Atlas
La veo profundamente dormida. Ahora que la reclamé como mía, nadie podrá quitármela, ni siquiera mi padre. Si mi hermano puede ser feliz con Janet, que es del mismo rango que Eva, ¿por qué yo no podría hacerlo con ella?
Nunca dejaré que le pase nada, además tengo una idea de quién pudo decirle todas esas tonterías, por las cuales sus ojos se llenaron de agua: Mi ex-prometida Atena. Al principio, mi padre me obligó a un matrimonio arreglado con ella, pero hablé con él justamente cuando conocí a Eva. Inmediatamente anuló nuestro matrimonio, ya que él sabía que tengo que estar con mi verdadera pareja; lo sabe mejor que nadie, él y mi madre se casaron por un matrimonio arreglado. Después de mi nacimiento, una de sus nuevas concubinas resultó ser su pareja y con ella tuvo a mis hermanos Warnar, Selim y a mi hermana Petra, quien murió junto con mi madre y la pareja destinada de mi padre por la gran enfermedad. El hombre sufrió la muerte de mi hermana y de su destinada, Nera. Mi madre, por otro lado, nunca la amó, aunque se tuvieron un cariño de amigos, o eso era lo que me decían ambos; en ningún momento se trataron con odio, sino que se quisieron como mejores amigos, por eso supe desde el inicio que mi padre no se impondría en mi decisión.
Volteo a observar mi pequeña humana profundamente dormida, quien lleva la marca en todo su cuello. He escuchado de leyendas que contienen una marca similar a esta, aunque tiene sentido de dónde salieron estas leyendas si nuestros ancestros tenían comunicación con una tierra totalmente primitiva.
Me levanto de la cama y salgo de nuestra habitación. Cuando voy llegando al gran salón, escucho la voz de Atena:
—¡Nunca pueden hacer algo bien! ¡Cuando sea la reina aprenderán a hacer todo como deberían!
—En ningún momento serás reina, Atena —interrumpo—. Nuestro compromiso ya no existe, así que te aconsejaría que salieras de mi castillo y nunca en tu vida vuelvas a poner un pie aquí, y mucho menos para dañar a mi destinada —Su color azul se vuelve más pálido por la sorpresa de verme ahí.
—¿Esa escoria humana... es tu destinada? Imposible.
—¡Fuera de mi castillo! Vuelvo a escuchar UN insulto de mi destinada y me encargaré de cazarte y hacer desaparecer todo lo que queda de tu familia... Ahora, ¡fuera de mi vista! —Sale corriendo hacia la puerta principal para huir. Dirijo mi atención a los presentes—: vuelvan a su trabajo, y, si la ven regresar, no duden en informarme.
—¡Sí, Alteza! —responden todos al mismo tiempo.
Camino hacia la sala del trono donde se encuentra mi padre. Inmediatamente al verme entrar, sonríe.
—Me alegra verte, ¿cómo está la chica?
—Cansada —Mis labios forman una curva hacia arriba. Recuerdo cómo la dejé exhausta.
—Sí, a mí también me encantaba dejar cansada a Nera — Su mirada se vuelve triste de repente.
—Nunca entendí por qué nunca tuvieron más hijos.
—Planeamos otro cuando Petra cumpliera 10 soles, pero pasó la enfermedad y no pudimos hacer nada. Sabes que nunca la marqué por esa razón, no morí con ella, me hubiera encantado hacerlo, pero presiento que dentro de poco me reuniré con ella.
—No digas eso, padre, yo quiero que conozcas a mi descendencia —Me acerco a él—. No puedo imaginarme subir al trono en una desgracia.
—No lo veas como una desgracia. Yo morí cuando lo hizo Nera, ahora solo estoy sobreviviendo...
—Padre... Te entiendo, yo también sentiría lo mismo si perdiera a mi pequeña.
—Ya hablé con el padre de Atena y entendió perfectamente las circunstancias y tu decisión de tu destinada —Suspira—. Creo que ya será hora que tomes mi lugar, hijo. Cada día estoy más cansado, en algún momento mis fuerzas me dejarán completamente.
—Lo entiendo, padre. Será cuando estés listo.
***
—Entonces no será ella tu esposa —Los ojos de mi pequeña tienen un brillo de esperanza.
—Claro que no, cielo, desde que te encontré supe que ese matrimonio no se llevaría a cabo, además te he marcado, eres técnicamente mi esposa —Rápidamente su mirada va hacia mí y su piel incolora se vuelve rosa.
—Yo... ¿Soy tu esposa...?
—En los tiempos antiguos solo bastaba la marca, pero ahora es la marca y una ceremonia para la realeza.
—Nunca pensé ser una princesa —sonríe—. Siempre soñé ser una cuando era niña, como esos cuentos que se encuentran en la biblioteca abandonada.
—No solo serás una princesa, eres la futura reina.
—Cielos... ¿Yo? ¿Una reina? —frunce el ceño, viéndose adorable—. ¿No crees que tu pueblo me odiaría? Soy humana, no sé ninguna de sus costumbres.
—Eso no importa, seré el futuro rey y respetarán mis decisiones como si ya lo fuera.
—¿Qué hay de tu padre? ¿Él sabe algo de esto?
—Sí, de hecho, gracias a él pude anular mi matrimonio.
—Quiero conocerlo —Su sonrisa es tan brillante como sus hermosos ojos.
—Claro que lo harás, pequeña humana, eres parte de mi vida ahora. Además, él tiene que conocer a la madre de sus futuros nietos —Mis palabras la sonrojan.
—¿Creés que esté embarazada? Por lo que sé, eso puede tardar mucho.
Niego con la cabeza.
—Los Niburianos somos diferentes, normalmente siempre embarazamos a nuestra destinada la primera vez, puede tomar tiempo si no es nuestra destinada.
—Entonces, al ser tu destinada, ¿probablemente esté embarazada en este momento?
—Exacto, pequeña —Me inclino hacia ella, quedando a unos centímetros de su rostro.
—¿Puedes besarme?
En mi cara se forma una gran sonrisa.
—Claro que sí, pequeña —Uno sus labios a los míos y adentro mi lengua en su boca.
—Necesito más...
—Tus deseos son órdenes, mi futura reina —La tomo en mis brazos para luego besarla con todas mis fuerzas. Ella enrolla sus pequeñas piernas en mi cintura, tiene el pijama de seda, y, por lo que pasó antes, sé muy bien que no tiene nada bajo esta, así que la apoyo contra la pared levantando su bata, saco mi erección y entro poco a poco. Mi polla todavía es muy grande para ella.
Comienzo a mover mis caderas suavemente, mientras que de sus labios escapan pequeños gemidos. Aumento la intensidad de mis embestidas hasta que ambos llegamos al orgasmo.
—Te amo, pequeña.
Sus ojos brillan.
—Sé que es muy pronto, pero yo también te amo Atlas... mi Príncipe.