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2522 Words
DALIA — Los monstruos si existen. Puedo afirmarlo porque los veo cuando el miedo cobra forma. Esas voces que oyes cuando estas en el bajo abismo son las suyas, son los monstruos. Nadie me creyó cuando les dije que existían, quizás porque inmediatamente pensaron en una bestia peluda con garras y dientes filosos y amarillos. No hablaba de esos monstruos, pero quien sabe, cada persona tiene su percepción propia sobre ellos. Y los míos eran sombras con ojos blancos y gigantes. Que a medida que me acercaba a la luz, se hacían más grandes y más grandes.  —Di una breve pausa y elevé la mirada. Los pacientes estaban absortos con sus ojos pegados a mí. — Quisiera saber si niegan su existencia por miedo a invocarlos y prefieren vivir en la ignorancia y felicidad o si realmente hay algo malo en mí. ¿Cómo saberlo? No he vivido con ojos distintos que no fueran estos y  solo me queda esforzarme un poco más para ser feliz. —Terminé de leer. Cerré el libro y delineé con los dedos la portada. “Los monstruos si existen” era uno de mis libros más populares y el que más identificada me hacía sentir. La sala se llenó de aplausos, algunos le siguieron tarde y otros fueron muy efusivos. — ¿Usted cree que mi monstruo exista señorita? —Me preguntó una muchacha cuyo nombre desconocía, la misma que me había llamado la atención por su temprana edad. —Se llama Daniel y aparece en mi cama. “¿Qué debo responderle? ¿Tiene un monstruo llamado Daniel?” Apreté el libro con mis manos. “¿Qué hago aquí?” Comencé a preguntarme. No estaba lista para esas preguntas de tan rara intensión. Yo también tenía monstruos pero no les ponía nombres y no podía verlos. Quizás ella veía a los monstruos de una manera diferente a la mía. Un monstruo podía ser una visualización ficticia o alguien real que te había hecho mucho daño, o una emoción negativa, o un miedo, o una pesadilla… Había tantas formas en las que podía presentarse. ¿Cuál de todas era la de la joven? —La señorita Jeong ya debe estar cansada y usted debe irse a tomar su medicina señorita Bae. —Irrumpió Muk Hee Yul dándome una pequeña sonrisa. —Bueno. —Respondió la señorita Bae y se levantó para irse con un enfermero, que según entendía, se encargaba de ella. Las mentes de mi público eran un océano misterioso. Tenía que mantenerme al margen, al fin al cabo mi cerebro también era un misterio y no sabía cómo reaccionar apropiadamente con ellos sin afectarlos o afectarme. Muk Hee Yul me había salvado de una futura situación descontrolada.   — ¿La guio a la salida señorita Jeong? —Me habló el jefe enfermero, sacándome desprevenidamente de mis pensamientos. Tuve que parpadear varias veces y asentir con torpeza, para luego modular la respuesta. —Si. —Me puse los anteojos negros. Mientras caminábamos por el pasillo, miraba el cartel luminoso verde que decía “salida de emergencia”. No desviaba la vista de ese punto, estaba muy concentrada en reacomodar mis pensamientos e ideas y necesitaba concentrarme. Había vivido una experiencia diferente a todas las que había pasado. Mi vida había cambiado mucho. Pase de ser una chica de provincia, introvertida y con una gran imaginación, a ser una exitosa escritora de cuentos infantiles y juveniles. Situaciones como esta no deberían sorprenderme luego de haber visto tantas cosas… pero la manera en la que ellos me miraban, con total atención y admiración, alzaban mi valor como escritora y me acariciaban el corazón dándome un tierno consuelo. Las críticas hacia mi eran muy negativas y esta oportunidad había sido como dulces palabras de ánimo. Dejamos la entrada atrás y mis ojos buscaron otro sitio donde reposar. Un hombre de espaldas, vestido de traje n***o fue quien atrajo mi interés. Su espalda se me hacía familiar. “Hombros anchos… ¿Dónde lo había visto antes?” No podía descifrarlo bien pero tenía la sensación de conocerlo. Me quite los anteojos de sol tratando de ver mejor y en colores. El hombre se volteó por completo hacia nosotros, con la mirada perdida en sus zapatos negros y lustrados. Me detuve a mitad de camino cuando sentí que se resbalaba mi bolso de los dedos, justo al momento donde creí estar sufriendo una alucinación. —Director Lee. —Escuché que le dijo Muk Hee Yul. Mi corazón fue impulsado a latir con fuerza por un sentimiento que no había despertado hacía muchos años, y que solo había sido encendido por alguien, alguien que no había vuelto a ver nunca más. Y que… casualmente estaba frente a mí. Levantó la cabeza con una curiosa expresión, y al verme, sus labios se