Capitulo 6.

1634 Words
Narra Athalia. Desde temprano, he escuchado movimientos, pasos y uno que otro ruido proveniente del gimnasio. Asumí que Asher se levantó temprano y dispuesto a ejercitarse. Hoy incluso despertó primero que yo. Luego de lavarme los dientes, ducharme y vestirme, entonces procedí con la preparación del desayuno. Ya sé que dije que no le haría de desayunar, pero entendía que, al estar quemando calorías, aunque sea una batida refrescante tendría ganas de tomarse. Como excusa para hacer mi trabajo, me dije a mi misma que de todas formas yo también necesitaba desayunar. Hice un licuado de lechosa, apenas le agregué unas tres cucharaditas de azúcar y un poco de vainilla, nada de leche. Era algo ligero y saludable como por la mañana. Y luego hice una mezcla de avena molida, leche, canela en polvo y una pizquita de azúcar, para hacer hotcakes de avena. En lo que ponía la sartén con una gota de aceite, sonó el teléfono local, así que contesté. —Buenos días — —Buen día, Athalia. Que alegría me causa escucharte. ¿Como va todo? ¿Qué me cuentas de Asher? No me he decidido a escribirle porque me causa algo de timidez, no sé cómo vaya a reaccionar aún — escuché a la señora hablarme del otro lado de la línea. Hasta su propia madre le tenía miedo, era el colmo. —Pues las cosas marchan, que es lo importante — no le diría que iban bien, porque no iban de tal manera. — Su hijo se encuentra... normal, dentro de lo que cabe. Se ha levantado hoy con ganas de ejercitarse al parecer — le platiqué. —¿Y no has observado alguna mejoría? ¿Cambio de actitud? — ¿esta mujer creía en la magia? Porque si así lo hacía, no estaba funcionando el hechizo como para mejoría en su actitud. Carraspeé. —Ayer vino un amigo suyo y lo vi más relajado. Tal vez solo necesita tener más afecto, vida social normal y platicas cotidianas con personas cercanas — yo no quería hacerla sentir mal, y decirle lo feo que se sentía trabajar para su hijo, que lo consideraba como un ogro, que le tenía miedo y que añoraba el paso del tiempo. —¿Y cómo se llama ese amigo? — ella me preguntó de inmediato con cierta preocupación, mientras yo intentaba recordar su nombre, pero no lo lograba. —No recuerdo, Señora — le fui sincera. —¿Y cómo era? Descríbemelo — me pidió con interés. —Él era más pequeño que su hijo, delgado, con un ta...— no pude terminar de hablar con la señora, porque Asher apareció como leopardo y me arrebató el teléfono de las manos, haciéndome a un lado con su pesado cuerpo. —No me llamas a mí, pero si a la sirvienta para que te cuente de mi comportamiento y las cosas que hago. ¡¿Por qué mejor no me llamas a mi celular?! — le gritó a su madre al teléfono. —¡Tu y Patricia me tienen harta la existencia! ¿En la cárcel a quien llamabas para que te hablara de mí? ¡¿Para esto contrataste a esta muerta de hambre!? ¡Para tenerme vigilado! — Cuanto desprecio, palabras feas dichas con desdén... le salían tan profundas. El teléfono lo desbarató en las manos, literal. No lo estrelló con absolutamente nada, sino que en sus manos lo exprimió como un ogro, y lo dejó caer al suelo mirándome con dos llamas en sus ojos. —¿Para eso te pagan no? ¿Tienes que estar dando explicaciones?! ¡Tú estás aquí para cocinarme y darme unas malditas clases de inglés! ¡Más nada! — me gritó incluso escupiéndome. No podía entender lo que acababa de ocurrir. ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué llegó de esa manera y me tomó el teléfono? —¿Que dije de malo? — fue lo único que pregunté sin subir la voz, totalmente quieta, inmóvil. En shock por la sencilla manera en que había estrangulado el teléfono con simplicidad. —¡No tienes que decirle a mi madre nada! ¡Que me llame ella! ¡¿Por qué no me habla ella?! — —¡A mí no me grites! ¡No me grites! ¡Yo no tengo la culpa de absolutamente nada de lo que pasa en tu vida ni de lo qué pasó! ¡Solo estoy cumpliendo con mi trabajo! ¡Yo no sé por qué ella no te llama a ti directamente! ¡Es la tercera vez que me comunico con ella! — le grité de igual manera porque me sentía muy diminuta ante su persona, y ese tono de voz con el que me hablaba. Se quedó quieto sin hablar, aunque su respiración era acelerada y su pecho subía y bajaba sin control. —No entiendo como puede ser tan cruel. Yo