cap 1
-Hija mía, los dioses te han bendecido con una belleza que incluso opaca a la de Afrodita-
Mientras las sirvientas me cepillaban el cabello, mi madre entro con más regalos dados por los hombres más ricos de la región y fuera de ella.
-Madre provocaras la ira de Afrodita diciendo cosas así-
-¿Ira? celos diría yo, dense prisa el banquete comenzara-
Mi madre salió de mis aposentos, los sirvientes aun no habían terminado de vaciar los cofres que ya estaban ahí y recién llegaron más, odio esto, mis padres están sacando ventaja de todo esto ¿Más bella que afrodita? me siento más como una de las estatuas de adornan nuestra morada, siendo exhibida solo para que alaguen a mis padres y encuentren al mejor postor para un matrimonio ventajoso.
-Esta lista mi señora-
Me le quede viendo a mi sirvienta más vieja, la siento como mi madre, es la única que se preocupa por mi realmente y no me ve como una moneda de cambio
-No quiero asistir-
-Debe de mi señora, sino sus padres la encerraran de nuevo-
Me acaricio el rostro y me dedico una débil sonrisa, no había opción, salí de mis aposentos a mitad de camino me encontré a mis dos hermanas mayores
-Mírate, toda arrogante-
-Si ¿Qué te tienes de bueno además de esa cara bonita?-
-Yo no pedí esto, si tienen algún problema háganselo saber a nuestros padres-
-Atrevida-
La dos me empujaron, fue un gran error, las pisadas fuertes y las caras de espanto significaba que nuestro padre vio todo, las tomo del brazo
-Vuelvan a hacerle algo a Psique y les cortare la mano y las venderé para el circo-
La sangre abandono sus rostros, las soltó y ellas huyeron, me levanto y no pregunto si me lastimo, se limito a revisar mi rostro y asintió satisfecho
-Bien, entremos ya nos están esperando-
Me tomo del brazo, ya no había escapatoria.
Los sirvientes nos abrieron las puertas de par en par, el ruido termino, mi padre me dirigió a la mesa honor y me sentó a su derecha
-Continúen-
Dijo mi padre, la música, las risas, el entretenimiento todo volvió a cobrar vida y los señores y concejales no se hicieron esperar
-Le traigo este regalo a la mujer más hermosa, solo merece las telas más hermosas-
-Muchas gracias, por su presente mi señor-
-Las joyas más preciosas, para la mujer más bella-
-Muchas gracias mi señor-
Y así toda la noche, hasta que un incauto me sentencio con su total ignorancia, si mencionas a un dios tus palabras llegaran hasta sus divinos oídos
-Un brindis, que los dioses le otorguen larga vida y nos permita seguir tal belleza que deja en ridículo a afrodita-
Todos alzaran sus copas, el ego de mis padres aumento, el resentimiento de mis hermanas se hizo más fuerte y mi sentencia se firmo.
Santuario de Afrodita
-Hija mía, los dioses te han bendecido con una belleza que incluso opaca a la de Afrodita-
-Un brindis, que los dioses le otorguen larga vida y nos permita seguir tal belleza que deja en ridículo a afrodita-
Me despierto de golpe al escuchar mi nombre, esas blasfemias siguen retumbando en mis oídos, con mi visión divina busque el lugar de donde venían estas blasfemias, eran mis adoradores adorando a una simple mortal.
Me levante de golpe, despertando a Ares que dormía a mi lado, comencé a arrojar todo lo que me encontré en mi camino, necesito dejarle en claro a esos mortales que no mayor hermosura que la mía
-¿Que pasa?-
Ares venia detrás de mi desnudo, con su túnica colgando de sus manos
-Mis creyentes osaron en compararme con una sucia mortal-
-Vamos mi amor no hay comparación esa mortal no es nada a lado tuyo-
-No, esto no puede quedar así, esta gente debe entender que si ofendes a un dios pagaras las consecuencias-
Ares levanto las manos en señal de rendimiento, no habría manera que me convenciera de hacer lo contrario
-¡Eros!-
Grite con tal fuerza que seguro todo el olimpo me escucho
-Querida Eros debe de estar revolcándose con alguien, volvamos a la cama, ven te hare sentir mejor-
Ares se cocolo detrás de mi y abrió mi túnica y comenzó a acariciarme los senos.
