cable del teléfono y la cogió en sus brazos tapándola con su abrigo. Ella no hizo ningún intento por resistirse. La sacó del despacho después de propinarle una patada en la cabeza a Carlson que empezaba a despertarse.