La lluvia continuó cayendo sin descanso. Aquella fue la tarde más larga que ninguno de los dos hubiera vivido. Leo se había dado un largo baño intentando ordenar su mente. No podía creer que Lizzie hubiera orquestado algo así y su corazón insistía en recordárselo a cada minuto. Se sentía responsable por haber llevado las cosas tan lejos. Él sabía que no debía caer en aquella tentación, sabía que solo podía salir mal y ahora… ¿Había salido mal? Recostado en su cama no podía dejar de pensar en Lizzie. Sus sonrisas contagiosas, sus caricias sinceras, sus ojos brillantes. Su tatuaje estratégicamente ubicado, sus dedos recorriéndolo, su abdomen… de repente lo imaginaba con un hijo de los dos y no se sentía nada mal. Se imaginaba colocando su oído para oírlo crecer, imaginaba sus manos enr

