Al salir de la clínica, el teléfono de Joel sonó nuevamente. Era su hermana, Tiana. —Joel, tienes que venir esta noche a la Mansión Monteblanco —dijo ella, con una voz vibrante de alegría—. Vamos a celebrar algo muy especial. Joel sonrió para sus adentros. Sabía perfectamente lo que significaba: el éxito de los planes de su hermana en la alta sociedad. —Bien, estaré allí —respondió. —Ah, pero… tengo una condición que no puedes negarme —añadió Tiana con tono imperioso—. Quiero que traigas a Mia contigo. No quiero a Ivana cerca esta noche. Conozco a Mia desde que éramos pequeñas; ella es como una hermana para mí y quiero que comparta este momento. Joel se quedó en silencio, procesando la petición. —Hermanita, te has vuelto una mujer muy caprichosa —dijo Joel con una risa leve—. No

