Capitulo 7.

1736 Words
Narra Athalia. —Por suerte, fue una herida cerrada, la bala solo lo rozó. Ya había perdido fuerza cuando chocó contra la pared y se devolvió, lo que lo salvó de que esta entrara en su cuerpo. Tuvo la gracia de Dios porque si hubiese sido una situación mayor, no habría forma de yo atenderlo del todo muy bien aquí, y tuviese que llevármelo al hospital, lo que agravaría su prisión domiciliaria, regresándose a la cárcel — el doctor hablaba conmigo delante de él. Estaba despierto, en ningún momento cerró los ojos, era fuerte como un roble, era duro. —Esto es letal — le mostró la bala entre sus manos. Fue encontrada en el piso, yo no me percaté de ello, yo pensé que la tenía en su cuerpo, que se iba a morir. Pero el doctor, la visualizó de inmediato entre las alfombras. —Nada de entrenamientos ni levantar cosas. No puede nadar tampoco, se abre la sutura. Hay que proteger la herida de los microbios y utilizar camisetas limpias. Si es posible, pase el día con el torso desnudo, a usted nadie lo ve más que su novia, no debe haber vergüenza. — el doctor se dirigió a Asher mientras hablaba. —No doctor, yo soy su...— no me dejó hablar. —Gracias, doctor. — Asher le respondió. —Vendré en una semana a cortar los puntos de sutura. Estos son los calmantes que puede tomar en caso de dolor o hinchazón — me tendió una receta médica. —Muchas gracias. Le pediré de favor, ni una palabra de esto a nadie. Lo acompaño — le dije mostrándole la puerta. Patricia y su madre, me habían entregado una cantidad de dinero en efectivo para emergencias, gastos de la casa y todo lo demás, por ende, le pagué al doctor y le volví a decir que no le dijera nada de esto a la señora madre de Alessio, ni a su hermana. Es un conocido de la familia el señor. Mientras curaba a Asher le hablaba calmadamente, y le preguntaba el por qué de su acción, este se mantuvo callado sin decir ninguna palabra, y aun así el médico le seguía aconsejando sobre lo valiosa que es la vida, aun cuando no tengamos ciertas cosas, en su caso, libertad. Respiré profundo. Todavía mi corazón no había regresado a su lugar, y el nudo en la garganta no dejaba de molestar, el estómago cerrado y el punzón en la cabeza atacarme a cada rato. Los nervios y el miedo no habían pasado, mi cuerpo se mantenía frio a lo que viví, no quiero recordarlo. Sin embargo, ustedes saben que me hago la fuerte, la que no le teme, a la que él no le importa, y, además, era mi trabajo hacerle de comer y enseñarle inglés, pero me di cuenta que era más que eso en un momento como este. Era la única persona a la que tenía para ayudarle. Al subir a su habitación, lo miré intentando levantarse. —Asher, no voy a hablar contigo tantas veces. Ya escuchaste al doctor, lo mejor es que al menos hoy, te quedes en la cama — le hablé con autoridad, un tono fuerte y duro para que entendiera, ya que esa era su forma. Me miró. —Iba por ti— la manera en que sus ojos me miraban me causaba escalofríos. —¿Para qué? — le pregunté. —Necesitamos hablar — que viniera de él resultaba ser alarmante. Negué con la cabeza pensando en con qué me saltaría ahora. —No le voy a decir nada a tu familia, si es lo que te preocupa — me crucé de brazos recostada del marco de la puerta. —No debiste presenciar lo de hace rato — dijo desviando su mirada. —¿Cómo ibas a matarte conmigo aquí? ¿Tienes ideas de en los problemas que me hubieras metido? — le cuestioné. —Yo no me iba a suicidar — cambió su tono de voz al que siempre usaba. El mismo tono frio, duro, y prepotente. —Necesitaba descargar todo lo que sentía en ese momento y..— ni siquiera lo dejé terminar. —Pues qué manera de descargar lo que sentías. Disparar a una pared, que la bala se devuelva y pues que me mate o me hiera. Qué bonita forma. Esa arma, ¿te la dio tu amigo, ¿no? — yo bruta no era. Tengo muy buena intuición. Se quedó callado. Avancé hacia él para mirarlo más de cerca. —Cuando tu señora madre llamó, tú también tomaste la llamada desde el teléfono de tu gimnasio, ¿no es así? Te volviste como loco cuando ella me preguntó sobre ese amigo que te había venido a visitar ayer. Ella lo conoce, ¿no es así?... ella sabe que él no es bueno para ti, él es otro maleante — conecté todos los puntos. Me miró fijamente. —Marcos solo...