—Te lo repito. No muevas los brazos —le advirtió cogiéndoselos y volviendo a ponerlos en su sitio, encima de la cabeza de ella. —¿Sabes que esa es la postura en la que me tenía mi jefe? —le recordó. —¿Tienes miedo de lo que te estoy haciendo? —No, pero... —Entonces quédate quieta. Quiero lamerte por completo antes de enterrarme muy en el fondo para que nunca olvides a quién perteneces. —¿Ahora soy un objeto? —le espetó—. Además, yo también quiero tocarte. —Cuando termine yo... —contestó—. No las muevas. —Eres demasiado repetitivo —se quejó. —Si te estuvieras quieta... —¡No puedo estarme quieta si me haces esas cosas tan... tan... —Carlie jadeó al sentir de nuevo la boca de Raven sobre sus muslos interiores, succionándole la piel con fuerza y provocándole descargas en su sexo. En

