Capitulo 3.

1583 Words
Narra Athalia. Después de preparar la comida, que el señor comiera y yo lavara los trastes, me di un buen baño, esta vez de pies a cabeza, queriendo que el agua se llevara todas las ganas de enfrentarme a un hombre como Asher. Me senté sobre la cama y busqué en el computador algunas pautas para iniciar a enseñarle ingles al pelirrojo. No sabía con exactitud como iniciar con él, pues es muy mal hablado, y si pudiéramos hablar como dos personales normales sobre qué nivel de conocimiento posee, creo que todo sería distinto, pero para ahorrarme sus malas contestas tengo que tratar de adivinar las cosas, cuando se refieren a él. Como almorzamos al medio día, a las una de la tarde me imagino que se acostó para echar una siesta, así que yo luego de ducharme, vestirme y terminar de orientarme para iniciar con otra batalla, también me eché una corta dormida. La energía que perdía discutiendo con él, y molestándome ante su trato, necesitaba recuperarla. Cuando dieron las cuatro de la tarde entonces me desperté, me lavé los dientes, el rostro y llevé mi computador conmigo, en conjunto con un libro de ingles básico. Gracias a Dios, él estaba sentado en la sala de estar, metido en la pantalla del televisor, con un control en sus manos, concentrado en un videojuego. Cuando me vio en la puerta, se detuvo a observarme por unos segundos, y luego chasqueó la lengua. —No tengo hambre aun — fue lo que me dijo volviendo la mirada a su asunto. De verdad, no entendía, ¿Cuál era la necesidad de actuar así? —No, yo no vengo a preguntarle que quiere para merendar. Es hora de iniciar con las clases señor, luego de una hora entonces le doy un break para que coma algo y continuamos con la lección — fui amable. Rio. Esas carcajadas siniestras, burlonas, falsas. —¿Qué te crees? ¿Qué esto es una escuela? ¿Qué eres mi muestra?, eres mi chacha — dijo apagando el televisor y tirando el control en el mueble mientras se ponía de pie. No llevaba camiseta. Su torso estaba desnudo, por lo que fui muy cuidadosa y no me atreví a mirarle nada que no fuera su cara de perro. Entreabrí la boca para contestarle, pero mejor no lo hice. Debía pensar bien que decirle, porque no podía siempre rebajarme a su nivel. —¿Ese libro, de donde lo ha sacado? A mi no me interesa aprender inglés — cuando se dirigía a mí, me miraba de cierta manera que me hacía sentirme mal ciertamente, pues la repugnancia con la que me hablaba y el trato que me daba me hacía querer salir corriendo. La vergüenza que sentía cuando me humillaba de cierta manera, era terrible. —Su señora madre, me lo ha facilitado. Ella me dijo que le interesa que usted aprenda el idioma para que cuando cumpla su condena, pueda irse con ella y su hermana a los estados unidos. — sin embargo, yo no perdía mi educación. —Mi señora madre, no está aquí, no me importa lo que te haya dicho. Yo no voy a viajar a los estados unidos con nadie. Así que puedes darte media vuelta e irte a... ¿Qué te gusta hacer aparte de joder? — era un completo mal educado. Respiré hondo. —Mire a la que no le importa si usted quiere aprender o no inglés, es a mí. Su madre me pagó dos meses por adelantado, y si no tengo que amargarme el día dándole clases a una persona como usted, pues mejor para mí. Mas fácil me lo gano. Yo cumplo con decirle, pero no puedo obligarlo — me di vuelta para marcharme, no le iba a insistir. —¿Dos meses?, usted no va a durar ni diez días conmigo. La verdad es que está muy necesitada como para aceptar un trabajo como este — lo escuché decir tras mis espaldas. Eso sí que no. Me detuve, volví a girarme y avancé unos cuantos pasos para que me mirara y escuchara bien. —Le aseguro que voy a cumplir los dos meses completitos, como acordé con su señora madre, sea usted el mismísimo diablo o no. — le miré fijamente a la cara, y esta vez no le hablé con buen tono. Utilicé gestos que demostraran que no le temía, y que al igual que él, yo podía mostrarle repugnancia, maldad y gallardía. —Y otra cosa, si estoy necesitada. No lo niego, porque de lo contrario no estuviera aquí, aguantándole su nivel de ignorancia, su poca valentía, decisión, buena actitud y carácter. Puede llamarme como su sirvienta todas