...oche, y su cabello estaba peinado igual que el de Sofía. Al ver la escena, se detuvo sorprendida, notando la tensión en el aire.
“¡Hola, chicos! ¿Qué pasa aquí? Vine a buscar a Sofía para ir de compras, como habíamos quedado”, dijo Camila, acercándose a ellos y colocando una mano sobre el hombro de Sebastián de forma natural, como si tuviera derecho a estar ahí.
Sofía sintió un escalofrío al ver esa misma pose que había visto en la habitación de hospital, pero se mantuvo firme. “Lo siento, Camila, no puedo ir contigo hoy. Tengo cosas importantes que hacer.”
“¿Pero qué pasa, Sofi? Siempre hemos ido de compras los sábados”, dijo su amiga con un tono de queja, mientras miraba a Sebastián con una expresión de preocupación.
“Las cosas cambian, Camila. Y creo que es hora de que empecemos a seguir caminos diferentes”, respondió Sofía, mirándola directamente a los ojos. Sabía que esas palabras iban a herir, pero también sabía que era necesario cortar los lazos antes de que fuera demasiado tarde.
Sebastián dejó las rosas sobre la mesa de centro y se volvió hacia Sofía con una expresión seria. “¿Es porque de lo de anoche? Te juro que no pasó nada con nadie más, Sofía. Solo estoy interesado en ti.”
“No es por eso, Sebastián. Es porque conozco quién eres realmente”, dijo Sofía, y en su voz había una calma que contrastaba con la furia que sentía en su interior. “Sé que te gusta manipular a las personas, que te gusta tener el control de todo, y que no te importa hacer daño para conseguir lo que quieres. No quiero formar parte de tu vida, y menos permitir que formes parte de la mía.”
El rostro de Sebastián se puso rojo de ira, pero rápidamente lo ocultó bajo una máscara de tristeza. “Sofía, no sé de qué estás hablando. He sido siempre bueno contigo, siempre te he tratado con cariño…”
“Deja de mentir, Sebastián”, interrumpió ella. “No voy a decir más por ahora, pero te advierto: no intentes seguirme, no intentes cambiar mi mente. Mi decisión es definitiva.”
Con esas palabras, Sofía se volvió y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta con fuerza detrás de ella. Se apoyó contra ella, respirando hondo para calmar sus nervios. Había sido más difícil de lo que esperaba enfrentarse a ellos, pero sabía que había dado el primer paso más importante para cambiar su destino.
En la sala, Camila se volvió hacia Sebastián con los ojos llenos de lágrimas. “¿Qué le pasó a Sofía? Nunca me había hablado así. ¿Crees que se enteró de algo?”
Sebastián cogió sus manos entre las suyas, mirándola con ojos oscuros. “No sé, pero no me preocupes. Si ella no quiere estar conmigo, habrá otras mujeres. Y tú siempre estarás aquí, ¿verdad, Cami?”
La joven asintió, secándose las lágrimas con la manga de su vestido. “Sí, Seba, siempre estaré contigo. A diferencia de ella, yo sé lo que vale una persona como tú.”
Mientras tanto, Sofía estaba en su habitación, sacando una libreta de su cómoda y empezando a hacer una lista de las cosas que tenía que hacer. Primero: inscribirse en la universidad para estudiar arquitectura. En el pasado, había pospuesto sus estudios porque Sebastián le había dicho que no era necesario, que él la mantendría. Esta vez, iba a seguir su sueño sin importar qué.
Segundo: conseguir un trabajo de medio tiempo para ayudar a sus padres y empezar a independizarse económicamente. No quería depender de nadie, especialmente después de haber visto cómo Sebastián había planeado quedarse con su herencia.
Tercero: hacer ejercicio y cuidar su alimentación. En el pasado, había dejado de hacer deporte cuando empezó a salir con Sebastián, que decía que las mujeres musculosas no eran atractivas. Ahora sabía que la salud era lo más importante, y iba a cuidarse como nunca antes.
Cuarto: hacer nuevos amigos, personas que realmente la apoyaran y que no tuvieran intereses ocultos. En el pasado, Camila había sido su única amiga cercana, lo que la había hecho más vulnerable a su traición. Esta vez, iba a construir una red de apoyo sólida.
Al día siguiente, Sofía se levantó temprano y fue a la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) en Texcoco para solicitar la inscripción en la carrera de Arquitectura. El trámite fue más sencillo de lo que esperaba, y en menos de dos horas ya tenía su ficha de estudiante y el horario de clases.
Mientras caminaba por el campus, sintió cómo un peso se alejaba de su corazón. Por primera vez en mucho tiempo —contando tanto su vida pasada como la actual— se sentía realmente feliz y llena de esperanza. Sabía que el camino no sería fácil, que Sebastián y Camila probablemente intentarían hacerle la vida difícil, pero estaba dispuesta a enfrentar cualquier obstáculo para conseguir la vida que se merecía.
