Los siguientes días sí fueron un desastre. Ahora no solo huía de Oliver, si no también de Damián. Sentía que había acabado con toda la poca dignidad que quedaba en mi; y que a la distancia, mi madre se decepcionaba aún más. Lo había intentado todo; y cuando creía que realmente estaba haciendo lo correcto, todo se acababa y se venía abajo. Me hundía en un hueco sin retorno y estaba a nada de tocar fondo. Estaba cansada y con pocas ganas de arreglar algo que yo no había roto. Pero quizás era la forma de la vida de hacerme pagar por las decisiones que había tomado en la vida. No me dejaría amar ni ser amada, porque la veces que lo hacía, realmente acababa mal. Tenía que mantenerme serena y con la frente en alto. A toda costa evitaba la mirada, roces y preguntas de Damián. Estaba mol