las veces que quiera, con eso me limpio el trasero. Yo al menos sí me gano el dinero con el sudor de mi frente, honradamente, no prostituyéndome ni mucho menos... ROBANDO — lo miré de arriba abajo, lentamente. Su cara en ese entonces lo fue todo. —Yo robando la tengo a mi disposición, y no estoy necesitado de hacer este tipo de trabajos—se acercó a mí, queriendo intimidarme. Volvimos a estar en la misma posición de esta mañana. Yo le causaba asco, pero al parecer tanta cercanía comenzaba a gustarle. —¿A que le llamas disposición? Porque yo solo le cocino, y ojalá y le hiciera todo, absolutamente todo, y aun así tuviera más que usted. ¿Sabe por qué?, porque yo tengo algo que usted con todo lo que ha robado, no puede tener. L I B E R T A D. Esa pulsera en su pie lo limita de la facultad más grande que puede tener el ser humano. Así que prefiero no tener ni un peso, y no estar en su posición, señor Asher — y eso, que solo le mencioné una sola cosa que yo poseo y él no, porque si comienzo hablarle, no termino. Visualicé sus manos hacerse puños, las venas de su cuello le sobresalían, y esta vez la mandíbula estaba más notoria que como de costumbre. —Es mejor que no me responda cuando le hable — apenas dijo. —Por la verdad, murió cristo, señor. Pero si a lo que se refiere es a que no emita ciertos comentarios que le duelen, no se meta conmigo, yo solo vine aquí a hacer mi trabajo y usted no me deja hacerlo del todo bien, pero ya le dije que no me importa eso, mientras menos haga mejor. En fin, respéteme — lo encaré. —Retírate, Athalia — Con mucho gusto, le di la espalda y salí de aquella sala con el aire pesado, el ambiente tenso, crecido, gris. Al llegar a mi habitación, me tiré en la cama de golpe, hacia tras, estirando los brazos y los pies, mirando hacia el techo mientras me quedaba en blanco. Si a penas solo llevo dos días aquí y estamos a balazos en pocas palabras, no me quiero imaginar lo que sucederá en estos dos meses. —Por Dios — respiré hondo. Que estemos tan cerca no me gusta. No me agrada que se me acerque tanto. No comprendo como en vez de trabajar en su actitud, solo sigue empeorando. Estoy consciente de que vivo en la boca del lobo, y soy una mujer arriesgada. No sé qué malas costumbres o hábitos tiene el pelirrojo, no sé qué cosas puede hacerme y yo le hablo como si fuera una persona normal a la que le estuviera llamando la atención, pero es inevitable que no le conteste. Está falta de que alguien lo ponga en su puesto. Su señora madre era demasiado astuta, fue muy habilidosa. Para asegurarse de que no tendría que buscar a nadie durante un tiempo, me pagó los dos meses que estaría trabajando para él, por adelantado, pues eran mis vacaciones de la universidad, y hasta me regaló doscientos euros. No sé por qué aún en ese momento no me imaginé al infierno que me sometería. Yo pensé que estaba exagerando cuando se expresaba de su hijo, pero nunca lo hizo. Pensé que, las cosas no serían tan difíciles como ella las pintaba. Yo cocinaba excelente y anteriormente les había dado clases de inglés a niños de diez a doce años, me imaginé que, si pude con ellos, también podría con el... pero se me olvidaba que él no era un niño, que él no era obediente, que él no era tranquilo. La puerta de mi habitación fue golpeada bruscamente. QUE ANIMAL. ¿Y ahora qué? —Te quiero en tres minutos en el espacio en donde se supone que tienes que darme clases! — gritó antes de que abriera la puerta. Fui yo la que ferozmente le abrí la puerta queriendo asesinarlo. —¿No que no te interesa aprender inglés?—le cuestioné. —No, pero me interesa hacerte la vida imposible mientras estes aquí. Ahora fue que se me antojó estudiar, teacher —tras tirar su veneno, me dió la espalda y me dejó allí en la puerta, ardiendo en el mismísimo fuego. Tomé todo nuevamente y me dirigí hasta el salón que la madre del ladrón, preparó para que aquí el tomara sus lecciones. Parecía un aula de verdad. —Comenzaremos por lo más básico, los números, las vocales y el abecedario —dije al entrar de inmediatamente. —No soy un niño— mencionó. —Pero si un bruto. Y en mi clase no se habla en español, desde ya se lo digo —
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