De camino a casa, se detuvo en un gimnasio local para preguntar sobre membresías. El encargado, un joven llamado Diego de 26 años con una sonrisa amable y ojos claros, le explicó los diferentes planes y le ofreció una clase de prueba de yoga. Sofía aceptó, y durante la clase sintió cómo su cuerpo se relajaba y su mente se aclaraba.
Al finalizar la clase, Diego se acercó a ella. “¿Te gustó? Parece que tienes talento para esto.”
“Sí, mucho más de lo que esperaba”, respondió Sofía con una sonrisa. “Creo que voy a tomar la membresía mensual.”
“¡Genial! Yo soy el instructor de varias clases, así que seguro que nos veremos mucho”, dijo Diego. “Por cierto, ¿eres nueva en la universidad? No te había visto por aquí antes.”
“Sí, acabo de inscribirme en Arquitectura”, respondió ella.
“¡Qué casualidad! Yo estudio Ingeniería Civil en la misma facultad. Tal vez podamos ayudarnos mutuamente con los estudios”, dijo él, y Sofía notó que se sonrojaba un poco.
Ella sonrió. Le gustaba la sinceridad de Diego, la forma en que no intentaba impresionarla ni manipularla como había hecho Sebastián. “Me gustaría mucho, Diego. Creo que nos haríamos buenos compañeros de estudio.”
Mientras conversaban, Sofía vio a lo lejos a Sebastián y Camila, que estaban entrando en un café cercano. Ellos también la vieron, y el rostro de Camila se puso rojo de ira mientras señalaba en su dirección. Pero Sofía no les prestó atención; seguía hablando con Diego, sintiendo cómo una nueva amistad comenzaba a florecer.
Sabía que Sebastián y Camila no dejarían de molestarla fácilmente, pero ya no tenía miedo. Tenía un plan, tenía metas y, lo que era más importante, tenía la oportunidad de vivir una vida llena de amor, salud y felicidad. Y esta vez, no permitiría que nadie se interpusiera en su camino.
CAPÍTULO 4: NUEVOS CAMINOS
Los siguientes meses pasaron volando para Sofía. Estudiaba arquitectura con mucho entusiasmo, sacaba buenas calificaciones y había hecho nuevos amigos en la universidad, entre ellos Diego, que se había convertido en su mejor compañero de estudio y en una persona en quien podía confiar completamente.
También había empezado a trabajar de medio tiempo en una empresa de diseño de interiores, donde aprendía mucho sobre el mundo profesional de la arquitectura y ganaba su propio dinero. Sus padres estaban muy orgullosos de ella; doña Elena decía que nunca había visto a su hija tan llena de energía y determinación.
Durante ese tiempo, Sebastián y Camila habían seguido adelante con su relación, y en la universidad se hablaba mucho de ellos. Según los rumores, Sebastián había pedido a Camila que fuera su novia apenas una semana después de que Sofía lo rechazara, y ahora iban juntos a todas partes, intentando mostrarse como la pareja perfecta. Pero también había rumores de problemas en su relación: que Sebastián era celoso y controlador con Camila, que la criticaba constantemente, que no le permitía salir con sus amigos ni estudiar lo que realmente quería.
Sofía no prestaba mucha atención a esos rumores, pero no podía evitar sentir una pequeña sensación de justicia. Sabía que en el pasado había sido ella la que había sufrido con Sebastián, y ahora era Camila quien tenía que lidiar con su verdadera personalidad. Pero no sentía alegría por el sufrimiento de nadie; simplemente se sentía agradecida de haber podido evitar ese destino para sí misma.
Un día, mientras estaba en la oficina donde trabajaba, su jefe, don Ricardo, la llamó a su despacho.
“Sofía, mija, tengo algo importante que decirte”, dijo él, con una sonrisa en su rostro. “Hemos recibido un encargo muy importante: diseñar la nueva biblioteca pública de Texcoco. Es un proyecto grande, y he decidido que tú serás la jefa del equipo de diseño.”
Sofía se quedó boquiabierta. Era el proyecto más importante que había recibido la empresa desde que ella trabajaba allí, y ser jefa del equipo era una oportunidad que nunca había imaginado tener a su edad.
“¿Yo, don Ricardo? Pero soy la más joven de la empresa, y apenas llevo seis meses trabajando aquí”, dijo ella, aún sin creerlo.
“Eso es cierto, pero también eres la más talentosa y la que más esfuerzo pone en su trabajo”, respondió él. “He visto tus proyectos escolares y tus diseños para nuestros clientes, y sé que tienes lo necesario para liderar este proyecto. ¿Aceptas?”