— no lo dejé hablar. —Te atreves a decir que el solo quiere ayudarte? ¿pasar rato contigo? ¿Por qué te trajo una pistola? — le pregunté. Guardaba silencio, no lo había visto así nunca. —¿No se supone que estas tratando de salir de una condena? Quieres continuar metido en problemas?... — realmente estas cosas no eran de mi incumbencia, por lo que me frené antes de continuar hablándole porque no quería llevar uno de sus boches. Sacudí mi cabeza. —Trate de hablar siempre con su madre, antes que ella conmigo porque yo siempre le voy a decir lo que debo, aunque esto que ocurrió hoy no tema que se lo diga, no lo haré. — le dije dispuesta a marcharme. —¿Por que no le dirá? — me preguntó confundido. —Le tengo pena. No quisiera que le vaya a dar un infarto — le contesté. —No tienes que sentir por nadie — su respuesta me enseñó lo muy dañado que está. —Ouh, si debo. Déjame decirte que sí puedo sentir por alguien, porque eso se llama empatía. Ponerse en el lugar de los demás. ¿Y eso es de personas grandes, sabias? Pero tú no conoces lo que es eso, al parecer estas muy dañado. Su señora madre le tiene miedo. A usted que se supone que es su hijo, no su padre, no ella hija de usted, y mira como la trata. ¿Acaso se ha puesto a pensar en cómo se siente su mamá? No crea que no le diré nada por usted, por cubrirlo. Claro que no, solo lo hago por no decepcionarla más. Tiene esperanza y fe en que usted algún día podrá rescatarse, y si le cuento lo que hizo hoy con un arma como manera de desestresarse, es obvio que no se sentirá bien. Se va alarmar porque la bala lo hirió y se va a preocupar por su estado de salud, porque ella es su madre, y lo ama. — sus ojos nunca dejaron de mirarme ni un segundo. —Usted no sabe nada — fue la respuesta que me dio. —Claro que yo no sé nada, por eso no quiero seguir opinando, porque solo soy su sirvienta, como me llama. Y como no sé nada, tampoco tengo culpa de nada. Lo que me excluye a mí de lo que suceda en su vida o en su interior, señor. Trate de mantenerme fuera de todos sus problemas y de sus crisis existenciales, porque no tengo que pagar por ellas. — lo miré asentir. Me di vuelta para marcharme. —El arma se la regresaré cuando me vaya, cuando cumpla los dos meses por los que me contrató su señora madre. Mientras yo esté aquí, y tenga que rendirle cuentas a su madre sobre su comportamiento y sus cambios, entonces se hará las cosas correctamente. Cuando yo me vaya, puede hacer lo que le dé la gana. Y otra cosa, a su amigo Marcos que no se aparezca por aquí porque le llamo a la policía. Mire a ver, si no tiene otro amigo que le haga compañía de vez en cuando, porque de lo contrario, no tendrá visitas — le hice saber. —¿Usted me está amenazando? — me preguntó. —Yo no tengo cinco años, le repito. Sé muy bien lo que hago, y los resbalones que doy y puedo dar — —A mí no me interesa que usted se joda, así que no lo estoy amenazando. Le estoy diciendo como serán las cosas para evitarnos problemas. — Les juro que ese hombre tiene problemas. Se levantó muy rápido de la cama y avanzó hacia mi importándole un pepino la herida, el dolor y la hinchazón. —No sé cómo tiene tantos ovarios para atreverse a hablarme así— dijo entre dientes acercándose a mi lo suficiente como para yo retroceder. —Está loco! ¡La herida! — le grité mirando que no se abriera. —¿Es empatía suya preocuparse porque no se me abra la herida también?— me acorraló contra la pared y su cuerpo. —No quiero tener que curársela después. — le ataqué con los ojos. Me ponía los pelos de punta cuando se me acercaba así. Mirarlo tan de cerca era distinto a mirarlo desde cierta cercanía. Llevó su mano a mi flequillo, siento que le causa atracción porque van dos veces que me lo toca. —¿Por qué? ¿no quiere tocarme? — me preguntó. —¿Que come que adivina? — fui sarcástica. Me tomó la mano y la llevó a su pecho, la deslizó con empuje por todo su torso. —¿cómo se atreve a ser tan atrevido? — le tiré de mi mano. —¿Para ti cuantas cosas no soy? — me escabullí entre su cuerpo hasta salirme de ese rincón al que me había llevado encarcelado con su grosor. —¿A dónde vas? — me preguntó tratando de que no me fuera. —Tengo que llamar a la ferretería por un teléfono nuevo, el ogro de esta casa lo hizo nada entre sus puños. — le dije saliendo de su habitación. —¿Por qué huyes de mí?— ¿y en realidad se lo preguntaba? —No quiero que me hagas como al teléfono, trizas — Señoritas, déjenme saber que tal les va pareciendo la novela? En mi i********: subo opiniones, spoilers y mucho mas!
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