Tiempo después, Debby acompañó a Allan al cementerio. El hombre quería visitar la tumba de su padre y de su hermano para rendirles honores. Por su padre, nunca había podido ir, y por su hermano llevaba muchos años sin pisar aquel lugar. Al llegar, se inclinó frente a la tumba dejando sobre el pasto las flores que había comprado y quitó con la mano la suciedad que cubría a la lápida. Debby se ubicó a su lado, manteniendo siempre su mano sobre su hombro. Así le dejaba su espacio, aunque le indicaba que seguía allí y no lo abandonaría nunca. Los ojos de la mujer se humedecieron al ver la inscripción que correspondía a Zack: «Un ángel que partió antes de tiempo». Más abajo estaba la de John Kerrigan: «Quien se marchó para consolar a sus ángeles perdidos». El dolor que debió embargar a aque