Un destello dorado entro en mi santuario
-¿Por que no me hablas en este momento? estaba en la mejor orgia que eh organizado-
-Te lo dije-
Ares besaba mi cuello mientras seguía amasando mis senos, Eros no se inmuto ante tal espectáculo, al final era nuestro hijo Dios del amor y del sexo
-Busca a una tal Psique, fléchala con la peor persona que puedas encontrar-
Eros dirigió su mirada a Ares que abría cada vez más mi túnica
-Tu querida madre esta molesta, porque sus creyentes comenzaron a compararla con esa mortal llamada psique-
Eros puso los ojos en blanco
-Te di una orden ¿Qué esperas?-
-¿Me sacaste de la mejor orgia que eh organizada hasta ahora por una rabieta?-
-Esa mortal se arrepentirá de compararse conmigo-
Eros soltó un sonoro suspiro y Ares se hinco y me abrió las piernas al sentir su lengua recorrer mi sexo comenzó a surtir su efecto y el asunto comenzaba a quedar en el olvido
-Esta bien flechare a esa mortal con una bestia-
Eros se acerco para besarme la mejilla, mientras su padre estaba de rodillas frente a mi y así como ese destello dorado llego de la misma manera se marcho a cumplir mi mandato.
Ares me tomo en brazos y me llevo de nuevo a la cama
Eros
-Es increíble que esta mujer se atreva a compararse con la belleza divina de mi madre-
Llegue en un parpadeo a la morada de estos sucios mortales, me metí a los aposentos de esa tal psique que estaba de espaldas suplicando a sus padres
-Por favor, se los ruego no quiero casarme con el-
-No seas tonta, es el mejor prospecto, tiene embarcaciones y los regalos que trae son los mejores-
-Por favor no, se los ruego, eh escuchado que el tiene una mala reputación-
Su padre la tomo del brazo y la arrastro, tuve que entrar a sus aposentos ya que la aparto de mi vista
-Te casaras con el, ya esta acordado-
-No-
Su padre levanto la mano para golpearla
-Espera, si la golpeas en la cara puede que la rechacen-
El señor desato su cinturón y le dio en la espalda repetidas veces y salieron de sus aposentos, de pronto una plegaria con la voz mas dulce retumbo en mis oídos
-Dios del amor, te lo ruego, no permitas que me casen con el, yo quiero casarme con alguien que de verdad me ame-
Reconocí esa voz, era la voz de esa tal Psique, me acerque a ella, obviamente ella no podía verme, prepare mi arco y mi flecha
-¿Quien esta ahí?-
Pregunto ella, se enderezo y volteo hacia a mi, imposible no podía verme, el tiempo se congelo, sus ojos eran hermosos aun cubiertos de lagrimas, unos labios carnosos deseados por besar, su cara era divina, podía entender porque los mortales la comparaban con mi madre.
Con dolor se enderezo, se puso de pie y camino hasta quedar frente a mi, podía sentir el calor que emanaba de su hermosa piel color oliva, sus ojos del verde como el campo que sale al regreso de Persephone, su melena cobriza rizada arreglada con las baratijas que usan los mortales, le acaricie el rostro y ella dio un respingo, ella podía sentirme, salí lo más rápido que pude pero ella venia atrás de mi
-¿Quien anda ahí?-
volvió a decir, siguió avanzando tanto que la punta de mi flecha divina la pincho, lo que hizo que pudiera verme, abrió de golpe los ojos y de la impresión de desvaneció, la tome en brazos y la recosté en su cama, de mi brazo había hilos de sangre, era de las heridas que le hizo su padre.
Me hinque y con mi poder divino la cura, menos mal no eran heridas graves, sino tendría que recurrir a otro dios y eso no seria la mejor idea, la gire con cuidado y me senté a su lado, me quede contemplándola, comenzó a recobrar el sentido, levanto su delicada mano alcanzando mi rostro y acunándolo
-Que hermoso...-
Volvió a perder el conocimiento su mano cayo sin fuerza y me quede ahí, con esas simples palabras me encadeno a su existencia