a usted no le he hecho nada, llegué aquí con las intenciones de hacer mi trabajo de la manera correcta, y nada le parece bien. Me insulta, me ofende, me humilla, y eso demuestra lo vacío que está por dentro. Desquítesela con quien quiera, menos conmigo. No soy culpable de absolutamente nada, y si no me quiere trabajando para usted, ruéguele a su madre para que ella me diga que me vaya, y con todo el respeto y la decencia que tengo, me iré. Pero conmigo no se pase, que si usted se considera un animal, una bestia, yo soy humana, una PERSONA— le dejé bien claro, sin demostrarle que realmente que me llamara "muerta de hambre" por hacer un trabajo de esta índole, me dolía. Avanzó un paso hacia mí, yo retrocedí hasta más no poder, tan bruscamente que sin querer tiré al piso el vaso de la licuadora, que aún lo tenía sobre la encimera para guardarlo. Por toda la cocina corrieron los vidrios rotos. Me miró sorprendido y se intentó agachar para recoger los pedazos, pero no quería. —Váyase, le pido que se vaya y me deje hacer mi trabajo. Yo lo limpio — Me miró totalmente diferente. —Pero ese no es su trabajo — juraría ante Dios que es bipolar, que tiene problemas de conducta. —No es mi trabajo, pero le recuerdo que me llama usted sirvienta. Por cierto, su desayuno estará servido en unos diez minutos — sin mirarlo le hablé, sintiendo los ojos picarme, como si quisiera llorar. —No quiero nada — desapareció tras decirme que no iba a desayunar con la voz casi inaudible. Miré el teléfono hecho nada, los trozos de cristal por toda la cocina y mi memoria reprodujo una vez más lo que sucedió. —Debe sentirse horrible ser él, tanto que él mismo está consciente de ello — me dije para mí misma, comenzando a barrer todo el piso, para luego recogerlo con la espátula y echarlo a la basura. Saqué la bolsa y al regresar a casa otra vez, me recosté de la encimera y respiré profundo. De todas maneras, hice los hotcakes y me serví jugo. Desayuné hasta de pie en la misma cocina. Lavé lo ensuciado y me pregunté a mí misma, que haría ahora. La pregunta que me hice, se vio totalmente interrumpida ante el estruendo de un balazo. Me quedé fría, pasmada, petrificada, con el corazón a mil por segundo. —Dios mío, ¡¿se mató?! — fue lo que dije sin poder moverme. Se me habían adormecido las piernas y el temor y la angustia me dieron náuseas. Se me llenaron los ojos de lágrimas al pensar lo que podría pasar y corrí, corrí subiendo las escaleras hasta llegar a su habitación en donde empujé la puerta tras girar el manubrio. El alma se me asentó cuando lo vi de pie, y sin sangre en su cuerpo. Me miró fijamente, y por un momento pensé que podría alzar el arma y dispararme a mí. Pero la mantuvo abajo. Su pared tenía un orificio, la bala lo había hecho. —Deme el arma, deme el arma — me dirigí a él. Sin la necesidad de hablar otra vez, me la tendió de inmediato. Sentí una sensación muy extraña cuando la sentí en mis manos, pero aun así fui firme. —¿Usted se ha vuelto loco? — le miré deslizarse por la pared hasta caer sentado en el piso. En ese momento me di cuenta de que realmente él estaba sumergido en una depresión que lo iba a matar. Era más que obvio que intentó quitarse la vida, pero no pudo. —Me he vuelto tantas cosas, tu dime, tengo aspecto de loco, ¿verdad? — Detrás de él comenzó a mojarse el piso... detrás de él gotas caían de... —¡Sangre! ¡Sangre! ¡¿se disparó ?! — alarmada me acerque a él observando cómo me miraba como si nada pasaba. —Disparé a la pared y la bala se devolvió, la tengo aquí — me señaló muy normal. No sé cómo no grité. —¡Usted está loco! ¡No puedo llevarlo a un hospital! ¡Se va a desangrar! — iba a enloquecer. ¡Si se muere dirán que yo lo maté! ¡Tengo el arma en la mano, tiene mis huellas! —Esa es la idea, morir — tras sus palabras corrí fuera de la habitación por mi celular y también por aquel cuaderno que Patricia me había dejado con cosas importantes anotadas. En grande, en la parte de atrás estaba escrito DOCTOR, y su número debajo. Marqué los dígitos y fui atendida en pocos segundos. —Tiene que venir ya doctor! ¡O va a morir! ¡Va a morir! — Comenta de donde me lees, y si eres nueva o ya has leído anteriormente mis novelas. Un beso!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD