Narra Athalia.
Ha pasado una semana, la semana más larga de toda mi vida. No se de donde he sacado fuerzas, ni mucho menos educación y decencia con un hombre como Asher. Quien a cualquiera le saca de sus casillas y le hace perder los estribos.
No saben lo mucho que me he aguantado; es impertinente, irritable, cretino, intolerable y grosero. Y lo mejor, ¿pregúntenme cuantas veces han llamado la madre o la hermana? Solo dos, luego de decirme que se mantendrían en contacto conmigo y con él a la vez, para que las sintieran cerca a pesar de la distancia.
—¿Y el desayuno qué? — lo escuché decirme mientras leía en el jardín, en frente de la gigantesca alberca. La mañana estaba preciosa, hoy me había levantado a las nueve y media de la mañana, duchado, preparado un sándwich, tomado un jugo y comido una manzana. A las diez y media me senté aquí a admirar lo lindo que estaba el cielo y a tener la compañía de los ruiseñores, luego de estar harta de solo escuchar los gritos del animal.
Lo miré avanzar hacia a mí con su pantalón de dormir, el pelo despeinado, sin camiseta, y descalzo. Ni miré mucho para que no dijera que me gustaba lo que observaba.
—¿Me hablas a mí? — le pregunté
—No, a la tonta que se cree la dueña de esta casa. Solo te falta el tecito encima de la mesa, el sombrerito y los lentes, para que te vivas la película — me dijo queriendo como siempre, bajarme la autoestima.
—Debes de estar muy jodido como para que no seas, ni dejes ser — le dije brindándole una falsa e irónica sonrisa.
Cada vez que apretaba más su mandíbula, pensaba que se le saldrían los huesos de esta. Se pasaba el día en eso ya que, yo no me le quedaba callada a ninguna de sus estupideces, para que no pensara que le tenía miedo.
—Te dije, ¿dónde está el desayuno?! — me gritó.
Lo miré sin perder la calma, y procedí a contestarle.
—El desayuno está en la cocina, esperando que usted lo prepare. ¿Se le olvido que duré una semana levantándome temprano, poniéndole una mesa repleta de desayuno y usted no se lo comía? Le agradecería que no me moleste, Señor. Espere el almuerzo hoy también, como de costumbre —
Así como lo leen, no solo fue un día que Asher no desayunó. Yo duré varios días haciéndole desayuno, para que luego bajara con su carota y mirara con asco lo que había sobre la mesa, para decirme lo que quería de almorzar. Los señores del parque, vagabundos y demás, eran los beneficiados. Sin embargo, hoy, decidí tomármelo a su manera.
—¿Como se atreve a...?— no le dejé terminar de hablar.
—¿A qué?, ¿a no dejarme coger de pendeja por usted? Las cosas se harán a su manera, para que vea lo que se siente — le dije poniéndome de pie, dispuesta a esfumarme de su vista.
Su agarre en mi brazo me impidió avanzar, fue en ese momento donde zarandeó mi cuerpo como si fuera una muñeca de trapo, y me hizo chocar contra su cuerpo.
—Escúcheme bien, no sé lo que usted se está llegando a creer. ¡No entiendo cuando aceptara que solo es mi sirvienta! ¡Y que usted hace lo que yo diga! — me habló muy rudo, bastante cerca.
—¿Sabe que lo que está haciendo ahora, es maltratándome? ¿Como se atreve a ponerme la mano? — le dije pronunciando muy lentamente mis palabras.
Su rostro lo acercó demasiado al mío, estábamos a punto de rozar narices si cualquiera de los dos se movía. Sus ojos verdes no eran cristalinos, llevaba en ellos dos llamas que a medida que se enojaba, aumentaban más su volumen.
Nunca me había sentido tan observada de tal manera, pues sus ojos se movían analizado todo mi rostro, creo que de la misma manera que yo lo había hecho una vez.
Apretó su agarre aún más en mi brazo, me dolía.
—Debería pitar la maldita pulsera que lleva en el pie cada vez que usted haga algo malo. Y a su pena, sumarle un día más — le dije sin miedo alguno, observando como miraba mis labios tras hablar.
Resopló haciendo volar mi flequillo.
—Ni siquiera en la cárcel, nadie se atrevía a hablarme como tú lo haces. Tienes ovarios —
—Alguien tiene que bajarlo de la nube en la que vive, señor. Ahora suélteme — le dije entre dientes.
—¿Y si no quiero qué? — estaba loco.
—Entonces se estará contradiciendo. Recuerdo sus palabras, >. ¿Acaso miente o ya no le doy asco? —con suma frialdad, me expresé ante él. Sus ojos esta vez me miraron diferentes y finalmente me soltó.
Me dio la espalda, se paso las manos por su cabello de manera frustrada, y yo procedí a huir de él. Tenía que cocinar, pero no estar ni un segundo más cerca suyo.
—Un amigo mío, vendrá a almorzar. Yo me daré un baño y me sentaré a esperar que llegue. — lo escuché decirme.
No sabía con exactitud si podía recibir visitas, pero no me importaba mucho que digamos. Su madre nunca me habló de ello, y yo menos le voy a preguntar. No han llamado para saber de él, y no tengo idea si se comunican directamente con el pelirrojo. No estoy para discutir, no quiero, me agota.