entreabrieron y sus ojos saltaron. Él estaba ahí. Igual pero a su vez diferente a como lo recordaba. Tenía un peinado distinto, ya no lo llevaba sobre su frente, ahora estaba peinado con gel a los costados dejando ver sus lindas y perfectas cejas. Se veía más maduro, más serio y mucho más guapo de lo que le recordaba. Sus pantalones oscuros y elegantes hacían juego con sus zapatos y su chaleco, que cubría su camisa blanca y la corbata azul marino. La nostalgia me abrazo a su vez que recordaba a su versión más joven. Un universitario de diecinueve que usaba camisas y zapatillas, con un rostro casi inexpresivo y un aura jovial e inocente. Me saludo con una reverencia torpe y le correspondí con una sonrisa de labios oculta. —Lee Jan. —Él se veía tan consternado y tímido, que apenas podía relacionarlo con el Jan del pasado, ese muchacho tan recto que de vez en cuando expresaba sus sentimientos—Que gusto verte. —Jeong Dalia, espero que te haya agradado la visita. —Me dijo cortes, recuperando la postura. Su voz sonó como una grave melodía, mi corazón se dejó abrazar por las sensaciones que en el pasado me habían encantado. “Director Lee. Clínica LJ” Leí en la insignia de identificación que tenía abrochada al bolsillo del traje. “Que pequeño es el mundo” Pensé. Lee Jan, director de una clínica de salud mental. No me lo hubiera imaginado. Cuando se marchó de Corea del sur estudiaba enfermería pero ahora que lo veía, había hecho mucho más que ser uno. —Lo hizo. Este lugar tiene una chispa única. —Me alegra saberlo, es una buena crítica de su parte considerando que hace poco tiempo que inauguramos. —Hizo un gran trabajo. —Le sonreí. Mi teléfono sonó y vibro en mi bolso. Lo saque para ver quien llamaba y vi el nombre de Park Ji Seung. —Si me disculpan… —No hay problema, de todas formas yo debo retirarme. Fue agradable volver a verla. — Miento si digo que no me sentía algo decepcionada, pero disimule muy bien. —Igualmente. —Nos despedimos con otra reverencia y cuando nuestros ojos se desconectaron, atendí le teléfono. — ¿Si? — ¿Cómo ha ido todo? — ¿Solo has llamado para curiosear? —Le recriminé. Una risa se escuchó al otro lado de la línea. —Creí que te alegraría oírme. —Puse los ojos en blanco. —Si no es importante, cuelgo. Un resoplido y una risa de su parte hicieron que cortara y apagara el teléfono. Volví a darme la vuelta, esperanzada de que quizás Lee Jan siga ahí, pero no estaba. —Nos vemos el miércoles que viene señorita Jeong. —Me dijo Muk Hee Yul haciendo una reverencia con la cabeza, lo imite y asentí. —Seré puntual. Me adentre al Hyundai Tucson con una alegría inimaginable, deseando pronto que sea miércoles. Rocé mi collar con los dedos, era sorprendente los hilos del destino. Casi diez años… mucho tiempo había pasado, creí desesperanzada en un momento que no lo volvería a ver. Dando un vistazo a mi yo de diecinueve, me recordaba muy enredada por Jan, tan enamorada como jamás lo estuve. Su presencia no había sido larga, pero su huella en mi vida era imborrable. Fue mi primer amor, ¿Cómo no recordarlo con cariño y dulzura? Mi teléfono volvió a sonar al dejar la Clínica atrás. Conteste por medio de la Tablet del coche, deslizando el dedo. — Hola mamá. Una respiración furiosa me hizo apretar el volante. “¿Esta molesta?” — ¿Me puedes explicar que significa lo que están diciendo de ti? Por todos lados hay una imagen divulgada de un hombre cenando contigo. ¡Están diciendo obscenidades de ti! Fruncí el ceño. Mi madre llamaba cada tanto, no lo hacía con regularidad para no estorbar mi tiempo laboral y dejarme descansar en mi escaso tiempo libre. Nunca me había llamado tan enojada, esta era la primera vez. — ¿Cuándo salió esa noticia? — ¡Y no lo niegas! Min Ji Woon es un hombre comprometido, todos difaman tu nombre diciendo que has interferido en su relación con Kwak Minie. ¡Por dios niña! ¿¡Es que no piensas?! Frené de golpe en el semáforo en rojo. A mi lado había un puesto de revistas, y me bajé para comprar el periódico de hoy. Los autos me bocinaron cuando caminé por la parte trasera del coche. El viejito que las vendía me miró con una expresión de asombro. —Quiero el periódico de hoy. —Si señorita. Le pagué, dejándole el cambio y me devolví al coche convertida en una bestia enfurecida. ¿Yo metida en la relación de Ji Woon y Minie?  ¡Esa mujer había sido la entrometida! ¿Desde cuándo estaba comprometida con Ji Woon? Él y yo habíamos tenido una relación de cuatro meses hace un año y medio. Era hijo de un empresario llamado Min Doyun, el presidente de una cadena de restaurantes muy famosos por aquí. Ji Woon era apuesto, un hombre soñado. Carismático, bondadoso y maduro, sin duda un caballero. Pero Kwak Minie interfirió al final de nuestra relación y sus ojos la miraron a ella con anhelo. Fui yo la que termino la relación, cuando me di cuenta que comenzaba a convertirme en la tercera. — ¿¡Me estas ignorando?! —El grito de mi madre me despertó y me avivo de que ya debía emprender la marcha. —No mamá. Pero yo hace un año y medio que termine con  él, fue una relación oculta de los medios. Kwak Minie no estaba en el mapa cuando yo estuve con Min Ji Woon. — ¿U-un año y medio? Parece que finalmente dejo de rodar entre las palabrerías de la gente, y me escuchaba. ¿Por qué les creía a ellos antes que a mí? —Me ofende que me llames para recriminar mis acciones sin saber la verdad mamá. Kwak Minie lo conoció al cuatro mes de nuestra relación en el evento de caridad a un orfanato. Termine con el cuándo me di cuenta que se veían en salidas casuales. Kwak Minie fue mi amiga en el pasado, pero algo había roto la relación luego del concurso del 2011. Se alejó de mi como si fuera un bicho y cambio de dormitorio. No volví a relacionarme con ella, hasta que nos encontramos hace un año y medio en uno de los restaurantes del padre de Ji Woon. Me comentó que conocía a mi novio y que le parecía un hombre encantador. No era sorpresa que estuvieran comprometidos, pero era irritante la situación. ¿Yo siendo la tercera y la mala mujer? No podía ser una noticia más humillante. — ¿Él te engaño? Apreté los dientes. Ji Woon había sido un gran hombre para mí, mi relación con el había tenido mucho significado y no había surgido en el banal intento de llenar un vacío o jugar a los amantes un rato. Mis planes con Ji Woon eran serios y quizás si él no se hubiera hechizado por Kwak Minie, yo sería su prometida o quien sabe, su esposa. — ¡Ah maldita intrusa! —Pegué un bocinazo cargado de rabia. — ¡Y tu imbécil! ¿¡No fui suficiente para ti?! Mis ojos se humedecieron. ¿Por qué seguía doliendo? ¿Era el orgullo o el corazón? Kwak Minie había aparecido imprevistamente a quitarme lo que más quería, y Ji Woon ni siquiera había dudado en dejarse raptar.  ¿Qué tenía ella que yo no podía darle? Termine nuestra relación para que el final no fuera tan doloroso y por un momento pensé en que se olvidaría de ella. —Se comprometió con Minie. —Susurré, sintiendo la cosquilla de una lagrima deslizarse por mi piel. —Lo siento hija… no sabía que había sido importante para ti. Ha habido tantas noticias tuyas con líos amorosos que me fue fácil creerles. Tienes que ser una mujer recatada… —Una mujer con muchas relaciones no es menor mujer, ni merece menos respeto mamá. No fui una escandalosa, ni me junte con hombres indecentes. Si así quiere verme la gente, ¿Qué puedo hacer yo para limpiar mi imagen? —Mordí mis labios. —Lo intento mamá. Solo buscaba una cosa; y era eso lo que dificultaba mis relaciones. Buscaba llenar algo que no podía llenarlo por mí misma, buscaba recibir algo que no podía darme. Terminaba el día y me sentía desolada, enojada por indagar en los rincones del mundo alguien que me quiera para poder sentirme menos solitaria y despreciada. Tenía a muchos apuntándome con sus dedos, gritando mentiras sobre mí. Tener a alguien a mi lado que confiara en mí y me vea como una buena mujer había sido un rayo de dulce esperanza para mí. Estaba mal, me lo reprochaba todo el tiempo. Pero Min Ji Woon no era uno más, no era un parche para cubrir un hueco, ni alguien que podía olvidar con tanta soltura como lo hice con William, que por más que estuvimos juntos, mi relación con él me era irrelevante al final del día. Ji Woon me había querido honestamente y yo a él, no mentía cuando decía que mis sentimientos eran sinceros, no buscaba algo de él, sino darle lo mejor de mí. El amor más hermoso es esa en el que ofreces sin miedo, y yo no temblaba por hacerlo. Deje de buscar, de pensar egoístamente y solo lo quise y di todo lo que tenía. Cuando terminamos, y al empezar mi relación con Will, pensé erróneamente que mi suerte había cambiado y que las cosas con el funcionarían. Aunque no me sentía igual que con Ji Woon, trate de esforzarme por hacer las cosas bien. Pero nuevamente era un nombre tachado. No se comparaba con Ji Woon en absoluto. Mi corazón parecía latir por él y por nadie más. Will dejo de ser un sueño para mí. Me había quedado más tiempo en Londres por nada, aferrada a una ilusión. “Deja de ilusionarte con los hombres Dalia” Pensé con tristeza y vergüenza. CAPITULO 6
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