La vida había sido lo suficientemente injusta. Y no me había dado muchas opciones sobre qué hacer. Fue así como terminé aquí. Llevando hombres a la cama por un par de billetes, viendo mi cuerpo desgastarse e implorarme un poco de piedad. Mi mayor error fue creer que solo me encontraría con dos tipos de hombres; sumisos y dominantes. La clasificación con el tiempo crecía más y era aún más sorprendente. Estaban los conversadores. Aquellos que tenían tanta presión en casa y carecían de una mujer que les oyera, que pagaban el precio que fuese por irse a una habitación para conversar durante una hora. Y sí, era real. FLASHBACK Conocí a aquel sujeto otro año más tarde. Ya tenía 20 años y llevaba dos dentro del mundo de la prostitución. Hasta el día de hoy no conozco su nombre. Pasó e