—¿Y qué va a querer el señor para él y su amigo? — le pregunté sin mirarlo.
—Lo que quieras hacer estará bien— lo escuché decirme, esta vez sin maldad en su voz, sin sarcasmo, sin la palabra chacha, y sin ese aire con el cual me trataba por el suelo.
No le dije nada, solamente asentí y me puse en proporción para preparar el almuerzo. El pelirrojo me había dado una lista con las cosas que no le gustaban comer, busqué pasta por todo el garabato de sus letras, y no encontré dicha palabra. Así que, me puse a hacer una lasaña. Era uno de mis platos favoritos, y me salen super bien.
Cocino desde pequeña, mi papá siempre ha sido un hombre enfermo, sufre de la columna, más una diabetes que debe ser controlada. Mamá fue quien tuvo que salir a la calle a buscar el dinero trabajando en lo que sea, con tal de llevar el pan a la casa. Yo como hija única y la mayor, entre tres hombres, mi papá y mis dos hermanos, de vez en cuando cocinaba si papá se sentía muy mal y no podía ni estar ni de pie.
Cuando cocinaba, encendía el radio a un volumen medio, allí escuchaba todas las canciones de Selena, Marc Anthony, Shakira, Ana Gabriel, y un montón de otros clásicos que me hacían sentir una mujer grande. Sin embargo, aun con la musiquita y mi tarareo, pude escuchar cuando el amigo de Asher hizo su aparición.
Me sorprendió que él mismo le busco de tomar, y no me llamo siendo afrentoso por >. El mismo preparó dos tragos y se esfumó de la cocina, sin dirigirme la palabra, lo que agradecía. No lo miré mucho, más bien, me hice como la que no sentía movimiento alguno a mi alrededor.
A las doce y treinta, empecé a poner la mesa. La lasaña de pollo me había quedado riquísima. Les hice una ensalada cesar para que acompañaran la pasta y también, les puse unos pancitos de ajo con mantequilla, tostaditos, super delicados.
—Pero presenta... presenta hermano — yo terminando de arreglar los platos y las servilletas, escuché una voz distinta a la de Asher. Esta era jocosa, más suave y divertida.
Elevé mi mirada. Su amigo me observaba con una sonrisa, mientras se acercaba al comedor.
La mirada que Asher le dió fue fulminante.
—Siéntate y come — fueron las abruptas palabras que le dijo.
—¿Van a querer agua, jugo o soda para acompañar el almuerzo? — les pregunté.
—A ti, muñeca — me contestó con una sonrisita.
—Marcos! — Asher golpeó la mesa exclamando su nombre.
—Soda, Athalia — por primera vez me llamó por mi nombre.
Asentí tratando de no reírme ante la escena que su amigo había provocado. Ya cuando estuve en la cocina, si me reí por abajito. Que idiotas.
Les busqué una jarra con hielo y se la llevé a la mesa.
—¿Necesitas ayuda con los vasos y las sodas? Veo que tus manos son muy pequeñas como para que cargues con tantas cosas. Puedo ayudarte para que no des tantos viajes — se ofreció muy amable.
—Marcos, para eso le pagan a Athalia, para que haga su trabajo. — ya me extrañaba que no hiciera sus comentarios. Mucho tardó.
—Trabajaras para Asher, ¿Puedo venir a comer aquí todos los días? — dijo mirándome con la sonrisa más amplia esta vez.
—No se preocupe, usted encárguese de disfrutar lo que les he preparado. Soy la chacha del señor y para eso estoy — lo ataqué con la mirada, aun así, mostrando media sonrisa.
—No, no, no. No diga esa palabra tan fea, si usted trabajaría para mí, yo la llamaría por "la que me alimenta" y en realidad créame que no solo me cocinaría, me amamantaría también — su comentario fue muy depravado. Lo que causo en Asher que sacara su bestia a pasear, volviendo a golpear la mesa esta vez más fuerte.
—¡YA BASTA, MARCOS! Respétala y respeta mi presencia! — le gritó.
—Athalia puedes retirarte — me dijo a mí, poniéndose de pie, viniendo conmigo a la cocina.
En el espacio culinario, volvió a tomarme por el brazo, apegándome de las encimeras y empujando su cuerpo contra el mío.
—Que coqueta, que servicial... solo te faltó darle la comida en la boca —estaba rojito. Encabronado como de costumbre, pero esta vez más.
—Que no se te olvide que tu señor soy yo, no nadie exterior. A mí es quien debes de complacer y tratar como tu señor, no a cualquier idiota — ¿estaban leyendo lo que yo escuchando?
Fue imposible que no me sintiera como una loca en ese momento.
—Ese idiota es su amigo, su invitado. Él es quien ha estado haciendo ciertos comentarios, yo me he mantenido siendo la misma. Además, recuerde que, no estoy siendo coqueta, yo siempre he sido educada y servicial, que usted no se haya dado cuenta por ser un animal no son mis problemas. Lo he tratado como la gente, y usted a mí, como a una perra. Ahora regrese a su mesa, lo espera su AMIGO —
Bienvenidas! Desde hoy comienzan las actualizaciones diarias. Espero les guste, vamos a hacer esta historia viral. Les invito a que me sigan en i********: como Diosarih. Estaré activa por allí con algunas dinámicas.