Habían pequeñas acciones de Damián que llevaban a enamorarme. Quería tomarle y confesarle todo, pero al final me llenaba de miedos. Pensaba en mi madre diciendo que nadie estaría orgulloso de caminar de la mano de una prostituta y me retenía. Ella tenía razón, pero sin saberlo, sus palabras retumbaron en mi mente y mi corazón durante años. Inclusive después se su muerte. Pero en aquel almacén llena de miedo; Damián traía paz a mi. Tanto que sentía su respiración mezclarse con la mía y era inevitable no acercarme a sus labios. Dejando un pequeño beso en él, segundos más tarde me tomaría él a mí. Su lengua yendo al compás de la mía. Sus manos tratando de alejarse de mi, pero su cuerpo pidiendo más y más. Me pone contra la pared e introduce lentamente sus manos bajo mi falda. Haciéndo

