Había pasado la mayor parte de mi vida con miedo. Miedo de no comer, miedo de no ser grande, miedo de que me faltase mi madre. Era pequeña e ingenua, mi padre ya me había abandonado y no sabía nada de él. La vida me había dado golpes desde muy pequeña y era lo único que había recibido. Poco después comenzarían las humillaciones que me llevarían a huir de clases. Abandoné el instituto a los 16. No faltaba nada para acabar. Pero la presión social pudo ser más grande que yo. Tuve una madre brillante que puso ser cantante, artista, maestra. Pero que por desgracia, la vida había cortado sus alas y finalmente terminaría en la calle vendiendo su cuerpo. No conoció el amor verdadero, probablemente se enamoró un par de veces y nunca llegó a ser correspondida. Tenía miedo de que jugaran con e

