El coliseo del MGM Grand Garden Arena arde de expectación. Los miles de aficionados que se encuentran hoy aquí revolotean de un lado a otro, eufóricos por la pelea que se aproxima. Tan sólo minutos restan para que empiece el combate. El ruido es ensordecedor, se me dificulta hasta escuchar mis propios pensamientos. Permanezco pegada —casi que literalmente— del brazo de Demmi. Mis padres, Natasha y sus padres, Marilyn y su novio, el Señor Martin, su hijo y Richard —quienes la han pegado muy bien—, hablan calurosamente de estrategias, técnicas o no sé qué cosas referentes al boxeo. Según yo, están prediciendo lo que pasará, lo que estoy muy segura pone a Daniel como ganador indiscutible. Mam permanece de pie, estático a mi lado, mirando de un lado para otro casi que sin parpadear. Las lu

