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1203 Words
JAN   —Nos vemos señora Min, adiós. Colgué la llamada y me frote las sienes. Contemplé la pantalla frente a mí. La organización financiera era algo que me llevaba tiempo y paciencia, era exigente cuando se trataba de administrar los recursos de la clínica. Había días donde terminaba exhausto y estresado, pero más allá de las sugerencias de Muk Hee Yul, que me aconsejaba contratar a otra persona para cubrir el puesto de director, me negaba a abandonar la clínica. Solo estando dentro podía controlar las situaciones con mis propios ojos. Pero mi preocupación del momento no era por eso, sino por la llamada de la señora Min, la cual no tenía nada que ver con los típicos asuntos que me quemaban el cerebro. Hace unos meses había venido un paciente llamado Min SeoJoon, enviado por la familia. Estuvo siendo atendido por cinco meses y se le dio el alta cuando vimos que estaba preparado para volver a su vida normal. Era un hombre de treinta y dos años, heredero de una empresa gastronómica. Fue la suerte la que nos reunió a los dos en uno de los restaurantes que manejaban, un viernes en la noche. Min SeoJoon perdió los estribos y tuve que atenderlo ahí mismo para ayudarlo a controlarse. La prensa vino enseguida y fue un caos. La familia de Min SeoJoon me agradeció por haber manejado la situación con tanta tranquilidad y al enterarse que era dueño de una clínica de salud mental, decidieron enviar a su hijo aquí. De ese momento había pasado casi un año y ahora la señora Hwan me volvía a contactar, pidiendo urgente volver a ingresarlo a la clínica. Min SeoJoon era el paciente más delicado que habíamos tenido. Padecía un TOC relacional, lo que lo llevaba a tener obsesiones centradas en relaciones cercanas a él. Min SeoJoon comenzó con estas conductas desde una edad temprana, comenzando con una compañera en la primaria. A partir de ahí sus obsesiones han transmutado a diferentes personas, hasta la última de todas, una joven de veinticinco años, la secretaria de su padre. Min Doyun, presidente de la cadena gastronómica de restaurantes más grande del país, evitaba contacto con su hijo para no atraer la atención de los periodistas. Y eso era uno de los temas que más hablaba Min SeoJoon cuando estaba aquí.  Era un constante círculo vicioso en el que despertaban por una u otra cosa sus pensamientos y obsesiones, lo que le generaba mucha ansiedad y angustia, y le guiaba a realizar acciones para neutralizar sus obsesiones con esa persona. Min SeoJoon lograba producir un alivio momentáneo, pero se volvían a repetir, causándole un gran malestar que lo conducía a realizar acciones suicidas. Y mi preocupación nacía ahí. Min SeoJoon debía tener un cuidado especial y atención requerida en todo momento. El aumento de pacientes había dejado en desequilibro a la cantidad de trabajadores, y un paciente tan delicado como SeoJoon merecía alguien a su lado a toda hora. Unos toques en la puerta me desviaron de mis preocupaciones. Me senté derecho y bebí un poco de agua. —Adelante. Jun Suni abrió la puerta despacio y asomó la cabeza. Sus rizos deslumbraban en un claro castaño, acompañado de una sonrisa fiel en sus mejillas redondas. Tenía apenas veinticinco y estaba comprometida con Muk Hee Yul hace unos cinco meses. — ¿Está ocupado director? —Me preguntó con la voz tímida. Ella había sido una de las primeras enfermeras que había contratado, pero siempre se dirigía a mí con mucha cordialidad.  —No, ¿Qué sucede Jun Suni? —La miré por arriba de mis lentes y ella abrió un poco más la puerta para poder ingresar. —La señorita Jeong vendrá hoy a las tres y media. — Mi desconcierto debió ser claro como el agua, porque Jun Suni me entregó la agenda diaria. — La sala esta lista para recibirla. ¿La atenderá usted o Muk Hee Yul? Leí los horarios en la agenda.  “Tanto en la cabeza me ha hecho olvidarlo”  Fue una sorpresa ver su nombre después de tanto tiempo, si bien no era un hombre desconectado del mundo y tenía conciencia del impacto que había generado Dalia en el mundo, mi corazón dio un fuerte latido como si saber de ella fuera algo inesperado. Estaba de reposo por una fuerte gripe cuando se acordaron las visitas semanales de Jeong Dalia a la clínica. Muk Hee Yul fue el responsable durante tres días de las cuestiones administrativas y demás, así que el acuerdo lo había hecho el. Pero eso no quitaba que debía haber prestado más atención en su visita y por consecuente, lo que significaría para nosotros. ¿Ella sabría que estoy aquí? No nos habíamos visto por diez años, ¿Cómo debía actuar? Mi mente sobrecargada desbloqueó los recuerdos del 2011 y no pude evitar ponerme nervioso. — ¿Director esta… ruborizado? Carraspeé. — ¿Y-yo? —De pronto la corbata comenzó a asfixiarme. —N-no. Dile, Dile a Muk Hee Yul que se encargue.  —Si director. ¿Quiere que le abra a ventana? Esta sudando… —No, no gracias Jun Suni. Puedes irte. —Le dije. La mujer hizo una reverencia y se fue mirándome de soslayo con curiosidad y sospecha. Cuando cerró la puerta me deje caer sobre el asiento. —Ya cálmate Jan, no te comportes como un adolescente. —Me recriminé soltando un exagerado resoplido.   Observé el techo blanco, la curiosidad me pellizco las piernas y comencé a moverlas con ansiedad. “Al diablo” Pensé y me erguí para acomodar la silla giratoria y apegarme al escritorio. Posé los dedos en el teclado,  y busque rápidamente en Google el nombre de Jeong Dalia. Cliqueé en imágenes y presioné la primera foto. Ella se veía completamente diferente a la última vez que la vi y eso me trajo un aire de nostalgia. Su cabello azul había desaparecido, para convertirse en una larga cabellera azabache ondulada. No podría reconocerla entre tantas cabezas como lo hacía en la universidad solo por su llamativo cabello y eso me hizo sonreír. No había tenido tiempo de pensar en el pasado ni en la gente que había dejado atrás, ¿Quién pensaría que conocí a Dalia en sus principios? Cuando nadie sabía su nombre aun. En 2011 solo éramos jóvenes soñadores y ambiciosos. “Que recuerdos…” Me levanté para estirar las piernas y fui hasta la ventana para observar el exterior. Vi a un Hyundai n***o estacionarse, y la figura esbelta de una mujer con un elegante vestido n***o saliendo del mismo. Mi corazón dio un segundo golpe, preso de la ansiedad que me generaba volver a verla. Había muchos sentimientos estancados en mis recuerdos pasados, temía caer en ellos como a los diecinueve años. Pero el tiempo había sido muy influyente en mi vida y de seguro también en la de ella. Lo que había pasado entre nosotros solo eran fugaces momentos de nuestra vida universitaria. Existirían ahí y ahora solo nos veríamos como viejos conocidos, sin nada más que recuerdos irrelevantes que nos unieran. — ¿No es así? —Musité admirando a la mujer que recordaba como mi primer amor.            
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