Como era necesario, Debby se reunió con su madre en un restaurante, para que conociera a Allan. La mujer no pudo dejar de mostrarse recelosa frente al hombre, haciéndole preguntas incómodas sobre su tipo de vida, su profesión y sus intenciones para con su hija. Aunque Debby sufrió con aquel encuentro, Allan lo disfrutó en grande. Tenía mucho tiempo que no se relacionaba con una madre preocupada por su hija. Desde la adolescencia, cuando tuvo a su primera novia, no pasaba por aquel delicado interrogatorio. Aquello no solo le garantizaba que estaba vivo, sino que además, seguía formando parte de la sociedad a la que había dejado atrás. —Disculpa a mi madre por sus preguntas imprudentes —pidió Debby al estar un momento solos mientras la mujer había ido al baño. —Está bien, no te preocupes

