Capítulo 6: La competencia académica
El murmullo en el aula era inusual aquella mañana. El profesor Ramírez, con gesto solemne, anunció un nuevo proyecto: los estudiantes debían formar equipos de dos para desarrollar una investigación que contaría un 40% de la nota final. El reto era grande, y todos comenzaron a buscar compañeros de inmediato.
Brisa hojeaba sus apuntes, insegura. Siempre había trabajado sola, pero esta vez la regla era clara: en parejas.
Entonces lo escuchó.
—Brisa, usted trabajará con Sergio.
Las miradas se alzaron de golpe. Sergio arqueó una ceja, incrédulo, mientras Brisa sintió cómo el corazón le daba un vuelco.
—¿Con ella? —protestó él, sin disimular el desagrado.
—¿Algún problema, señor García? —preguntó Ramírez con calma, aunque su tono escondía advertencia.
—Ninguno… —respondió Sergio, cruzándose de brazos. Pero por dentro hervía.
Brisa tampoco estaba cómoda, pero respiró hondo. Si algo había aprendido era que no podía huir de los desafíos.
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Los primeros encuentros fueron un campo de batalla silencioso. Sergio llegaba tarde, hacía comentarios sarcásticos y parecía más preocupado por su celular que por los libros. Brisa, en cambio, llevaba borradores, esquemas y propuestas claras.
—¿Vas a hacer todo tú sola? —preguntó él con ironía una tarde en la biblioteca.
—Voy a hacer lo que sea necesario para que salga bien —contestó Brisa sin mirarlo.
—Claro… porque la “perfecta” Brisa no puede permitir un error.
Ella cerró su cuaderno con calma.
—No es perfección, Sergio. Es responsabilidad.
La frase quedó flotando en el aire. Sergio apretó la mandíbula, porque en el fondo sabía que tenía razón.
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Con el paso de los días, algo inesperado sucedió. Aunque seguía resistiéndose, Sergio comenzó a ver de cerca el método de trabajo de Brisa: su disciplina, su paciencia, la manera en que transformaba datos fríos en ideas claras. Y aunque no lo admitiera, aprendía.
Una noche, mientras repasaban los últimos detalles en la biblioteca, Brisa se quedó dormida sobre los apuntes. Sergio, sorprendido, la observó en silencio. Nunca la había visto así: tan vulnerable, tan real. Por un momento, la burla se desvaneció.
¿Cómo lo hace? pensó. ¿Cómo sigue brillando a pesar de todo?
No lo dijo en voz alta, pero por primera vez algo en su interior comenzó a cambiar.
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El proyecto aún no estaba terminado, pero lo que ninguno sabía era que este trabajo en conjunto se convertiría en un punto de quiebre: para Brisa, una prueba de resistencia; para Sergio, el inicio de un cuestionamiento que no podía evitar.