“Sí, claro que acepto”, respondió Sofía emocionada. “No te defraudaré, don Ricardo.”
Ese mismo día, después del trabajo, fue a buscar a Diego en la universidad para contarle la noticia. Lo encontró en el laboratorio de ingeniería, trabajando en un proyecto de estructuras.
“¡Diego, tienes que escuchar esto!” dijo ella, entrando corriendo al laboratorio. “Me han nombrado jefa del equipo de diseño para la nueva biblioteca de Texcoco.”
Diego se levantó rápidamente y la abrazó con fuerza, sonriendo de oreja a oreja. “¡Sofía, eso es increíble! Te lo mereces completamente. Has trabajado tanto para llegar hasta aquí.”
“Gracias, Diego. Y sé que no habría podido hacerlo sin tu ayuda”, respondió ella, sonrojándose un poco. Había empezado a sentir algo más que amistad por él, pero aún no se atrevía a decírselo.
“¿Qué tal si celebramos esta noche? Podemos ir a cenar a ese restaurante de comida mexicana que te gusta tanto en el centro de Texcoco”, sugirió Diego.
“Sí, me encantaría”, respondió Sofía con una sonrisa.
Esa noche, mientras cenaban juntos, la conversación fluyó fácilmente como siempre. Hablaban de sus proyectos, de sus sueños para el futuro, de los planes que tenían para mejorar la ciudad de Texcoco. En un momento de silencio, Diego se inclinó hacia adelante y miró directamente a sus ojos.
“Sofía, hay algo que quiero decirte”, dijo él, con una expresión seria pero tierna. “Desde que te conocí, he sentido que eres una persona muy especial. Eres inteligente, trabajadora, valiente y tienes un corazón enorme. Me gustaría mucho salir contigo, si tú también te sientes atraída por mí.”
Sofía sintió cómo su corazón daba un salto de emoción. Había estado esperando esa pregunta durante mucho tiempo.
“Sí, Diego, claro que sí”, respondió ella, sonriendo. “También he sentido algo muy especial por ti desde el primer día que nos conocimos. Me haces sentir segura, feliz y valorada.”
Diego tomó su mano entre las suyas y la besó suavemente. “Te prometo que nunca te haré daño, Sofía. Te cuidaré y te apoyaré en todos tus sueños.”
Esa noche, mientras caminaban por las calles iluminadas del centro de Texcoco, Sofía sintió como el último resto de dolor del pasado desaparecía de su corazón. Había encontrado a alguien que realmente la amaba por lo que era, alguien con quien podía construir un futuro lleno de felicidad y éxito.
Mientras tanto, en un apartamento pequeño en las afueras de la ciudad, Sebastián y Camila estaban teniendo una fuerte discusión.
“¿Qué quieres decir con que no podemos comprar ese coche? Tú me prometiste que cuando te hicieras gerente de la empresa compraríamos uno nuevo”, gritaba Camila, arrojando una almohada contra el sofá.
“Ya te dije que los negocios no van bien”, respondió Sebastián con irritación. “La empresa ha tenido varios contratos cancelados últimamente, y no tenemos dinero para gastos superfluos.”
“Pero antes siempre tenías dinero para lo que quisieras”, dijo Camila, con lágrimas en los ojos. “¿Es porque ya no me quieres tanto como antes?”
“Claro que te quiero, Cami, pero tienes que entender la realidad”, respondió él, pero en su voz no había la ternura que antes había tenido. “Además, tú no trabajas, no aportas nada al hogar. Tal vez deberías pensar en conseguir un trabajo para ayudar con los gastos.”
Camila se quedó muda de sorpresa. En el pasado, Sebastián le había dicho que no necesitaba trabajar, que él se encargaría de ella. Ahora, cuando los problemas económicos empezaban, ella era la primera en ser culpada.
“¿Cómo te atreves a decir eso? Yo dejé mis estudios para estar contigo, como tú me pediste”, dijo ella, con la voz temblorosa de la ira.
“Bueno, tal vez deberías haber pensado dos veces antes de tomar esa decisión”, respondió Sebastián, levantándose de la mesa y dirigiéndose a la habitación. “Ahora déjame en paz, tengo que trabajar mañana temprano.”
Camila se quedó sola en la sala, llorando y pensando en lo que había hecho con su vida. Había traicionado a su mejor amiga por un hombre que ahora la trataba peor que a una extraña. Se preguntó qué habría sido de su vida si no hubiera tomado esa decisión, si hubiera seguido estudiando y construyendo su propio futuro como Sofía lo había hecho. Pero ya era demasiado tarde para lamentarse; había elegido su camino, y ahora tenía que pagarlo.