Los siguientes días estuvieron llenos de pánico. Los momentos en aquella oficina se llenaban de tensión con frecuencia. Damián evitaba a toda costa tocarme, pero me comía con su mirada. Para Oliver ya estaba más que confirmado. Sabía que él ideaba el plan y el momento justo para hablar conmigo. Tenía preguntas que aún no respondía y deseos que yo ya no cumplía. Ese día no esperaba que todo estallara. Era normal, largo y aburrido. Llevaba suéter, estaba fría la mañana. Había pasado por un par de cafés que llevaba para Damián. La empresa iba de lo mejor y aquellas conversaciones sobre la familia de Damián seguían intermitentes. No habían repuestas. Pero no contaría con que finalmente las verdades saldrían a la luz. Y que tendría que escoger si mentir una vez más o finalmente hacerl

