Fue a los 22 años que intenté sentar cabeza. Tenía al rededor de tres años vendiendo mi cuerpo y ya estaba realmente cansada. Siempre era igual, pero siempre debía poner un plato de comida sobre la mesa. Pero fue para finales de Diciembre; cuando todos celebraban a lo alto, yo solo lloraba en silencio. Había vuelto a casa de una noche larga de trabajo. Mis pies hinchados, maquillaje corrido y un par de billetes arrugados en mi brasier. Había bebido, lo hacía poco a diferencia de mi madre. Abrí con poca fuerza y corrí a la habitación de mi madre. Quería despertarla y sacarla a ver los cohetes. Quería decirle que tenía dinero para la cena y que le daría un regalo. Era 23 de Diciembre del 2021. No lo iba a olvidar nunca. Encendí la luz y corrí a su cuerpo.—¡Despierta mamá, que es ca

